El Yoga de los Sueños en el Budismo Tibetano

En el budismo tibetano, los sueños están clasificados en lo que se denomina, El Yoga de los Sueños.

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En este credo los sueños son considerados otra realidad tan válida como la vigilia y a través de enseñanzas y prácticas el adepto tendrá que ir siguiendo enseñanzas teóricas y ejercicios para aprender a reconocer y dominar esta otra realidad.

En el estado de vigilia como en los sueños, habrá que seguir un largo camino de aprendizaje para liberarse del sufrimiento o “samsara”. El sufrimiento puede ser en la vida despierta o en los sueños.

El yoga de los sueños cree que se puede vivir en ilusión como en una etapa de sueño e ilusión constantemente o bien se puede despertar, a la realidad.

Para los budistas, sus lamas, y millones de seguidores en todo el mundo, ha sido y es un privilegio practicar el yoga de los sueños. El budismo tibetano considera el yoga de los sueños una vía maravillosa para conocerse a sí mismo y por ende a los demás.

El yoga de los sueños enseña a través de sus prácticas a mantenerse despierto durante el tiempo que se está soñando, y hacer en el sueño, lo que nos gustaría hacer en la vigilia, y esto lleva vivir y amar la vida más intensamente.

Por otra parte, como el budismo, cree en la reencarnación, postula que además de manejar los sueños con voluntad o con la conciencia, la persona se está preparando para la liberación, cuando llegue al “bardo, estadio intermedio entre la muerte del cuerpo físico y la próxima reencarnación.
Para los budistas, la mayoría de las personas, vivimos en “samsara” o sufrimientos de toda índole. A veces pensamos que algo nos hace falta para ser felices, tal vez una casa nueva, otra pareja, tener más dinero, ser más alto, más bajo, vivir, en otro país, ciudad, barrio y un amplio etcétera de anhelos incumplidos.

Sin embargo, como todo esto es considerado un producto de nuestra mente se puede modificar.

Según el budismo tibetano estamos inmersos y guiados por el “karma”, esto significa la ley de causa y efecto.

O bien, nuestras acciones, nuestro comportamiento en alguna etapa de nuestra vida tendrá una consecuencia, el hoy, aquí y ahora en nuestra vida.

El karma podrá ser negativo o positivo. Por ejemplo, si alguien nos ha herido, en vez de pensar en vengarnos de esa persona, sentimos compasión, transformamos el karma negativo en positivo.
El budismo tibetano, tiene clasificados tres tipos de sueños; sueños ordinarios, sueños de claridad y sueños de luz clara. En los dos primeros, la persona podrá estar lúcida. El significado de un sueño cuando es de”samsara”, va a depender de su interpretación.

En los sueños de claridad, hay más conciencia de lo que se está soñando y todos los detalles son recordados con más nitidez. Los sueños de claridad son considerados más auténticos que los sueños “samsaricos”, serían el equivalente a los sueños simbólicos en psicología.

Así mismo en los sueños de luz clara no existe una definición del contenido del sueño mismo, ni tampoco un yo o “ego” en contrapunto con el contenido. Sin embargo al estar soñando en este estado de luz clara, no existen conflictos ni problemas.

El yoga de los sueños en el budismo tibetano sugiere entre innumerables enseñanzas, sugiere la práctica diaria de la meditación. Con la meditación se calma la mente y se llega a obtener un estado de quietud y bienestar físico.

Es importante mencionar, que aún en la actualidad, los médicos tibetanos utilizan los sueños, como un método de diagnóstico para enfermedades.

En resumen el yoga de los sueños es un enfoque diferente tan válida como las otras para definir, practicar y vivir mejor con nuestros procesos oníricos.

Fuente: ceoniric.cl

Parte de la humanidad está ascendiendo a quinta dimensión

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Estamos pasando por un período turbulento en términos de vibración planetaria. Desde hace un año, esto se viene acentuando cada vez más intensamente. Hay personas que sienten la energía tanto a nivel positivo como a nivel negativo.

Las sensaciones que pueden sentir estas personas, pueden ser por ejemplo náuseas, malestar físico, y que toda la comida le siente mal, sentirse pesado y con mal cuerpo en general.

De hecho, nos estamos preparando para un inminente cambio de energía a nivel planetario, el cual está llegando poco a poco. Muchos lo irán sintiendo a lo largo de estos dos próximos años, así que si eres de los poquitos que sienten estas sensaciones, debes de considerarte privilegiado.

Lo digo porque tu sensibilidad está aumentando, y según la ciencia cuántica, las personas que están a este nivel, están trabajando a nivel inconsciente para entrar en el tercio de la humanidad que va a ascender a la quinta dimensión, es decir, que serás capaz de continuar tu vida presente y las vidas de futuras encarnaciones en el planeta tierra que está por venir.

La nueva tierra, en ella viviremos un período de una gran cantidad de luz, pues la vibración está cambiando, y esto para los que están puestos al día no es nada nuevo, se dice que en la nueva tierra la vida en este planeta ya no será un mundo lleno de pruebas y de expiación como en el que estamos ahora, y se convertirá en un mundo de regeneración.

No habrá más dolor ni sufrimiento, en un futuro próximo, todo será más liviano. El agua y la luz solar serán la base energética del nuevo ser humano.

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Tendremos una sensación de aparente saciedad, que nos hará comer sólo lo necesario. El motivo del cambio vibracional, no es otro que hacer a la humanidad darse cuenta de que la vida es mucho más que el dolor y el sufrimiento. Todo está aun por llegar y lo mejor está por venir…

 

Cómo perdemos nuestra energía y cómo evitarlo

La energía tiene muy diferentes formas de manifestarse, pues todo es energía, estamos unidos e inmersos en una especie de mar de energía que todo lo impregna. Realmente, no hay más que un simple y al mismo tiempo complejo sistema atómico, donde un número infinito de partículas vibran a distintas frecuencias, dando lugar a diferentes tipos de energía y sus manifestaciones. Si tuviéramos unas gafas de visión subatómica, observaríamos que todo lo que existe no es más que esto: átomos con su núcleo, sus neutrones y electrones, sus protones y neutrinos, fotones, quarks, gluones, materia, antimateria y demás, vibrando a distintas velocidades y con una determinada longitud de onda. Es como una gran danza cósmica.

Somos energía, tan solo un conjunto de células, moléculas, átomos y partículas elementales (ondas cuánticas). Todo es energía y vibración. Existimos en un microcosmos dentro de un macrocosmos, que forma parte de ese universo pentadimensional, donde el tiempo es un eterno presente. Tan solo conocemos un 10% del Universo, el 90% restante es totalmente desconocido.

Es frecuente oír hablar de energías “positivas” o energías “negativas”. En textso anteriores, nos hemos referido a las energías que circulan en el cuerpo humano, pero existe un complejo sistema energético en nuestro mundo, generado por la intensa actividad mental de nuestros pensamientos y emociones, así como por las diversas formas de manifestación de la energía que se extiende por todo el planeta y su estructura energética, que nos afecta aquí y ahora, de cuya aparición y calidad somos directamente responsables. Es de estos subtipos de energías y entidades parásitas que tanto nos afectan, de las que vamos a hablar.

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Cómo perdemos energía

Constantemente sufrimos pérdidas de energía. Nuestra vida entera, no es más que un constante proceso de relación con el medio ambiente que nos rodea y con otras personas. En este proceso, todo se mueve en torno a una especie de comercio energético, mediante el cual obtenemos y cedemos energía en forma de pensamientos y emociones, que influyen notablemente en nuestra calidad de vida.

Dentro de los límites aceptables de este juego, se establece un equilibrio de dar y recibir, pero sucede a menudo que nos enfrentamos a situaciones que nos desgastan mucho y nos dejan realmente agotados: desde el trato con personas, al mero hecho de estar muchas horas sometidos a un ambiente energéticamente hostil, el estrés, los enfados, el miedo, junto a las diversas agresiones energéticas a las que estamos expuestos, tienen como resultado una importante pérdida de energía. Es interesante saber al menos, que siempre que perdemos energía es porque nosotros mismos damos permiso para que esto suceda.

 

De todas formas, si mantenemos un elevado nivel de conexión con la energía, tenemos una estructura energética sana e íntegra, llevamos una vida armoniosa, basada en una filosofía personal de vida fundamentada en el amor, el respeto y los valores tradicionales, aunque perdamos energía, al mismo tiempo la vamos reponiendo.

Perdemos energía en la consulta terapéutica: el efecto Burnout.
En los centros de trabajo, especialmente en los consultorios terapéuticos o en oficinas donde hay equipos de trabajo muy integrados, sucede frecuentemente que los terapeutas padecen los mismos síntomas que sus pacientes. Este fenómeno se conoce como el “síndrome de burnout”.

Perdemos energía en determinados lugares.

Existen lugares con una elevada carga de energía negativa. Por ejemplo, los centros comerciales habituales, donde se acumula la energía generada por los pensamientos y emociones de miles de personas estresadas.

Perdemos nuestra energía a través del sexo.

Las relaciones sexuales son una fuente ilimitada de obtener energía o bien de perderla. Deberíamos aprender algunas nociones básicas sobre la energía sexual y su uso, antes de mantener relaciones indiscriminadas. Como norma general, se sabe que el hombre pierde la energía al eyacular y la mujer, durante el período.

Perdemos energía buscando Amor.

Esto suele ser tan frecuente como doloroso. Se da en muchos matrimonios. Uno de los cónyuges sufre y se somete a toda clase de humillaciones y malos tratos, perdiendo así su energía, solo para obtener un poquito de Amor.

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Perdemos energía ante determinadas personas, cuya sola presencia nos debilita.

Muchas personas son expertas manipuladoras y controladoras, siempre están diciendo a los demás lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo. Esto lo hacen por ejemplo, usando el típico papel del “pobre de mí”. Otro tipo de personas manipuladoras, se da en los falsos maestros, personas que se envuelven de un aura de misterio, haciendo creer a los demás, que tienen algún tipo de conexión divina o de “poder”, con lo que son capaces de influir fuertemente en los demás, para manejarlos a su antojo, satisfaciendo así su ego y obteniendo beneficios a cambio. Existen personas que son auténticos esclavos, con la voluntad mermada cuya única misión, es servir y cumplir las instrucciones dadas por la persona a la que sirve.

A este respecto, una de las cosas que debemos aprender, es a relacionarnos con personas que nos aporten cosas buenas, y alejarnos de las personas que no solo no nos aportan nada bueno, sino que encima, se aprovechan de nosotros.

Perdemos energía cuando tenemos miedo o nos sentimos inferiores a los demás.

La influencia de personas importantes en nuestras vidas, como son los padres, un amigo o un familiar a quien no podemos contradecir, hasta el punto de que controla nuestras vidas a su antojo, hace que ante su presencia, nos sintamos débiles e indefensos. También cuando tenemos miedo y nos sentimos inseguros.

Perdemos energía a través de Internet.

La aparentemente inofensiva pantalla, la más moderna y actual forma de comunicarnos, es también una de las más novedosas maneras de perder nuestra energía. Al contactar mediante un chat con cualquier persona, automáticamente se establecen esos lazos de comunicación energética que unen, a través de los chakras, a ambos interlocutores. De ésta manera, se intercambia información en forma de energía, que puede tener consecuencias nefastas para el débil.

Perdemos energía con el estrés y los excesos.

El exceso de actividad física, mental y emocional, la vida desordenada, el no respetar las horas de descanso necesarias, el trabajo excesivo, las discusiones constantes y factores similares, generan altos niveles de estrés que tienen como consecuencia un gran desgaste de la energía, que nos deja totalmente agotados y pueden provocar la enfermedad.

Ley de atracción y repulsión

Lo similar atrae a lo similar y rechaza a lo opuesto. Esto es así de sencillo. La energía tiene diferentes niveles de vibración y según este principio, la energía tiende a atraer a energía de su mismo nivel vibracional.

Cuando sentimos mucha rabia en nuestro interior y la proyectamos sobre alguien, normalmente esa persona reaccionará también enfureciéndose y respondiendo a nuestra rabia de forma hostil. Como consecuencia, la rabia de los dos se multiplica y los dos sufren mucho más. Sin embargo, si le proyectamos nuestra rabia a una persona y ésta nos devuelve una sonrisa, sin verse afectada por el ataque, nosotros posiblemente nos enrabiaremos aún más, pero la persona seguirá tranquila y feliz.

Esto sucede porque generalmente, todos tenemos sentimientos hostiles en nuestro interior y al recibir una descarga de energía emocional o mental del mismo tipo, nuestros sentimientos reaccionan ante la visita de una vibración similar, manifestándose y haciéndonos sentir de nuevo su fuerza.

Al contrario, si recibimos una descarga de una energía determinada que no se encuentra en nuestro interior, simplemente no la admitimos ni la dejamos entrar a través de los chakras y el aura, así que no nos puede afectar.

Si apostamos nuestra vida por el Amor y la Armonía, generaremos un bonito y luminoso espacio y eso será lo que atraeremos a nuestra vida. Pero para eso se requiere pasar un proceso de sanación y crecimiento personal, un poquito de disciplina y seguir algunos principios como los que nos enseñan las doctrinas budistas: Rectitud de Pensamiento. Rectitud de Palabra. Rectitud de Acción.

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Formas mentales de la energía y entidades de pensamiento

Sabemos que todo es energía. Sabemos también que nuestro cerebro es una máquina dotada de la capacidad de enviar y recibir energía. Hemos visto como los pensamientos y las emociones proyectadas desde nuestra mente, se manifiestan de forma sutil, pero pueden tener poderosas consecuencias. Vivimos inmersos en un mar de energía, lleno de Formas Mentales de Energía, Entidades de Pensamiento y diversas criaturas elementales que nos afectan e influyen constantemente.

Una Forma Mental de Energía – FME, no es más que una conjunción de pensamientos y emociones que flotan e impregnan el aura de su creador y su entorno. La fuerza generada en nuestra mente como pensamientos y emociones se puede enviar a través de nuestro sistema de chakras y aura hacia cualquier lugar y persona, de tal manera que si generamos pensamientos positivos, enviamos energía positiva y al revés.

El simple hecho de pensar y sentir, genera y crea estas FME, cada persona está rodeada de una cantidad indeterminada de FME, cuya calidad depende del tipo de vibración que esa persona genera. Si es una persona amorosa y feliz, estará rodeada de FME que expandirán el amor y la felicidad a su alrededor, haciendo que los lugares y las personas que se acerquen a ella se sientan bien, felices y en armonía. Lo mismo sucederá pero con otro tipo de energía, si esa persona está triste o es agresiva.

Contaminación energética

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Áreas de contaminación energética.

Las Áreas de Contaminación Energética, afectan y alteran la estructura energética del lugar y de sus habitantes, afectando sus cuerpos sutiles, sobre todo el etérico, el mental, el emocional y el espiritual. Un Área está formada por la calidad de los pensamientos y emociones generados por la mente de las personas y otras entidades. Son una especie de FME sin un propósito específico, es como cuando vivimos cerca de una fábrica que expulsa sus desechos al aire, en nuestro barrio siempre huele mal.

Estos campos de contaminación energética, atraen a su vez a muchas formas de energía elemental, parásitos y garrapatas de energía, seres simples que habitan en el bajo astral y que incluso pueden adoptar formas diversas, según los pensamientos que se encuentren flotando en el lugar.

Contaminación en la consulta, situada en el propio domicilio.

Muchos terapeutas, tienen la consulta en su propio domicilio. Esto no es una buena idea, ya que los pacientes liberan toda su energía residual en la consulta y en muchas ocasiones, se produce una elevada concentración de negatividad que suele afectar a los habitantes de la casa y a otros pacientes.

Sabiendo esto, es de crucial importancia establecer dispositivos de limpieza regular en nuestros espacios vitales, nuestro hogar, la consulta o en el trabajo. Con un poco de práctica y constancia, iremos creando en nuestros espacios una hermosa Área de Influencia, que expandirá la energía del Amor, la Armonía y la Sanación, de tal manera que podamos sentirnos bien y las personas que vengan a nuestro hogar se sientan igualmente bien.

Extracto de: spiritual-detox.blogspot.com

Fuente: https://compartiendoluzconsol.wordpress.com

 

El apego espiritual: cuando una entidad se adhiere a nuestro ser

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Quienes están versados en el esoterismo y el mundo espiritual, son conocedores desde hace mucho tiempo del fenómeno llamado apego espiritual. Este fenómeno lo protagonizan entidades que se adhieren a nuestro cuerpo físico durante un tiempo indeterminado. Pero sólo ahora se ha convirtiendo en el centro de atención, debido principalmente al aumento de extraños comportamientos en las personas, que en muchos casos parecen cambiar su forma de ser por completo.

Esto ocurre cuando una persona convive con la energía de un espíritu de una persona o entidad ya fallecida. En ciertos casos, los espíritus se han unido a las personas para ayudarlas, ofreciéndoles un inexplicable talento para la música, pintura, el dibujo o la escritura. Sin embargo, en la mayoría de los casos pueden convertirse en la peor de las pesadillas, incluso pudiendo dañar la salud física y mental.

¿Por qué los espíritus quieren adherirse a nosotros?

Puede haber muchas razones por las que se produce una unión espiritual, pero generalmente muchos espíritus intentan buscar el consuelo, volviendo a vivir algunos de los aspectos físicos de la vida que un día tuvieron. Otros están confusos y no se dan cuenta que están muertos y quieren estar cerca de una persona viva. En este caso, simplemente desean ponerse en contacto con los vivos en busca de ayuda, sin ninguna intención de hacer daño a la persona a la que se ha unido.

Otros espíritus y entidades buscan deliberadamente la energía de las personas viva. Estas entidades pueden tener diferentes nombres, pero básicamente se alimentan de la energía emitida por las personas en el mundo físico. Estos espíritus son conocidos como parásitos astrales, ya que “roban” enormes recursos de una persona viva y drenan su energía.

Médiums y psíquicos son posiblemente las personas más expuestas a este fenómeno, ya que son canales a otras dimensiones. Pero aquellos que practican determinadas actividades ocultistas o espirituales podrían ser también propensos a una adhesión por parte de espíritus. Como hemos comentado en otras ocasiones, “juegos” como la ouija son portales que se abren y permiten la entrada de ciertas entidades a través de ellos, con el único objetivo de causar un daño irreparable a sus víctimas.

Tampoco nos debemos olvidar de las personas que tienen problemas emocionales o de salud, ya que su protección natural energética se reduce. Personas con un historial de abuso de drogas o alcohol se encuentran constantemente en riesgo de adhesión espiritual. Las drogas y el consumo excesivo de alcohol no sólo disminuyen el aura natural del cuerpo, sino que también causan brechas en su escudo protector y en la propia psique de la persona. Muchos expertos creen que las alucinaciones causadas por las drogas o el alcohol pueden ser en realidad contagios de espíritus del más bajo astral.

Tipos de entidades que pueden adherirse a una persona

Los espíritus humanos son aquellos que quedaron atrapados o bien optaron por permanecer cerca de la dimensión física. En algunos casos se quedan cerca de este plano debido a experiencias traumáticas o muertes violentas y/o imprevistas;  pero en otros casos, son espíritus negativos que decidieron quedarse en el plano terrestre, aparentemente causando el miedo entre los vivos. Estos espíritus no son entidades demoníacas; sin embargo, pueden llegar a ser muy peligrosos y la adhesión de una de estas entidades podría causar un daño en nuestras vidas.

Las entidades no humanas son energías que no han llegado a encarnarse en el reino físico. Algunos son benignos, otros extraños y desconocidos, pero no necesariamente negativos. Las formas más comunes o los nombres frecuentes para este tipo de entidades no  humanas  son “sombras”, “gente de las sombras”, “entes oscuros”, “larvas”, “bajos astrales”, etcétera.

Los elementales son seres espirituales que en ocasiones se confunden injustamente con otras entidades. Desafortunadamente, los elementales son atraídos con frecuencia por los campos de energía humana. En su forma original, los elementales no son negativos. Sin embargo, si son invocados en prácticas ocultas negativas, pueden llegar a transformar su propia energía en negativa. Además, en los lugares donde la gente ha cometido actos de violencia extrema, los seres elementales pueden absorber estas energías. Lamentablemente, muchos elementales terminan en los planos astrales inferiores debido a que son corrompidos  por la energía más negativa de los seres humanos. Así que, básicamente, cualquier ritual positivo u oración para liberar a una persona de un elemental también ayudará a este ser espiritual.

Hay varios niveles de apego espiritual que una persona puede experimentar. El primero comienza con la simple presencia del espíritu. Algunas personas aseguran tener la sensación de no estar solos, como si fueran seguidos y vigilados por una presencia invisible. En este nivel también pueden producirse fenómenos paranormales tales como extraños golpes, misteriosas voces y otros sonidos inexplicables. Hay casos donde las personas han informado ver una niebla o nube negra amenazante cerca o por encima de ellos.

En el siguiente nivel, el contagio del espíritu comienza a ser más intenso. En estos casos, las personas pueden sentir cambios de humor irracionales, depresión y sentimientos de ansiedad. En las etapas finales, el espíritu se adhiere a su víctima, causándole pesadillas frecuentes y dolor en las articulaciones, entre otros varios síntomas.

Llegados a este punto, es importante recordar que antes de pensar que alguien ha  sido víctima de una adhesión o contagio espiritual, es necesario descartar cualquier problema médico. Una vez que estemos seguros de que podemos ser víctimas de este fenómeno, lo primero que debemos hacer para la protección es empezar con buena salud. Un cuerpo sano, una mente sana y equilibrada son las bases sólidas de cualquier defensa. La razón principal es que los espíritus negativos tienen una tasa de vibración baja, pero la energía positiva y saludable vibra mucho más alto.

Y cuando un espíritu se ha adherido ya a una persona, es importante que ésta sea tratada por profesionales cualificados, ya que su vida podría estar en peligro. Hay que recordar que la adhesión espiritual no tiene nada que ver con las posesiones demoníacas. Son dos temáticas completamente distintas.

Fuente: eltemplodelaluzinterior.com

Samsara: La Rueda de la Vida

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El Samsara es este mundo lleno de dolor y tristeza tal como lo conocemos. Todos los seres de este mundo están sujetos a la ley del karma. Karma significa acto volitivo, es decir, algo que uno hace, dice o piensa y que de hecho está bajo su control. Todos los actos de este tipo tienen consecuencias morales llamadas vipaka, que significa fruto. En el Budismo tradicional, estas consecuencias pueden ocurrir en esta vida o en una vida futura.

La mayoría de los Budistas creen en el renacimiento. Para muchos, el renacimiento no es diferente de la creencia de los Hinduistas, por ejemplo, en la reencarnación o en la transmigración de las almas (pasar del viejo cuerpo que muere a uno que acaba de nacer o de ser concebido). Con un poco más de precisión, sin embargo, el renacimiento no es más que la transmisión del propio karma. Buda lo comparaba con la llama que pasa de una vela a otra. Así pues, la idea de un alma inmortal, de una personalidad continua, no es de ningún modo una parte del concepto del renacimiento.

El renacimiento y otros conceptos similares no forman parte de la mayoría de las culturas occidentales, así que muchos budistas occidentales y algunos budistas de oriente, toman el renacimiento como una metáfora, más que literalmente. El Budismo nunca ha sido una religión anclada en lo literal, así que esto no es ningún tabú. De hecho, Buda evita a menudo discutir la realidad de una u otra idea metafísica como irrelevante para la práctica del Dharma.

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La imagen que acompaña esta nota es la Rueda de la Vida tibetana, que representa el Samsara. En el centro, hay un gallo cazando a un cerdo que caza a su vez a una serpiente que trata de cazar al gallo, es decir, el deseo, el odio y la ignorancia. Alrededor de ellos hay personas ascendiendo el semicírculo blanco de la vida, junto a otras que descienden el semicírculo negro de la muerte. La mayor parte de la Rueda está dedicada a la representación de seis reinos: el reino de los dioses, el reino de los titanes, el reino de los humanos, el reino de los animales, el reino de las almas en pena y el reino de los demonios, cada reino presidido por su propio boddhisattva. La parte más exterior del círculo la componen los doce pasos del origen dependiente. La Rueda al completo está sujetada por Yama, el Señor de la Muerte.

Dr. C. George Boeree
Shippensburg University

Fuente: compartiendoluzconsol.wordpress.com

Sincronicidad: la ciencia detrás de las casualidades significativas

Algunas claves sobre la sincronicidad o las casualidades significativas

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Todos hemos experimentado coincidencias de hechos a los cuales no les solemos dar más importancia que la de una llamativa curiosidad. Estamos pensando en alguien y, justo en ese momento, recibimos una llamada suya; nos acordamos de una persona que hace mucho tiempo no tenemos en mente y nos la encontramos luego en la calle, o bien suena una canción en la radio que está muy relacionada con algo que sucede en ese justo momento. Algunas personas narran experiencias que nos pueden parecer aún más asombrosas, como soñar con hechos que luego suceden o percibir en la distancia un accidente o la muerte de alguien cercano.

Desde una perspectiva eminentemente racional, estos hechos son una cuestión de azar, casualidades a las que no hay que prestar más importancia de la que tienen. Por su parte, los hechos extraordinarios son considerados invenciones de personas que quieren llamar a la atención o interpretaciones erróneas de hechos objetivos.

Sin embargo, el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung vio, en las casualidades de hechos altamente improbables, la expresión de un fenómeno que merecía ser estudiado con rigurosidad. En este sentido acuñó el término sincronicidad, al que definió como la presentación simultánea de dos hechos que no se encuentran vinculados por una relación de causa y efecto, sino por su significado.

¿En qué consiste la sincronicidad según Jung?

El desarrollo del concepto de sincronicidad surge a partir de la colaboración entre Carl Gustav Jung y Wolfgang Pauli, un premio nobel de física y uno de los padres de la mecánica cuántica. Es por tanto un concepto en el que confluyen planteamientos de la física y la psicología. La colaboración de estos autores se vio plasmada en 1952 con la publicación del libro conjunto Sincronicidad como principio de conexiones acausales. En dicho libro se plantea la sincronicidad como un elemento clave para la comprensión de la relación entre la psique y la materia.

Jung describe tres categorías de sincronicidad: en la primera se presenta la coincidencia entre un contenido mental (pensamiento, sentimiento, un sueño) y un acontecimiento externo (se recibe una llamada de alguien en la que se estaba pensando). La segunda es la coincidencia entre una visión interna y un suceso que sucede lejos de allí (soñar con un accidente o la muerte de una persona que sucede en la realidad). La tercera consiste en tener una imagen de algo que posteriormente acontece en el futuro. Se resalta que las imágenes en las que se basa la sincronicidad no necesariamente se presentan de manera literal sino que pueden manifestarse de manera simbólica.

El pensamiento racional no acoge este tipo de fenómenos, así que a la hora de desarrollar el concepto de sincronicidad, Jung recurre a lo que se suele denominar como pensamiento oriental. Este tipo de pensamiento se encuentra relacionado a lo que usualmente nos referimos cuando hablamos de intuición.

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Pensamiento occidental vs pensamiento oriental

El pensamiento racional, mecanicista y materialista en el que se sustenta la visión de mundo occidental desde la ilustración, y que es la base de nuestras creencias, presupone la linealidad del tiempo y la causalidad de los fenómenos.

Desde este paradigma, la ciencia se cuestiona la causa de los fenómenos con la intención de controlar y predecir acontecimientos. En su metodología es esencial construir modelos y abstracciones basadas en generalidades estadísticas. Los casos aislados, los que se salen de la norma, como es el caso de las sincronicidades, son inaprensibles a partir de una aproximación estadística, por lo tanto no son contemplados por la ciencia, ni por nuestro sistema de creencias construido bajo la misma lógica e influencia.

Sin embargo este no ha sido el modo de pensar predominante en la historia de la humanidad, ni lo es aún hoy en diversos contextos culturales. Jung consideraba que la sincronicidad era un fenómeno coherente con cosmovisiones orientales, como la china de donde emergió el taoísmo o las cosmovisiones de la india milenaria, las cuales poseen una concepción del tiempo y el espacio distinta a la nuestra.

El pensamiento oriental, en el que también es necesario incluir muchas de las cosmovisiones indígenas, considera que todos los elementos del universo se encuentran vinculados formando una unidad. La realidad concreta, es decir, lo que observamos, se considera como una manifestación ilusoria de un principio subyacente. Cada elemento del universo es considerado como un reflejo de algo superior que lo engloba. El universo es visto como un gran organismo en el que cada elemento que lo compone se encuentra intrínsecamente interrelacionado y a la vez es un espejo de este. El individuo es pues considerado como un microcosmos que refleja la dinámica del macrocosmos, del universo entero.

Desde la lógica de un universo visto como una totalidad, compuesta por elementos interdependientes, funcionando bajo el influjo de un principio subyacente, al suceder un acontecimiento el cuestionamiento natural no sería sobre su origen o causa, como lo solemos hacer nosotros, sino acerca de qué otros acontecimientos pueden ocurrir de manera simultánea.

Desde la perspectiva oriental se entiende que cada momento en el universo posee una cualidad particular, con la que resuenan todos los elementos de manera sincrónica. Este tipo de lógica sería el sustento de la astrología o de los oráculos. En el momento del nacimiento de un individuo, los astros se encuentran en determinada posición y simbólicamente hay un registro de ello en cada persona, que se ve condicionada por ello.

De la misma manera, al consultar un oráculo, las cartas tarot, las señales del caparazón de la tortuga etc., no se presentan de manera aleatoria, sino que se corresponden al momento y situación particular de la que emerge el cuestionamiento; y por esta relación se le puede otorgar un significado simbólico a cada uno de estos hechos. En este esquema, la sincronicidad sería ese fenómeno que permitiría entender ese nexo entre el cuestionamiento del consultante y la composición de los elementos del oráculo.

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La dimensión simbólica en la sincronicidad

Jung resalta cómo en el pensamiento oriental se les otorga a los números, además de su función cuantitativa, una dimensión cualitativa y simbólica. Para ejemplificar lo anterior, narra un corto cuento de la tradición china sobre la historia de un reino que tenía que decidirse por entrar o no entrar en guerra. Como no había consenso, el consejo de sabios realizó una votación; el resultado fue 3 votos a favor y 5 en contra. Sin embargo, el rey decidió entrar en guerra porque el 3 era el número de la unanimidad. Los números, al igual que la sincronicidad, son considerados como intermediarios entre el mundo cotidiano y el espiritual.

La concepción de que existe un principio unificador en el universo, una extraña fuerza que es origen y motor de todo, y que brinda armonía y estructura en el caos, ha estado presente en diversas filosofías y cosmovisiones. A este principio unificador se le ha llamado Tao, Logos, Sentido y con características similares es el fundamento de las principales religiones orientales como el Taoísmo, el Budismo, Hinduismo, el Zen. A pesar de que se le ha dado diferentes nombres, todas estas descripciones sostienen que la realidad, es decir, los elementos concretos y observables, así como nuestras abstracciones duales, son la manifestación externa del Uno. La historia del universo y de la humanidad sería un despliegue de los diferentes aspectos de este principio unificador.

Se considera también que los diferentes ciclos y ritmos presentes en la naturaleza son expresión de este principio subyacente. Para el pensamiento oriental el tiempo no transcurre de manera lineal sino circular, la imagen del espiral, como la de la concha del caracol. Así, se ha considerado que el tiempo es como una expresión de los ciclos eternos de nacimiento, muerte y regeneración. Estos ciclos están presentes en la naturaleza, en la historia de los pueblos y en los individuos.

Muchos de los modelos y concepciones del misticismo oriental que han acompañado a la humanidad por miles de años, comenzaron a tener resonancias y paralelismos con las descripciones sobre la composición y dinámica de la materia, brindadas por los físicos precursores de la mecánica cuántica hacia 1920. Jung se percató de aquellos paralelismos y lo vio como una oportunidad para darle solidez argumental a sus observaciones e intuiciones sobre la sincronicidad. Por ello, decidió ahondar en aquellos estudios, intercambiando correspondencia, ideas y hallazgos con varios de los físicos precursores de la mecánica cuántica, entre ellos Albert Einstein y Wolfang Pauli.

Física cuántica, pensamiento oriental y sincronicidad

La mecánica cuántica es aquella rama de la física que se encarga de describir el comportamiento de las partículas subatómicas, es decir, de las partes más pequeñas de las que está compuesto el universo.

Un desconcierto similar al que podemos vivir cuando experimentamos una poderosa sincronicidad, es decir, que se tambalea nuestro punto de vista racional y estructurado, fue lo que vivieron los físicos a principios del siglo pasado, cuando empezaron a descubrir la extraña, o incluso mágica manera, en la que se comporta la materia subatómica.

El mismísimo Albert Einstein, que con su teoría de la relatividad revolucionó la ciencia y fue precursor de la física cuántica, se dedicó los últimos 20 años de su vida a procurar evidenciar las inconsistencias de la teoría cuántica, ya que le parecía increíble que el mundo funcionara de manera tan singular. Los estudios posteriores demostraron que, a nivel subatómico, el mundo se comporta en gran parte de un modo impredecible y paradójico, cuestionando de manera contundente nuestro sentido común.

Experimentalmente se ha verificado que si se afecta a alguna de las partículas la otra se ve alterada de manera sincrónica. Si como al parecer todos los elementos que componen en el universo, incluyéndonos, son consecuencia de una gran explosión de una masa densísima, se puede inferir que a nivel subatómico continuamos manteniendo un vínculo con el universo entero.

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Similitudes con el pensamiento oriental

La relación entre física cuántica y la cosmología oriental es un tema complejo y controvertido.

Es suficientemente conocido que las partículas subatómicas se pueden comportar en ocasiones como ondas y en otras como partículas. Quizás lo más sorprendente para nuestra mentalidad cartesiana son los resultados experimentales en los que se evidencia que un átomo puede estar y no estar en un lugar, o estar en dos lugares a la vez. También, que puede girar en una dirección y a la vez en la contraria. Todo esto recuerda al mundo de misterio de la que nos hablan tanto Jung como los místicos al referirse el principio unificador y sus manifestaciones.

El físico David Bohm postula que en el universo funciona un orden implicado, subyacente al orden desplegado, reproduciendo las diferencias que hace el budismo entre el mundo ilusorio de maya y el principio unificador. Los físicos describen también que una gran parte de la constitución de la materia que observamos está vacía, siendo este uno de los aspectos a los que alude el Tao.

Sincronicidad, fractales y Unus Mundus

De manera espontánea, la naturaleza forma ciertas configuraciones geométricas que se encuentran presentes en la forma de las hojas, los espirales de los caracoles, en las cuevas, en la forma de los huesos, los huracanes. Esta especie de patrones de configuración, conocidos también como fractales, son considerados en ocasiones como manifestación en la materia, de este principio subyacente. Los fractales o las formas geométricas arquetípicas están presentes también en algunas obras de arte y en la arquitectura.

Las configuraciones arquetípicas además de ser consideradas una manifestación de la sincronicidad, es decir de un vínculo entre el mundo físico y psíquico, pueden ser un elemento que incide en el placer estético que generan tanto la naturaleza y el arte. No pocas personas han experimentado que la contemplación de la naturaleza, de una pintura, o una escultura, el escuchar cierta melodía le ha proporcionado algo más que un placer estético, y les ha brindado una súbita comprensión no racional de la interconexión de sí mismos con el resto de elementos del universos.

Este tipo de experiencias pueden considerarse también como una expresión de la sincronicidad, cuando nuestro mundo físico cotidiano se vincula por instantes con una realidad trascendente y misteriosa.

Jung recurre al término Unus Mundus del filósofo griego Heráclito para hacer referencia a este principio unificador que también se encuentra de alguna manera presente en su concepto de inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo se puede entender como aquella “alma del mundo” de la que emergen lo patrones simbólicos presentes en la mitologías de todos los pueblos, y que como los fractales, tienden a configurar, no formas sino modos de actuación típicas. Los llamados arquetipos del inconsciente colectivo. La sincronicidad para Jung pueden ser una manifestación de un arquetipo constelado, un modo en que el alma colectiva incide en nuestra vida, promoviendo alguna vivencia, alguna perspectiva.

Para Jung los fenómenos sincronísticos estaban relacionados con momentos de gran afectividad. Es por esto, afirma, que suelen presentarse en momentos de transición como muertes, enamoramiento, viajes, situaciones en la que estamos en contradicción en nosotros mismos o en una disyuntiva ante una decisión fundamental. También pueden ser catalizados por la afectividad exaltada en una psicoterapia, y en estados alterados de conciencia, generados por elementos naturales o químicos.

Algunas personas suelen ser más proclives a experimentar sincronicidades o a ser conscientes de ellas, pero en ocasiones se presentan en personas escépticas y predominantemente racionales, abriéndoles su perspectiva y sensibilidad a una dimensión simbólica de la vida.

Para Jung, las sincronicidades también podrían formar parte de la vida colectiva, como cuando los científicos sin mantener ningún intercambio de información realizan descubrimientos simultáneamente, siendo el caso más reconocido, la postulación casi en paralelo de la teoría de la evolución por parte Darwin y Wallace.

La sincronicidad y el “poder de la mente”: el hacedor de lluvia

El pensamiento positivo y las visualizaciones (a través de la imaginación) pueden llegar ser eficaces para la consecución de objetivos concretos en algunas personas. Sin embargo, ni la física cuántica ni la sincronicidad son en sí mismos argumentos científicos a favor de lo que se suele describir como “el poder de la mente para crear realidades”, “creer es crear” y cosas por el estilo, que guardan más relación con un pensamiento omnipotente infantil que con la ciencia. El poder de la oración y de las buenas energías, por su parte, todavía permanecen en el respetable terreno de las creencias y la Fe.

La física cuántica ha evidenciado la participación del sujeto en la realidad física observada a nivel micro físico, y una interacción del ámbito físico y psíquico, pero de esto no se desprende que esta incidencia pueda llegar a ser manipulada por parte de los sujetos para obtener manifestaciones en la realidad. En el ámbito de lo micro físico funciona la lógica cuántica, pero en nuestro mundo observable sigue funcionando la física newtoniana y las grandes dimensiones se conducen a través de la lógica de la relatividad de Einstein. Estas lógicas se encuentran relacionadas pero no son extrapolables. La física se encuentra aún en la búsqueda de una teoría unificada que integre y dé cuenta de los diferentes ámbitos.

Por su parte, la sincronicidad, así como el Tao, hace referencia a fenómenos complejos, paradójicos, imposibles de reducir a frases y recetas de manual de crecimiento personal. Se alejan en todo caso de las lógicas del control, dominio, emprendimiento y progreso con el que se suele relacionar las visualizaciones para la consecución de objetivos. La lógica de la sincronicidad es más cercana al dejar suceder, al resonar y fluir con este principio subyacente, y suele expresarse de una mejor manera a través de las imágenes poéticas y literarias.

La siguiente historia de la tradición china era la preferida de Jung para transmitir la esencia de la sincronicidad y el Tao.

El hacedor de lluvia

En cierto pueblo chino no había llovido durante varias semanas, por lo que se buscó a un hacedor de lluvia. Al llegar el anciano se fue directamente a la casa que habían preparado para él y se quedó allí sin realizar ninguna ceremonia hasta que al tercer día llegaron las lluvias. Al preguntársele que como lo había hecho, explicó que al llegar al pueblo, se había dado cuenta de la ausencia de un estado de armonía, de tal manera que los ciclos de la naturaleza no estaban funcionando de manera conveniente.

Como este estado de desarmonía lo había afectado también a él, se recluyó para reestablecer su equilibrio, y cuando este equilibrio se restableció de acuerdo al patrón natural, la lluvia cayó.

Referencias bibliográficas:

Bolen, Jean Shinoda. El Tao de la psicologi´a. Barcelona: Kairo´s, 2005.
Capra, Fritjof El Tao de la fi´sica. Ma´laga: Sirio, 1995.
Franz, Marie-Luise von Sobre adivinacio´n y sincronicidad: la psicologi´a de las casualidades significativas. Barcelona: Paido´s, 1999.
Jung, C. G. La interpretacio´n de la naturaleza y la psique: la sincronicidad como un principio de conexio´n acausal. Barcelona: Edicones Paido´s, 1991.
Peat, F. David. Sincronicidad: puente entre mente y materia. Barcelona: Kairo´s, 1989

 

Fuente: absolum.org

¿Por qué el silencio es tan importante para nuestro cerebro?

Florence Nightingale, una mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó: “El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno.

El silencio contribuye a regenerar el cerebro

“Nada fortifica tanto las almas como el silencio”. – Jacinto Benavente

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal.

En este sentido, un grupo de investigadores alemanes del Research Center for Regenerative Therapies Dresden han descubierto que el silencio tiene un impacto enorme en el cerebro. Estos científicos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.

Foto: Carlo Scherer
Además, constataron que esas nuevas células eran capaces de diferenciarse e integrarse en el sistema nervioso central para cumplir diferentes funciones. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información

Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes.

Básicamente, esa red funciona reclutando una serie de regiones del cerebro, que son las encargadas de seguir trabajando por debajo del nivel de la conciencia. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas.

reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.

“El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”. – Thomas Carlyle

El silencio es el mejor antídoto contra el estrés

Las ondas del sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído, los cuales transmiten el movimiento a la cóclea, donde esas vibraciones se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El problema radica en que nuestro cuerpo está programado para reaccionar de manera inmediata ante esas señales, incluso en medio de un sueño profundo. Por eso, el ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés.

Por eso, no es extraño que un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell haya descubierto que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol.

Los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. Foto: unsplash.com
Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que:

“tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.”

Por tanto, ahora ya lo sabes: disfruta del silencio. Tu cerebro, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

Fuente: muhimu.es

Budismo: Vivir y Morir con Dignidad por el maestro Chan Sheng Yen

@solitalo

"To have much learning, to be skillful in handicraft, well-trained in discipline, and to be of good speech -- this is the greatest blessing." ~ The Buddha <3 lis

La siguiente charla del maestro Sheng Yen fue traducida oralmente por Ming Yee Wang, transcrita por Eugenie Phan, y editada para su publicación por Ernest Heau.

¿Cómo podemos vivir y morir con dignidad? Esta pregunta puede ser hecha desde las perspectivas de la filosofía, la religión, la ciencia, la psicología y la medicina. No soy un experto en esas disciplinas pero me gustaría hacer algunas observaciones sobre vivir y morir con dignidad basadas en mi entendimiento del Dharma budista.

Transformando Nuestra Percepción de la Vida y la Muerte

Normalmente, las personas no pueden controlar las situaciones de la vida o hacer que las cosas sucedan de acuerdo a sus deseos. Muy a menudo, las personas piensan que no tienen a nadie en quien confiar, ningún lugar para encontrar seguridad, ningún sitio a donde recurrir en la vida. Estos son los sentimientos y situaciones en los que la mayoría de los seres sensibles se encuentran. Sin embargo, es posible cambiar esta percepción a otra que contenga un sentido de belleza y amor y afirmar que la vida tiene significado. En este proceso, uno puede también crecer y madurar. Esta es la actitud típica y apropiada hacia la vida desde el punto de vista budista.

Habiendo dicho esto, yo debería señalar que muchos budistas piensan que la vida es básicamente sufrimiento (una carga a soportar, especialmente en relación con el cuerpo). Lo que no entienden es que el logro de la iluminación, es decir, vivir una vida basada en la sabiduría, sólo es posible si uno tiene una forma humana. Sin un cuerpo con el cual practicar, sería imposible alcanzar la liberación y la budeidad. Hay un dicho budista que reza que una forma humana es muy difícil de obtener, pero al tenerla, es una gran oportunidad para escuchar el Dharma. Por lo tanto, alcanzar la sabiduría comienza con tener una forma humana. En este sentido, los budistas que mantienen una actitud negativa hacia la vida, malinterpretan el Dharma. Con un entendimiento adecuado del Dharma, uno tratará la vida como algo muy, muy valioso.

Desde otra perspectiva, algunos budistas podrían pensar que la mejor manera de alcanzar la budeidad es renaciendo en la Tierra Pura, el Paraíso Occidental del Buda Amitabha. Pero aunque la Tierra Pura sea un reino espiritual de felicidad, uno no podría alcanzar la budeidad si permaneciera allí. Para alcanzar la budeidad, uno debe adquirir una forma humana para poder generar los votos para practicar el camino del bodhisattva. Por esta razón, todo el proceso desde llegar a ser un ser sensible común y corriente hasta seguir el camino del bodhisasttva y finalmente alcanzar la budeidad, se lleva a cabo en el reino humano.

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La Vida y la Muerte No Están Separadas

Si pudiéramos ver que vivir y morir son procesos íntimamente relacionados, podremos aceptar que los dos son inseparables (si nacemos, moriremos: el uno está íntimamente conectado con el otro). En este sentido, el nacer podría no ser considerado como algo tan alegre, pero tampoco tiene por qué ser algo peligroso. Asimismo, la muerte no necesita tampoco ser considerada como algo triste o alegre. Todo depende de nuestra actitud. Si no aprecias la belleza de la vida, entonces vivir podría considerarse como algo lamentable. Algunas personas encuentran la vida alegre, pero si no hay dignidad, ¿qué hay en ella para ser feliz? Si no conoces el verdadero significado de la muerte, entonces será triste y depresiva cuando llegue. Pero una vez que comprendas que vivir y morir son partes innatas del mismo proceso, serás capaz de encontrar dignidad en la vida así como en la muerte.

¿Cómo podemos encontrar dignidad en nuestra vida?

Una manera de contestar a esta pregunta es mirando la vida desde estas tres perspectivas: el significado de la vida, el valor de la vida y el objetivo de la vida. Si puedes experimentar esto, encontrarás dignidad en tu vida. Cuando hablo del significado de la vida, me refiero a la razón por la cual continuamos viviendo. Desde el punto de vista budista, el significado de obtener una vida es tener la oportunidad de pagar nuestras deudas kármicas de nuestras vidas pasadas. El karma dice que las cosas que hacemos son causas que crearán consecuencias. Con esta vida podemos recibir y aceptar el apropiado castigo kármico de nuestras acciones en vidas anteriores. En cualquier vida presente o futura, debemos aceptar una determinada cantidad de castigo del karma pasado. También podemos usar esta vida para cumplir con los votos de práctica que hemos hecho en las vidas pasadas. En una vida previa, si hicimos ciertas promesas y votos, esto también forma parte de nuestro karma. Entonces, en esta vida tenemos una obligación, así como una oportunidad, para cumplir con aquellas promesas previas. De este modo y desde la perspectiva budista, el significado de la vida es recibir el castigo kármico y también cumplir con nuestros votos anteriores.

El valor de tu vida no está determinado por alguien que la examine y emita un juicio sobre ella; sino que se basa sólo en tus intenciones y acciones para con el cumpliendo de tus responsabilidades, y el ofrecerte a ti mismo a los seres sensibles. Es el esfuerzo, dentro de tus límites de tiempo y energía, para ser de utilidad para los demás. Aunque sepan o comprendan tu dedicación o no, el valor de tu vida está simplemente en este esfuerzo por ofrecerte. En la sociedad desempeñamos papeles (para ser una madre aceptas las responsabilidades de la maternidad. Lo mismo para cualquier otro papel que desempeñes). La responsabilidad significa hacer lo mejor que puedas en ese papel sin esperar recompensa alguna. Podemos también ofrecernos para el beneficio del medio ambiente natural. Todas estas actividades pertenecen al reino de beneficiarse a uno mismo y a los demás, en otras palabras, practicar el camino del bodhisattva.

Tener metas significa establecer una dirección a largo plazo para tu vida, incluyendo compartirla con los seres sensibles. Eso significa continuar haciendo votos y cumpliéndolos. Si establecemos estas metas, no sólo para esta vida sino también para las vidas futuras, ya sea nuestra vida larga o corta, viviremos con dignidad.

Como sucede con la valoración, la dignidad que te ha sido conferida por los demás no es necesariamente confiable o genuina. La única dignidad confiable es la que te otorgas a ti mismo por la forma en que conduces tu vida.

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La Vida y la Muerte Son Dos Caras de la Misma Moneda

Es de utilidad el entender la vida y la muerte como dos caras de la misma moneda, como aspectos de un proceso ilimitado en el espacio y en el tiempo. Viéndolo de esta manera, no hay razón para estar tan apegado a la vida o temerle tanto a la muerte. La vida y la muerte son, por un lado, nuestro derecho, y por el otro, nuestra responsabilidad. Mientras estemos vivos, aceptemos la vida y hagamos buen uso de ella; cuando nos llegue la muerte, aceptémosla y démosle la bienvenida. Les he dicho a las personas en su lecho de muerte: “No te limites solo esperar la muerte ni tengas miedo de ella. Mientras tengas un minuto más, un segundo más, usa ese tiempo para practicar”. No deberíamos ser reacios a la vida ni desear la muerte, pero cuando sea la hora de partir, apegarse a la vida no funcionará. Por supuesto, ¡esto es muy difícil de hacer!

Desde muy temprana edad, los niños deberían aprender que así como hay vida hay muerte. Enseñarles a estar conscientes de la muerte es mejor que protegerlos de ella, no asustarlos, sino ayudarles a comprender que para todas las cosas vivas, la muerte finalmente llegará. Sabiendo que la vida y la muerte son partes del mismo proceso, nos ofrece un punto de vista más sano de la vida. Estar mentalmente preparado para la eventual llegada de la muerte es beneficioso para el crecimiento de la sabiduría. Antes de convertirse en un buda iluminado, Siddhartha Gautama fue testigo de primera mano del proceso de la vida: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Ese conocimiento le inspiró a dedicar su vida a encontrar un camino para ayudar a la gente a aliviar su sufrimiento y alcanzar la liberación. De este modo, el camino budista comenzó con el Buda Shakyamuni enfrentándose a las realidades del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Su vida muestra que si apreciamos la vida como una oportunidad para crecer en sabiduría y ofrecernos a los demás, no hay necesidad de temerle a la muerte.

El Origen y el Destino de la Vida

Las religiones y las filosofías tienen puntos de vistas sobre de dónde proviene la vida y a dónde vamos después de la muerte. Algunas personas incluso intentan emplear poderes sobrenaturales para ver las vidas pasadas y futuras. Mientras el querer ver el pasado y el futuro son típicos esfuerzos humanos, los resultados no son tan confiables. Confucio dijo que la vida y la muerte dependen del destino, pero él no estaba tan claro acerca de lo que era el destino. A pesar de que no era un budista, el maestro Laozi dijo que tan pronto como uno nace, las causas de su muerte ya están en movimiento. Él también dijo: “Apenas nacido y entrando en la muerte”. Como filosofía es bastante buena. La idea de que la vida fue creada por Dios y que morimos porque Dios quiere que regresemos a Él es también buena, porque uno puede pensar que alguien está cuidando del proceso. Una de las diferencias radica en que la mayoría de las religiones no creen en las vidas pasadas y futuras. Como budista, sin embargo, pienso que el origen de mi vida se extiende sin límite hasta todas mis vidas previas, y mis vidas futuras continuarán hasta que alcance la budeidad. Ese es el punto de vista budista en relación con el origen y destino de la vida.

Los budistas creen que la vida proviene de un pasado sin comienzo. De esta manera, si sólo miráramos a esta vida, el momento de nuestro nacimiento no es el comienzo del proceso y el momento de nuestra muerte no es el fin del proceso (nuestra vida actual no es más que un segmento de un proceso ilimitado de vida). Usemos la analogía de un turista: Hoy él está en Nueva York; mañana no está en Nueva York porque se ha ido a Washington DC. Al día siguiente desaparece de Washington porque se ha ido a Chicago. De este modo, en cualquier ciudad específica (una vida en nuestra analogía), esta persona aparece por un periódo de tiempo y luego continúa su recorrido. Pero si miras su itinerario completo, todo es un viaje. De esta manera, lo que podría percibirse como el fin de este período de vida significa realmente el comienzo eventual de un diferente período de vida (para mí, para ti, para todo el mundo). Por lo tanto, cuando ves a la vida como parte de un proceso ilimitado y continuo, no hay necesidad de sentirse tan decepcionado en esta vida.

Surgimiento condicionado

El fenómeno de la vida y la muerte puede describirse de una manera más general como el surgimiento y la desaparición de las causas y condiciones. El término budista para este proceso es “surgimiento condicionado”. Este se refiere al hecho de que todo fenómeno está compuesto de efectos debido a la miríada de causas y condiciones cambiantes que actúan conjuntamente. El resultado de las causas y condiciones que surgen y desaparecen son todos los fenómenos que experimentamos, incluyendo nuestras propias vidas. Desde la perspectiva del surgimiento condicionado, podemos hablar de tres tipos de nacimiento y muerte:

El primer tipo de nacimiento y muerte es el surgimiento y la desaparición del momento. En otras palabras, en cada instante del tiempo, hay cambios en nuestros procesos mentales y cambios en nuestros procesos corporales. Normalmente no nos damos cuenta de tales cambios diminutos en nosotros, y por lo tanto no los consideramos como “nacimientos” y “muertes”. En este tipo de surgimiento y desaparición, es sólo el cuerpo físico el que parece constante de un instante al otro. Pero las cédulas del cuerpo también están sufriendo constantemente estos procesos de surgimiento y desaparición (nuestras cédulas nacen y mueren continuamente). De este modo, en la mente así como en el cuerpo, en cada instante hay ocasiones continuas de nacimientos (surgimiento) y muertes (desaparición).

El segundo tipo de nacimiento y muerte es más fácilmente identificable: el nacimiento y la muerte de una vida. En otras palabras, la vida humana surge en el momento de la concepción y perece cuando morimos. No hace falta decir que todas las criaturas vivas experimentan la misma aparición y desaparición de sus vidas, pero ahora mismo estamos hablando en el contexto humano.

El tercer tipo de nacimiento y muerte consiste en nuestras vidas en los tres tiempos de nuestro pasado, presente y futuro. Nuestras vidas previas son incontables; nuestras vidas futuras también serán incontables hasta que alcancemos la budeidad. Cuando miramos nuestra vida de esta manera, no sólo se compone del momento en que nacimos hasta el momento en que morimos, sino que se extiende a los tres tiempos. Esto nos da algo de esperanza y consuelo porque, una vez habiendo obtenido la vida, continuaremos viviendo porque tenemos vidas futuras por venir. De este modo, si uno es infeliz y tiene intenciones de suicidio pensando que la próxima vida será mejor, ¿es esto algo bueno? No, porque cuando uno comete suicidio, está siendo irresponsable para con sus vidas pasadas, sin hacer justicia a su vida presente, y creando perturbaciones kármicas para su vida futura.

Una sola vida puede compararse con la aparición cotidiana del sol, y después con su desaparición en el horizonte por la noche. Después que se pone el sol no puedes verlo, pero todavía está allí y saldrá otra vez por la mañana. No se crea de nuevo cada mañana. Una vida es así. Cuando termina, eventualmente da origen a otra vida, como el sol saliendo nuevamente. Pero esta observación sólo se aplica a la manifestación física de una vida individual, por el hecho de que existe esta pura naturaleza Búdica en cada uno de nosotros que está siempre presente a lo largo de los tres tiempos. Como el sol, el cuerpo físico podría pasar por el proceso de aparición y desaparición, pero eso no tiene nada que ver con nuestra pura naturaleza Búdica, la que está allí incluso cuando no la percibimos.

De esta manera, como seres sensibles experimentamos aparición y desaparición dentro de los tres tiempos del pasado, presente y futuro. Cada vida puede considerarse como un segmento seguido por otro segmento dentro del proceso interminable de aparición y desaparición. Si uno permanece en este nivel, a largo plazo no se beneficiará de tener todas estas vidas preciosas. Para elevar y sublimar la calidad y el significado de la vida en los tres tiempos, tenemos que ir más allá del nacimiento y la muerte segmentado y alcanzar el nacimiento y muerte transformador, es decir, sabiduría. Eso significa practicar el Budadharma.

El nacimiento y muerte transformador se refiere a la maduración del mérito y la virtud en un practicante cuya compasión y sabiduría continúan creciendo vida tras vida. Tal persona puede ser llamada sabio, es decir, un bodhisattva o arhat. Este proceso de transformación continúa a través de los tres tiempos. En este nivel, un sabio aún puede tener un cuerpo físico o podría haber transcendido el cuerpo físico y estar básicamente empleando pura energía espiritual para cultivar el camino. La budeidad es el objetivo final de este proceso de transformación. Es el nivel en el que uno ha transcendido el samsara (el ciclo de nacimiento y muerte) y ha alcanzado el gran nirvana. Tal Buda aún puede aparecer en el tiempo y en el espacio para ayudar a los seres sensibles, como lo hizo el Buda Shakyamuni. Mientras un Buda puede manifestarse en la forma humana y de este modo experimentar la aparición y desaparición, para este Buda no hay apego al nacimiento y muerte ni a ninguna de las aflicciones relacionadas con el nacimiento y la muerte.

¿Hasta que nos convirtamos en sabios o budas, cómo podemos encontrar dignidad en la vida y en la muerte? En primer lugar, deberíamos aceptar completamente esta rara y preciosa vida que ahora tenemos. Entonces, cuando la muerte sea inminente, deberíamos aceptarla, si no con alegría, al menos con ecuanimidad. Así como deberías agradecer la realidad de la vida, también deberías agradecer la realidad de la muerte. No podemos controlar cuando naceremos y la mayoría de las veces no podemos controlar cuando moriremos. Desde la perspectiva de la conciencia budista, la mayoría de las personas viven sin claridad, y cuando la muerte está cercana, sus mentes se nublan aún más. Para estas personas, la vida es confusa e ilusoria. Hay un dicho chino que reza que vivimos y morimos como si estuviéramos en un sueño. En un nivel más elevado están aquellos que aceptan la vida, hacen lo mejor posible con ella y, cuando les llega la muerte, la acogen con coraje y sin apego. En el nivel más elevado está el practicante iluminado que “no puede encontrar ni la vida ni la muerte”, significando que para tal persona no existe tal cosa como vida o muerte.

Hasta que morimos, no podemos saber a cuál de estas categorías pertenecemos, pero mientras que estamos vivos, deberíamos intentar elevar la calidad de nuestra vida y aclarar nuestras mentes. También deberíamos estar agradecidos de que cuando la muerte nos llegue, estaremos liberados de las responsabilidades apegadas a esa vida. Aún mejor, después de que muramos, podremos usar el mérito y la virtud que hemos acumulado para avanzar hacia la vida siguiente, la que debería estar llena de alegría e iluminación.

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Enfrentarse a la Muerte con una Mente Clara

Si pudieras mantener una mente clara cuando se acerque la muerte, entonces podrás aceptarla muy valientemente y con alegría. Cualquier cosa que hayas hecho durante tu vida, sea virtuosa o no, con karma bueno o malo, estate agradecido por haber recibido el regalo de la vida. En el momento de tu muerte, no debería haber resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo. Lo pasado es pasado. Piensa en un futuro hermoso. Por esta razón, el estado mental de una persona moribunda es lo más importante. Algunas personas a punto de morir piensan en las cosas realizadas de las que se arrepienten, y en todo el sufrimiento que han causado. Ese tipo de pensamiento es bueno para una persona viva pero no tan bueno para una persona a punto de morir. Sin embargo, si te acercas a la muerte sin tener resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo, y simplemente te esfuerzas por aceptar un futuro brillante e iluminado, es muy probable que suceda. Renazcas en los reinos celestiales o en el reino humano, podrás continuar practicando nuevamente, y ese es un futuro brillante e iluminado.

Cuando la condición de una persona a punto de morir es tal que la claridad mental no es posible, o cuando están inconscientes o en coma, los amigos y parientes deberían ayudar a esa persona con gran devoción y concentración, cantando el nombre de Buda, recitando mantras o meditando, en un ambiente tranquilo. A través de tales prácticas, empleamos el poder de la meditación y el poder de la fe para orientar la mente de la persona moribunda apartándola del miedo y hacia la seguridad, avanzando hacia la iluminación. Esto sin duda será muy útil. De este modo, para aquellos que están en su lecho de muerte y no puedan mantener la claridad mental, es importante que los parientes y los amigos ayuden a tal persona con su práctica. Y es sin duda muy útil. Yo mismo he tenido una clara experiencia de esto.

¿Qué Determina Nuestra Vida Futura?

Hay tres factores que determinarán qué tipo de renacimiento tendrás. El primero es el karma (tanto el bueno como el malo que has acumulado en tu vida actual y las pasadas). Cuanto mejor sea tu karma mejor serán tus oportunidades de un buen renacimiento. El segundo son las causas y condiciones que rodean tu vida actual y las pasadas, las que están maduras para tu próximo renacimiento. Podrías tener todos los tipos de karma pero las condiciones específicas pueden estar más cercanas a madurar en este momento. Si es así, serán las condiciones las que determinarán tu próxima vida. El tercer factor es tu estado mental al morir: ¿Qué pensamientos están en tu mente cuando te acercas a la muerte? ¿Aceptas tu muerte con alegría y gratitud? ¿Qué aspiraciones tienes para la vida siguiente? Pensamientos como estos influenciarán el tipo de renacimiento que tendrás. Por ejemplo, si a lo largo de tu vida has hecho votos, cuando te acercas a la muerte podrías repetir esos votos. Sin embargo, si nunca has tenido tales aspiraciones, será difícil tenerlas en tu lecho de muerte. Por lo tanto, los practicantes deberían esforzarse por tener buenas aspiraciones en sus mentes cuando se acerquen a la muerte. Si nuestras vidas futuras sólo dependieran del karma y las condiciones, entonces estaríamos en una situación menos fiable.

Nota del editor

Cuando el Maestro Sheng Yen habla de “votos” en esta charla, está refiriéndose a los votos en el contexto de la práctica budista. Los votos más básicos que los budistas toman son votos para mantener los cinco preceptos básicos: no matar, no robar, no tener una conducta sexual incorrecta, no mentir y no consumir productos intoxicantes. Aparte de estos, los monjes y las monjas deben tomar 250 preceptos más antes de ser ordenados completamente.

También, en la tradición Mahayana, hay Cuatro Grandes Votos del bodhisattva:
Hago el voto de liberar a innumerables seres sensibles;
Hago el voto de eliminar infinitas aflicciones;
Hago el voto de dominar el Dharma por inconmensurable que sea;
Hago el voto de alcanzar la suprema budeidad.

Estos votos del bodhisattva son secuenciales en el sentido de que para su realización, por ejemplo, el voto de ayudar a los demás (“salvar a los seres sensibles”) viene antes del voto de “alcanzar la budeidad”. Por otro lado, son simultáneos en cuanto a que en la medida que uno progresa en el camino, uno realiza todos los votos al mismo tiempo. Hay otros votos que uno puede tomar en el curso de su vida, pero como practicantes budistas en la tradición Mahayana, estos Cuatro Grandes Votos son los más importantes.

Lo más importante es comprender que estos votos hablan de la continua aspiración, intención y motivación; no son necesariamente promesas para cumplir en una sola vida.

Fuente: compartiendoluzconsol.wordpress.com

La sutil pero significativa diferencia que hace que percibamos el mundo como nirvana o que nos mantengamos encadenados al ciclo de sufrimiento del samsara

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El poeta John Milton escribió en su Paraíso Perdido: «La mente es su propio lugar, y puede en sí misma / hacer un cielo del infierno, y un infierno del cielo». La frase sugiere que la realidad de nuestra experiencia está en nuestra conciencia. E incluso las delicias de los mundos superiores y las torturas de los mundos inferiores son autoinfligidas. El paraíso, más que un mundo ulterior, es una facultad de la percepción.

El nirvana y el samsara no son del todo equivalentes al cielo y al infierno, pero de todas maneras la frase de Milton hace sentido dentro de la filosofía budista. El samsara en realidad abarca desde los infiernos a los planos divinos sin forma donde los dioses viven en un trance extático que puede durar eones, pero que, sin embargo, no es el nirvana, no es la extinción del deseo y la liberación propia de la «budeidad». Según el budismo, incluso los dioses están sujetos al karma y al ciclo de muerte y renacimiento. La razón por la que estamos sujetos a esta rueda que por definición conlleva sufrimiento (dioses, humanos, fantasmas hambrientos, animales, etcétera) tiene que ver fundamentalmente con la ignorancia. Ignorancia en gran medida de lo que Milton atisbó en la frase citada: la realidad que experimentamos está determinada por nuestra mente y las condiciones que hemos instalado en nuestra percepción. El Buda lo dijo en el Dhammapada:

Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos.

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Con nuestros pensamientos construimos el mundo.
Habla o actúa con mente impura y los problemas te seguirán como sigue la carreta al buey ensimismado.

En estas pocas líneas se encuentra la esencia del dharma, versos que son hologramas de todo el sutrayana. Una filosofía ética extrapolable a todo tipo de circunstancia, que tiene el gran sello del Buda, quien no sólo es un lúcido moralista, sino un penetrante psicólogo (¡cosas que vienen por descontado cuando se alcanza la omnisciencia!). Partiendo de esta base, que es un conocimiento profundo de la mente, con el que se revela que nuestros pensamientos y las intenciones que los informan son los ladrillos, por así decirlo, del mundo que experimentamos, podemos explicar la diferencia entre el nirvana y el samsara. De una manera muy sencilla, la diferencia entre el nirvana y el samsara es la sabiduría (nirvana) y la ignorancia (samsara) de la naturaleza de nuestra mente, es decir, saber o no saber que son la cualidades de nuestro pensamiento y las consecuencias de los mismos las que determinan la cualidad de nuestra experiencia, esto es, nirvana o samsara.

Todo el plano del samsara, en su infinito girar, surge de la ignorancia, según explica el budismo con la noción de la «originación» dependiente. Es a partir de la ignorancia que se generan los deseos que serán el combustible que mantiene corriendo todo este multiverso samsárico, el cual es descrito por el Buda como poseído por un fuego que todo lo consume. El nirvana es justamente la extinción de este fuego ilusorio que viene de los seis campos sensoriales. ¿Qué es lo que ignoramos que mantiene al mundo ardiendo? En gran medida es desconocer que perseguir los deseos (producidos por las impresiones sensoriales) sólo trae sufrimiento ya que las cosas en este mundo, ondenadas a consumirse por este fuego espectral, son todas impermanentes. «El único placer es acabar con el deseo», dice el Buda en el Dhammapada.

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Otra forma de explicar esta ignorancia que produce el samsara es desde la naturaleza misma de la percepción, investigando la raíz misma desde la cual surgen los objetos que conforman el samsara y que perseguimos fantasmagóricamente o, utilizando una metáfora tradicional, como venados tratando de saciar su sed con el agua de un espejismo y, una más moderna, como galgos en una carrera correteando un conejo de metal. El budismo, particularmente algunas escuelas tibetanas que han analizado minuciosamente la dualidad de la percepción, sostiene que es un error perceptual concebir el mundo como dividido en sujetos que perciben objetos. En realidad (se dice en los textos budistas) no existe más que la vacuidad que es igual a la mente y de la cual todo surge como una aparición mágica, un arco iris, una burbuja, etcétera. El deseo que alimenta el samsara, al buscar aprehender sensaciones y poseer objetos, es el resultado de este estado de percepción dualista que predomina en el mundo que experimentamos comúnmente. Simplemente, si no hubiera objetos que surgieran en nuestro campo de percepción como separados, sólidos y estables, no se echaría andar este proceso de perseguir sensaciones, buscar saciar inútilmente el deseo que producen e identificarnos con un yo individual que, al estar separado de los objetos que desea y los cuales además son efímeros, necesariamente se enfila al sufrimiento. Es esta ignorancia (separar el sujeto del objeto, la mente del cuerpo, el hombre de la naturaleza, etc.) la raíz del sufrimiento que genera la ilusión (de tomar las cosas como reales, sólidas, separadas, etc.) y del mismo karma que se produce cuando la acción es enardecida por la volición o el deseo de la mente, así avivando las llamas del samsara.

El estado de no dualidad perceptual, que reconoce que todas las cosas son la unidad de la vacuidad y la mente (o también del espacio y la luz que se desdobla como todos los fenómenos) es descrito de diversas formas por el budismo tibetano, pero uno de los términos más utilizados, particularmente por el dzogchen, es rigpa, una palabra muy difícil de traducir, pero que tiene esencialmente una connotación de una percepción no dual o

cognosción prístina (primordial, natural, desnuda, intrínseca etcétera). Rigpa es análoga a la palabra sánscrita vidhya, que significa conocimiento o claridad. Se habla entonces en el budismo tibetano de los vidhyadara o los rigdzin, quienes son los que han logrado estabilidad en este estado de conocimiento no dual (es decir, que habitan en rigpa).

El traductor y practicante del dzogchen John Myrdhin Reynolds, en su comentario a su traducción del texto Self Liberation Through Seeing with Naked Awareness, donde el gran maestro Padmasambhava introduce al estado natural de la mente (rigpa), hace una importante anotación que permite recapitular lo que hemos mencionado anteriormente.

¿Qué es la ignorancia? Es no saber cuál es nuestra condición, nuestro Estado Primordial. Al no saber quién realmente somos, al no reconocer nuestra verdadera naturaleza, nos aferramos a las apariencias y las perseguimos, y así caemos atrapados otra vez en el ciclo de la transmigración. La ignorancia sólo engendra ignorancia. Nuestra liberación de este ciclo sin principio del samsara no ocurrirá de manera automática o inconsciente. Dejado a sus propios medios, el samsara no evolucionará a un climático punto Omega, ni culminará en una stasis inmutable o en un paradisíaco reino de Dios. Esto es así debido a que las causas perpetuamente generan nuevas condiciones, las cuales, a su vez, generan nuevas causas, por lo que el proceso prosigue interminablemente. El samsara no es un sistema cerrado finito; las fuentes de su energía son inagotables.

Pero, aunque el samsara no tiene principio ni final en sus propios términos, podemos

hablar de lo opuesto del samsara como el nirvana. Si el samsara significa existencia condicionada (samskrita-dharma), entonces el nirvana significa existencia incondicionada (asamskrita-dharma). Lo que se extingue al entrar a al estado de nirvana son las  mismas condiciones que determinan nuestra existencia limitada y restringida o, para ponerlo en términos más psicológicos, se extinguen las causas kármicas de nuestra particular visión kármica que determinan cómo percibimos la realidad. Si la causa del samsara en general es la ignorancia, entonces el nirvana representa el opuesto: sabiduría o gnosis. En tibetano la traducción de la palabra sánscrita avidhya que signfica ignorancia es ma rig-pa-, y por lo tanto lo opuesto de esto es rig-pa, que no es conocimiento en el sentido de saber esto o aquello, sino en el sentido de «cognosción intrínseca» [intrinsic awareness]. Es la capacidad de la mente de darse cuenta y estar presente. Este es el sentido especial del término en el contexto del dzogchen, mientras que en el tibetano suele tener el significado de «inteligencia» o «ciencia». Es este rigpa, esta cognoscitividad intrínseca, lo cual es el tema de este texto de Guru Padmasambhava.

De lo anterior se deriva entonces que el estado de rigpa, de gnosis intrínseca, necesariamente no produce karma, está libre del deseo y por lo tanto de los compuestos y condiciones que generan las acciones. La única diferencia entre el samsara y el nirvana es este conocimiento de la propia naturaleza que necesariamente también se traduce en una forma de percepción no dual. De aquí que se diga, sin equivocarse, que en realidad samsara es nirvana. El mahasiddha del siglo VIII, Saraha, escribió en su poema tántrico Tesoro de Canciones:

 

Como es Nirvana, es Samsara.

No pienses que existe una distinción.

Sin embargo, no posee una naturaleza singular.

Lo conozco como sumamente puro.

No te sientes en casa, no vayas al bosque,

Reconoce la mente donde sea que te encuentres.

¿Cuando uno habita en la completa y perfecta iluminación,

dónde está el Samsara, donde está el Nirvana?

[…] No divagues en esta cuestión del sí mismo y del otro.

Todo es Buda sin excepción.

 

Siguiendo esta tradición de budismo no dual tenemos que el nirvana no existe en un remoto más allá, como un estado trascendente o como algo que aguarda al final de un duro camino de méritos y logros. El nirvana es la realidad pura, inmediata, sin obstrucciones u oscurecimientos. La diferencia entre el nirvana y el samsara es la de un espejo bien pulido y la de un espejo sucio, o la de ver la Luna en en un lago quieto y diáfano o verla en un charco agitado por el viento y oscurecido por el lodo.

Twitter del autor: @alepholo

El mundo detrás de lo visible: el Plano Astral y los Registros Akásicos

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El mundo espiritual

Gran diversidad de creencias, que seguramente incluyen a prácticamente todas las religiones de la Historia, consideran que el mundo es más de lo que vemos. Que la realidad material a la que estamos atados no es sino un reflejo de nuestras propias limitaciones, las cuales podemos o estamos destinados a romper. Ya sea en forma de la iluminación buscada por el budismo, de la muerte designada por Dios y que lleva a su compañía en el cristianismo o islamismo, o de la comunicación con los antepasados y el viaje a realidades alternas en muchos tipos de chamanismo, siempre la humanidad considera que hay un “más allá” y busca de manera incesante contacto con él.

 

Este mundo espiritual, según algunas creencias de la teosofía y la antroposofía, estaría constituido no poder entidades divinas equivalentes de alguna manera al hombre (como suele representarse a las deidades) sino por información. Información sobre el universo que nos rodea, sobre los entes espirituales que nos componen, sobre todo aquello que necesitamos para alcanzar el verdadero conocimiento.

Se encuentran allí los Registros Akásicos.

Registros Akásicos

Se conoce como Registros Akásicos a un compendio de conocimientos profundos sobre el Universo que incluyen todo lo que ha sido, todo lo que es y todo lo que podría ser. Estos registros se encuentran en un plano no material de existencia conocido como el “Plano Astral” al que en teoría todos los seres humanos tenemos acceso, pero que solo unos poco privilegiados habrían visitado.

Fueron investigaciones del siglo XIX las que llevaron a la  postulación de estos registros como un conocimiento que habrían compartido innumerables culturas ancestrales incluyendo los druidas, los sumerios, los egipcios, los incas y los tibetanos entre muchas otras culturas. De acuerdo con varias fuentes, incluso en la Biblia aparecería registro de esta información en forma del llamado “Libro de la Vida”.

 

Pero, ¿qué son exactamente los Registros Akásicos? ¿Qué los compone?

 

El Plano Astral y la información del Universo

Estamos hechos de información. Incluso en el plano material, nuestro ADN no es más que un compendio de información genética destinada a constituir nuestros cuerpos y nuestra realidad física.

El Plano Astral, constituido en el “éter” (algo así como un vacío en el que algo existe), no es más que los rezagos de cada acción de cada ser espiritual en el mundo, restos que dejan una resonancia que otro ser puede leer… si se ubica en el plano adecuado. Dentro de estas “tablillas indestructibles”, entonces, estaría escrita la historia del mundo.

Pero uno no puede acceder a este conocimiento con fines meramente educativos, no digamos con objetivos maliciosos. Es necesario estar en tranquilidad y buscar allí con el propósito de conocerse: la información del mismo ser, por lo general, será la primera en salir a la superficie.

De acuerdo con quienes han visitado este territorio, es también fundamental llevar de antemano la aceptación: muchos se encuentran con hechos de sus vidas pasadas que resultan duros, y si no están en capacidad de aceptarlos e interiorizarlos de antemano no serán revelados ante ellos.

Acceder a la información propia, según dicen, es relativamente sencillo y no requiere más que una “intuición bien desarrollada”.  La meditación, la capacidad de mantener la mente en blanco, es fundamental, pues solo cuando estamos en paz podemos recibir las tenues señales del universo. Además de estas cosas, las motivaciones para acceder son la llave de la sabiduría: quien ingrese con un motivo que no sea el autoconocimiento y la comprensión no obtendrá nada.

Revisar los registros universales resulta, según parece, más complejo: solo los ya iniciados en sus propias escrituras pueden aprender a hacerlo. En el mismo proceso se encuentra el secreto, que nadie parece querer revelar.

Fuente: elpensante.com