EL SIGNIFICADO DE ENCENDER VELAS

Resultado de imagen de velas¿Quién puede resistir la tentación de perderse al menos por unos instantes en esa cálida llama?. La energía que irradia la flama entibia e ilumina con místico poder, mientras que la atención de la persona se concentra en esa frágil pero potente luz o en las gotas derritiéndose o, tal vez, en la sombra ondulante proyectada sobre la pared. También, el color y el aroma son otros de los aspectos que se “sienten” y que disfrutan al encender una vela.

El encender una vela para un propósito o una intención particular es algo que se practica en todo el mundo por todo tipo de personas y en todas las religiones y/o creencias espirituales. Encender una vela simboliza llevar la luz a nuestros deseos o plegarias. Una vela puede ser iluminada como una oración por la paz o una solicitud para una curación en concreto.

Desde la antigüedad las velas han sido utilizadas en los rituales de magia y de hechicería debido al indiscutible poder del fuego para proteger y para dar vitalidad mediante la luz y el calor, esto en combinación con los colores adecuados ayuda a conseguir determinados fines. Las velas encendidas ayudan a iluminar nuestros corazones cuando nos sentimos agobiados.

Beneficios de encender las Velas

Como hemos dicho, la presencia de las velas reviste tal importancia y simbolismo que se han usado desde siempre y se siguen utilizando en todo tipo de rituales. Así, están presentes de modo estratégico en ceremonias, cenas íntimas, festejos, ejercicios de meditación. En el trajín cotidiano, podemos olvidar los beneficios que esta sencilla pero eficaz herramienta nos puede brindar.

1. Relaja la mente.

Observar el fuego, compenetrarse en las formas y colores de la llama disipa de la mente los pensamientos y ayuda a despejar las preocupaciones. Hágalo en un lugar cómodo donde pueda contemplarlos si ruidos ni distracciones.

2. Ampliar la Percepción.

La meditación frente a una fuente de luz cálida como la de una vela -una vez que la mente se ha relajado- abre canales de percepción que se encontraban obstruidos por la razón. Sentado en un lugar iluminado con luz de dos velas, repita en voz alta con ritmo un mantra como este: Sabbe Sattaa Sukhi Hontu (“Todos seres felices, bien que puedan ser o estar”) Descubrirá luego soluciones alternativas para los problemas que creía definitivos.

3. Lograr concentración.

Si se encuentra muy disperso con dificultades para finalizar una tarea, intente quitar fuentes de energía que distraen, ruidos, desorden, luces fuertes. Relájese a la luz de algunas velas por unos minutos y retorne a su tarea, usando esta luz. Verá que es mucho más fácil terminarla.

4. Limpiar el ambiente.

Las velas desintoxican el ambiente de tinieblas energéticas, devolviendo al entorno armonía y calidez. Especialmente, si usa velas blancas ungidas con algún aceite de lavanda o limón.

5. Crear una atmósfera especial.

Si desea influir sobre el estado de ánimo, los deseos o pensamientos de alguien, un recurso muy efectivo es recrear una atmósfera acogedora, romántica o cuasi hipnótica, con velas decorativas, esbeltas y de colores claros o pastel. Esto hará que las personas se sientan cómodas y bajen sus defensas psíquicas.

6. Realizar un ritual.

La luz y la materia son energía. Nuestra mente puede dirigirla hacia un fin determinado de un modo cuántico. Los saltos de energía que atraviesan el espacio y el tiempo pertenecen a este mundo y es allí donde las velas prestan su utilidad. Por eso es tan importante ser consciente de todo lo que hacemos en el ritual, ya que la energía y la intención deben ser aplicadas con gentileza y claridad en cada momento. Una vela encendida porque sí deja su energía sin voluntad.

7. Generar protección.

Si sentimos desprotección, fragilidad, angustia, nada mejor que actuar inmediatamente encendiendo un velón blanco para llamar a los Seres de Luz solicitándoles su presencia protectora, de esta forma: “Seres de Luz, acudan con en mi encuentro, quitándome de la Oscuridad, en su Luz envuelto estoy de infinita protección”.

“Es mejor prender una vela que maldecir las tinieblas” dice el refrán y, realmente, el acto de encender una vela marca en sí mismo un antes y un después en el ambiente.

Fuente: consejosdelconejo.com

Einstein sobre la espiritualidad, la fuerza más poderosa para permanecer fiel a su propósito.

Einstein explica un estado de experiencia religiosa que nada tiene que ver con dogmas o dioses, y que le pertenece a todos: el “sentimiento cósmico religioso”.

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La historia del ser humano –qué duda cabe– es la historia de sus empeños. “Todo cuanto ha hecho y pensado la raza humana tiene que ver con la satisfacción de necesidades profundamente sentidas y con la mitigación del dolor”, escribió Albert Einstein en 1930 en un estupendo artículo para en el New York Times. “Y es preciso tener esto continuamente presente si se desea comprender el significado y evolución de los movimientos espirituales”. Su artículo pretende explicar no sólo el desarrollo de las religiones y la necesidad social y moral de un Dios (concebido para satisfacer deseos y mitigar el dolor) sino también un tercer estado de experiencia religiosa que nada tiene que ver con dogmas religiosos y que nos pertenece a todos, incluso si, como él señala, “rara vez se encuentra en forma pura”. A este tercer estado le llamó el “sentimiento cósmico religioso”.Ese sentimiento cósmico religioso, que él coloca en la más alta esfera de las capacidades humanas, puede compararse a lo que Freud llamaba el “sentimiento oceánico”, que es la intuición del infinito que todo hombre experimenta ante la mera existencia, o, en otras palabras, esa sensación de inmensidad y orfandad que rodea y ahoga al ser humano y le recuerda de manera primordial que es parte del todo. Para hablar de esto, Einstein reconoce los límites del lenguaje. Admite que explicar esa sensación a quien no la haya experimentado en absoluto resulta difícil, si no imposible, sobre todo porque no está asociada a ningún concepto antropomórfico correspondiente a Dios. Dicho esto, la describe así:El individuo siente la futilidad de los deseos y aspiraciones humanas, y percibe al mismo tiempo el orden sublime y maravilloso que se pone de manifiesto tanto en la naturaleza como en el mundo del pensamiento. La existencia individual se le impone como una especie de prisión, y ansía experimentar el universo como un todo único significativo. Los albores del sentimiento cósmico religioso se dejan ya sentir en muchos de los Salmos de David y en algunos profetas. En el budismo, según aprendimos especialmente en algunos escritos maravillosos de Schopenhauer, aparece con mucha mayor fuerza este elemento.

Los genios religiosos de todas las épocas se han distinguido por esta especie de sentimiento religioso que no conoce dogmas ni concibe a Dios a imagen y semejanza humana; y que carece por tanto de iglesia alguna que deba basar en ellos sus principales enseñanzas. Por eso, es precisamente entre los herejes de todos los tiempos entre quieres encontramos a esos hombres impregnados de esta forma suprema de sentimiento religioso, y que en muchos casos fueron considerados por sus contemporáneos como ateos, y también en otros como santos. Mirados a esta luz, hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza son íntimamente afines entre sí.

Para Einstein, el problema central de este sentimiento cósmico religioso es la dificultad que supone transmitirlo a los otros (“El límite de mi mundo es el límite de mi leguaje”, diría Wittgenstein). ¿Cómo comunicar un sentimiento que no da lugar a un concepto definido de Dios ni a una teología? Pare él, esa función le corresponde al arte y a la ciencia en tanto que no sólo despiertan sino que mantienen vivo ese sentimiento en quienes tienen la capacidad de recibirlo. Y llegamos así a una concepción de lo más próspera entre la religión y la ciencia, antagonistas históricamente irreconciliables.

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Einstein consigue vincular la labor científica de los hombres más diligentes como lo fueron Newton y Kepler (y desde luego él mismo) con esa fuerza reguladora que lleva a un individuo a seguir la voluntad universal. Es el ansia por comprender “aunque sólo fuera una brizna de la mente creadora que revela este mundo” lo que hace capaces a los hombres de gastar su vida en revelar la mecánica celeste. Lo que proporciona a un hombre esa fuerza, dice, es el sentimiento cósmico religioso:

Yo sostengo que el sentimiento cósmico religioso constituye la más fuerte y noble motivación de la investigación científica. Solamente quienes pueden percatarse del inmenso esfuerzo y, sobre todo, de la devoción que requiere trabajar como pionero en un campo científico teórico, son capaces de comprender que semejante trabajo, por alejado que pueda parecer de las realidades de la vida, sólo puede surgir de la fuerza emocional vinculada a tal sentimiento.

¡Qué profunda convicción de la racionalidad del universo, y qué ansia de comprender, aunque sólo fuera una brizna de la mente creadora que revela este mundo, debieron de tener Kepler y Newton, para hacerlos capaces de gastar años y años de solitario trabajo en el empeño de desenmarañar los principios de la mecánica celeste! A aquellos cuyo contacto con la investigación científica proviene principalmente de sus aplicaciones prácticas les resulta fácil hacerse una idea completamente falsa de la mentalidad de esos hombres que, en medio de un mundo escéptico, han sido capaces de abrir el camino a otros espíritus afines desperdigados a lo largo y ancho del mundo y de los siglos.

Sólo quien ha dedicado su vida a empeños semejantes puede hacerse una idea vívida y adecuada de lo que inspiró a tales hombres y les proporcionó la fuerza necesaria para permanecer fieles a su propósito a pesar de incontables fracasos. Lo que proporciona a un hombre esa fuerza es el sentimiento cósmico religioso. Un contemporáneo nuestro ha dicho, no sin razón, que en esta era materialista en que vivimos, los únicos seres profundamente religiosos son quienes trabajan con la máxima seriedad.

Imagen principal: Alison Scarpulla

Fuente: faena.com

El Yoga de los Sueños en el Budismo Tibetano

En el budismo tibetano, los sueños están clasificados en lo que se denomina, El Yoga de los Sueños.

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En este credo los sueños son considerados otra realidad tan válida como la vigilia y a través de enseñanzas y prácticas el adepto tendrá que ir siguiendo enseñanzas teóricas y ejercicios para aprender a reconocer y dominar esta otra realidad.

En el estado de vigilia como en los sueños, habrá que seguir un largo camino de aprendizaje para liberarse del sufrimiento o “samsara”. El sufrimiento puede ser en la vida despierta o en los sueños.

El yoga de los sueños cree que se puede vivir en ilusión como en una etapa de sueño e ilusión constantemente o bien se puede despertar, a la realidad.

Para los budistas, sus lamas, y millones de seguidores en todo el mundo, ha sido y es un privilegio practicar el yoga de los sueños. El budismo tibetano considera el yoga de los sueños una vía maravillosa para conocerse a sí mismo y por ende a los demás.

El yoga de los sueños enseña a través de sus prácticas a mantenerse despierto durante el tiempo que se está soñando, y hacer en el sueño, lo que nos gustaría hacer en la vigilia, y esto lleva vivir y amar la vida más intensamente.

Por otra parte, como el budismo, cree en la reencarnación, postula que además de manejar los sueños con voluntad o con la conciencia, la persona se está preparando para la liberación, cuando llegue al “bardo, estadio intermedio entre la muerte del cuerpo físico y la próxima reencarnación.
Para los budistas, la mayoría de las personas, vivimos en “samsara” o sufrimientos de toda índole. A veces pensamos que algo nos hace falta para ser felices, tal vez una casa nueva, otra pareja, tener más dinero, ser más alto, más bajo, vivir, en otro país, ciudad, barrio y un amplio etcétera de anhelos incumplidos.

Sin embargo, como todo esto es considerado un producto de nuestra mente se puede modificar.

Según el budismo tibetano estamos inmersos y guiados por el “karma”, esto significa la ley de causa y efecto.

O bien, nuestras acciones, nuestro comportamiento en alguna etapa de nuestra vida tendrá una consecuencia, el hoy, aquí y ahora en nuestra vida.

El karma podrá ser negativo o positivo. Por ejemplo, si alguien nos ha herido, en vez de pensar en vengarnos de esa persona, sentimos compasión, transformamos el karma negativo en positivo.
El budismo tibetano, tiene clasificados tres tipos de sueños; sueños ordinarios, sueños de claridad y sueños de luz clara. En los dos primeros, la persona podrá estar lúcida. El significado de un sueño cuando es de”samsara”, va a depender de su interpretación.

En los sueños de claridad, hay más conciencia de lo que se está soñando y todos los detalles son recordados con más nitidez. Los sueños de claridad son considerados más auténticos que los sueños “samsaricos”, serían el equivalente a los sueños simbólicos en psicología.

Así mismo en los sueños de luz clara no existe una definición del contenido del sueño mismo, ni tampoco un yo o “ego” en contrapunto con el contenido. Sin embargo al estar soñando en este estado de luz clara, no existen conflictos ni problemas.

El yoga de los sueños en el budismo tibetano sugiere entre innumerables enseñanzas, sugiere la práctica diaria de la meditación. Con la meditación se calma la mente y se llega a obtener un estado de quietud y bienestar físico.

Es importante mencionar, que aún en la actualidad, los médicos tibetanos utilizan los sueños, como un método de diagnóstico para enfermedades.

En resumen el yoga de los sueños es un enfoque diferente tan válida como las otras para definir, practicar y vivir mejor con nuestros procesos oníricos.

Fuente: ceoniric.cl

Parte de la humanidad está ascendiendo a quinta dimensión

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Estamos pasando por un período turbulento en términos de vibración planetaria. Desde hace un año, esto se viene acentuando cada vez más intensamente. Hay personas que sienten la energía tanto a nivel positivo como a nivel negativo.

Las sensaciones que pueden sentir estas personas, pueden ser por ejemplo náuseas, malestar físico, y que toda la comida le siente mal, sentirse pesado y con mal cuerpo en general.

De hecho, nos estamos preparando para un inminente cambio de energía a nivel planetario, el cual está llegando poco a poco. Muchos lo irán sintiendo a lo largo de estos dos próximos años, así que si eres de los poquitos que sienten estas sensaciones, debes de considerarte privilegiado.

Lo digo porque tu sensibilidad está aumentando, y según la ciencia cuántica, las personas que están a este nivel, están trabajando a nivel inconsciente para entrar en el tercio de la humanidad que va a ascender a la quinta dimensión, es decir, que serás capaz de continuar tu vida presente y las vidas de futuras encarnaciones en el planeta tierra que está por venir.

La nueva tierra, en ella viviremos un período de una gran cantidad de luz, pues la vibración está cambiando, y esto para los que están puestos al día no es nada nuevo, se dice que en la nueva tierra la vida en este planeta ya no será un mundo lleno de pruebas y de expiación como en el que estamos ahora, y se convertirá en un mundo de regeneración.

No habrá más dolor ni sufrimiento, en un futuro próximo, todo será más liviano. El agua y la luz solar serán la base energética del nuevo ser humano.

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Tendremos una sensación de aparente saciedad, que nos hará comer sólo lo necesario. El motivo del cambio vibracional, no es otro que hacer a la humanidad darse cuenta de que la vida es mucho más que el dolor y el sufrimiento. Todo está aun por llegar y lo mejor está por venir…

 

Cómo perdemos nuestra energía y cómo evitarlo

La energía tiene muy diferentes formas de manifestarse, pues todo es energía, estamos unidos e inmersos en una especie de mar de energía que todo lo impregna. Realmente, no hay más que un simple y al mismo tiempo complejo sistema atómico, donde un número infinito de partículas vibran a distintas frecuencias, dando lugar a diferentes tipos de energía y sus manifestaciones. Si tuviéramos unas gafas de visión subatómica, observaríamos que todo lo que existe no es más que esto: átomos con su núcleo, sus neutrones y electrones, sus protones y neutrinos, fotones, quarks, gluones, materia, antimateria y demás, vibrando a distintas velocidades y con una determinada longitud de onda. Es como una gran danza cósmica.

Somos energía, tan solo un conjunto de células, moléculas, átomos y partículas elementales (ondas cuánticas). Todo es energía y vibración. Existimos en un microcosmos dentro de un macrocosmos, que forma parte de ese universo pentadimensional, donde el tiempo es un eterno presente. Tan solo conocemos un 10% del Universo, el 90% restante es totalmente desconocido.

Es frecuente oír hablar de energías “positivas” o energías “negativas”. En textso anteriores, nos hemos referido a las energías que circulan en el cuerpo humano, pero existe un complejo sistema energético en nuestro mundo, generado por la intensa actividad mental de nuestros pensamientos y emociones, así como por las diversas formas de manifestación de la energía que se extiende por todo el planeta y su estructura energética, que nos afecta aquí y ahora, de cuya aparición y calidad somos directamente responsables. Es de estos subtipos de energías y entidades parásitas que tanto nos afectan, de las que vamos a hablar.

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Cómo perdemos energía

Constantemente sufrimos pérdidas de energía. Nuestra vida entera, no es más que un constante proceso de relación con el medio ambiente que nos rodea y con otras personas. En este proceso, todo se mueve en torno a una especie de comercio energético, mediante el cual obtenemos y cedemos energía en forma de pensamientos y emociones, que influyen notablemente en nuestra calidad de vida.

Dentro de los límites aceptables de este juego, se establece un equilibrio de dar y recibir, pero sucede a menudo que nos enfrentamos a situaciones que nos desgastan mucho y nos dejan realmente agotados: desde el trato con personas, al mero hecho de estar muchas horas sometidos a un ambiente energéticamente hostil, el estrés, los enfados, el miedo, junto a las diversas agresiones energéticas a las que estamos expuestos, tienen como resultado una importante pérdida de energía. Es interesante saber al menos, que siempre que perdemos energía es porque nosotros mismos damos permiso para que esto suceda.

 

De todas formas, si mantenemos un elevado nivel de conexión con la energía, tenemos una estructura energética sana e íntegra, llevamos una vida armoniosa, basada en una filosofía personal de vida fundamentada en el amor, el respeto y los valores tradicionales, aunque perdamos energía, al mismo tiempo la vamos reponiendo.

Perdemos energía en la consulta terapéutica: el efecto Burnout.
En los centros de trabajo, especialmente en los consultorios terapéuticos o en oficinas donde hay equipos de trabajo muy integrados, sucede frecuentemente que los terapeutas padecen los mismos síntomas que sus pacientes. Este fenómeno se conoce como el “síndrome de burnout”.

Perdemos energía en determinados lugares.

Existen lugares con una elevada carga de energía negativa. Por ejemplo, los centros comerciales habituales, donde se acumula la energía generada por los pensamientos y emociones de miles de personas estresadas.

Perdemos nuestra energía a través del sexo.

Las relaciones sexuales son una fuente ilimitada de obtener energía o bien de perderla. Deberíamos aprender algunas nociones básicas sobre la energía sexual y su uso, antes de mantener relaciones indiscriminadas. Como norma general, se sabe que el hombre pierde la energía al eyacular y la mujer, durante el período.

Perdemos energía buscando Amor.

Esto suele ser tan frecuente como doloroso. Se da en muchos matrimonios. Uno de los cónyuges sufre y se somete a toda clase de humillaciones y malos tratos, perdiendo así su energía, solo para obtener un poquito de Amor.

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Perdemos energía ante determinadas personas, cuya sola presencia nos debilita.

Muchas personas son expertas manipuladoras y controladoras, siempre están diciendo a los demás lo que tienen que hacer y cómo tienen que hacerlo. Esto lo hacen por ejemplo, usando el típico papel del “pobre de mí”. Otro tipo de personas manipuladoras, se da en los falsos maestros, personas que se envuelven de un aura de misterio, haciendo creer a los demás, que tienen algún tipo de conexión divina o de “poder”, con lo que son capaces de influir fuertemente en los demás, para manejarlos a su antojo, satisfaciendo así su ego y obteniendo beneficios a cambio. Existen personas que son auténticos esclavos, con la voluntad mermada cuya única misión, es servir y cumplir las instrucciones dadas por la persona a la que sirve.

A este respecto, una de las cosas que debemos aprender, es a relacionarnos con personas que nos aporten cosas buenas, y alejarnos de las personas que no solo no nos aportan nada bueno, sino que encima, se aprovechan de nosotros.

Perdemos energía cuando tenemos miedo o nos sentimos inferiores a los demás.

La influencia de personas importantes en nuestras vidas, como son los padres, un amigo o un familiar a quien no podemos contradecir, hasta el punto de que controla nuestras vidas a su antojo, hace que ante su presencia, nos sintamos débiles e indefensos. También cuando tenemos miedo y nos sentimos inseguros.

Perdemos energía a través de Internet.

La aparentemente inofensiva pantalla, la más moderna y actual forma de comunicarnos, es también una de las más novedosas maneras de perder nuestra energía. Al contactar mediante un chat con cualquier persona, automáticamente se establecen esos lazos de comunicación energética que unen, a través de los chakras, a ambos interlocutores. De ésta manera, se intercambia información en forma de energía, que puede tener consecuencias nefastas para el débil.

Perdemos energía con el estrés y los excesos.

El exceso de actividad física, mental y emocional, la vida desordenada, el no respetar las horas de descanso necesarias, el trabajo excesivo, las discusiones constantes y factores similares, generan altos niveles de estrés que tienen como consecuencia un gran desgaste de la energía, que nos deja totalmente agotados y pueden provocar la enfermedad.

Ley de atracción y repulsión

Lo similar atrae a lo similar y rechaza a lo opuesto. Esto es así de sencillo. La energía tiene diferentes niveles de vibración y según este principio, la energía tiende a atraer a energía de su mismo nivel vibracional.

Cuando sentimos mucha rabia en nuestro interior y la proyectamos sobre alguien, normalmente esa persona reaccionará también enfureciéndose y respondiendo a nuestra rabia de forma hostil. Como consecuencia, la rabia de los dos se multiplica y los dos sufren mucho más. Sin embargo, si le proyectamos nuestra rabia a una persona y ésta nos devuelve una sonrisa, sin verse afectada por el ataque, nosotros posiblemente nos enrabiaremos aún más, pero la persona seguirá tranquila y feliz.

Esto sucede porque generalmente, todos tenemos sentimientos hostiles en nuestro interior y al recibir una descarga de energía emocional o mental del mismo tipo, nuestros sentimientos reaccionan ante la visita de una vibración similar, manifestándose y haciéndonos sentir de nuevo su fuerza.

Al contrario, si recibimos una descarga de una energía determinada que no se encuentra en nuestro interior, simplemente no la admitimos ni la dejamos entrar a través de los chakras y el aura, así que no nos puede afectar.

Si apostamos nuestra vida por el Amor y la Armonía, generaremos un bonito y luminoso espacio y eso será lo que atraeremos a nuestra vida. Pero para eso se requiere pasar un proceso de sanación y crecimiento personal, un poquito de disciplina y seguir algunos principios como los que nos enseñan las doctrinas budistas: Rectitud de Pensamiento. Rectitud de Palabra. Rectitud de Acción.

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Formas mentales de la energía y entidades de pensamiento

Sabemos que todo es energía. Sabemos también que nuestro cerebro es una máquina dotada de la capacidad de enviar y recibir energía. Hemos visto como los pensamientos y las emociones proyectadas desde nuestra mente, se manifiestan de forma sutil, pero pueden tener poderosas consecuencias. Vivimos inmersos en un mar de energía, lleno de Formas Mentales de Energía, Entidades de Pensamiento y diversas criaturas elementales que nos afectan e influyen constantemente.

Una Forma Mental de Energía – FME, no es más que una conjunción de pensamientos y emociones que flotan e impregnan el aura de su creador y su entorno. La fuerza generada en nuestra mente como pensamientos y emociones se puede enviar a través de nuestro sistema de chakras y aura hacia cualquier lugar y persona, de tal manera que si generamos pensamientos positivos, enviamos energía positiva y al revés.

El simple hecho de pensar y sentir, genera y crea estas FME, cada persona está rodeada de una cantidad indeterminada de FME, cuya calidad depende del tipo de vibración que esa persona genera. Si es una persona amorosa y feliz, estará rodeada de FME que expandirán el amor y la felicidad a su alrededor, haciendo que los lugares y las personas que se acerquen a ella se sientan bien, felices y en armonía. Lo mismo sucederá pero con otro tipo de energía, si esa persona está triste o es agresiva.

Contaminación energética

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Áreas de contaminación energética.

Las Áreas de Contaminación Energética, afectan y alteran la estructura energética del lugar y de sus habitantes, afectando sus cuerpos sutiles, sobre todo el etérico, el mental, el emocional y el espiritual. Un Área está formada por la calidad de los pensamientos y emociones generados por la mente de las personas y otras entidades. Son una especie de FME sin un propósito específico, es como cuando vivimos cerca de una fábrica que expulsa sus desechos al aire, en nuestro barrio siempre huele mal.

Estos campos de contaminación energética, atraen a su vez a muchas formas de energía elemental, parásitos y garrapatas de energía, seres simples que habitan en el bajo astral y que incluso pueden adoptar formas diversas, según los pensamientos que se encuentren flotando en el lugar.

Contaminación en la consulta, situada en el propio domicilio.

Muchos terapeutas, tienen la consulta en su propio domicilio. Esto no es una buena idea, ya que los pacientes liberan toda su energía residual en la consulta y en muchas ocasiones, se produce una elevada concentración de negatividad que suele afectar a los habitantes de la casa y a otros pacientes.

Sabiendo esto, es de crucial importancia establecer dispositivos de limpieza regular en nuestros espacios vitales, nuestro hogar, la consulta o en el trabajo. Con un poco de práctica y constancia, iremos creando en nuestros espacios una hermosa Área de Influencia, que expandirá la energía del Amor, la Armonía y la Sanación, de tal manera que podamos sentirnos bien y las personas que vengan a nuestro hogar se sientan igualmente bien.

Extracto de: spiritual-detox.blogspot.com

Fuente: https://compartiendoluzconsol.wordpress.com

 

El apego espiritual: cuando una entidad se adhiere a nuestro ser

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Quienes están versados en el esoterismo y el mundo espiritual, son conocedores desde hace mucho tiempo del fenómeno llamado apego espiritual. Este fenómeno lo protagonizan entidades que se adhieren a nuestro cuerpo físico durante un tiempo indeterminado. Pero sólo ahora se ha convirtiendo en el centro de atención, debido principalmente al aumento de extraños comportamientos en las personas, que en muchos casos parecen cambiar su forma de ser por completo.

Esto ocurre cuando una persona convive con la energía de un espíritu de una persona o entidad ya fallecida. En ciertos casos, los espíritus se han unido a las personas para ayudarlas, ofreciéndoles un inexplicable talento para la música, pintura, el dibujo o la escritura. Sin embargo, en la mayoría de los casos pueden convertirse en la peor de las pesadillas, incluso pudiendo dañar la salud física y mental.

¿Por qué los espíritus quieren adherirse a nosotros?

Puede haber muchas razones por las que se produce una unión espiritual, pero generalmente muchos espíritus intentan buscar el consuelo, volviendo a vivir algunos de los aspectos físicos de la vida que un día tuvieron. Otros están confusos y no se dan cuenta que están muertos y quieren estar cerca de una persona viva. En este caso, simplemente desean ponerse en contacto con los vivos en busca de ayuda, sin ninguna intención de hacer daño a la persona a la que se ha unido.

Otros espíritus y entidades buscan deliberadamente la energía de las personas viva. Estas entidades pueden tener diferentes nombres, pero básicamente se alimentan de la energía emitida por las personas en el mundo físico. Estos espíritus son conocidos como parásitos astrales, ya que “roban” enormes recursos de una persona viva y drenan su energía.

Médiums y psíquicos son posiblemente las personas más expuestas a este fenómeno, ya que son canales a otras dimensiones. Pero aquellos que practican determinadas actividades ocultistas o espirituales podrían ser también propensos a una adhesión por parte de espíritus. Como hemos comentado en otras ocasiones, “juegos” como la ouija son portales que se abren y permiten la entrada de ciertas entidades a través de ellos, con el único objetivo de causar un daño irreparable a sus víctimas.

Tampoco nos debemos olvidar de las personas que tienen problemas emocionales o de salud, ya que su protección natural energética se reduce. Personas con un historial de abuso de drogas o alcohol se encuentran constantemente en riesgo de adhesión espiritual. Las drogas y el consumo excesivo de alcohol no sólo disminuyen el aura natural del cuerpo, sino que también causan brechas en su escudo protector y en la propia psique de la persona. Muchos expertos creen que las alucinaciones causadas por las drogas o el alcohol pueden ser en realidad contagios de espíritus del más bajo astral.

Tipos de entidades que pueden adherirse a una persona

Los espíritus humanos son aquellos que quedaron atrapados o bien optaron por permanecer cerca de la dimensión física. En algunos casos se quedan cerca de este plano debido a experiencias traumáticas o muertes violentas y/o imprevistas;  pero en otros casos, son espíritus negativos que decidieron quedarse en el plano terrestre, aparentemente causando el miedo entre los vivos. Estos espíritus no son entidades demoníacas; sin embargo, pueden llegar a ser muy peligrosos y la adhesión de una de estas entidades podría causar un daño en nuestras vidas.

Las entidades no humanas son energías que no han llegado a encarnarse en el reino físico. Algunos son benignos, otros extraños y desconocidos, pero no necesariamente negativos. Las formas más comunes o los nombres frecuentes para este tipo de entidades no  humanas  son “sombras”, “gente de las sombras”, “entes oscuros”, “larvas”, “bajos astrales”, etcétera.

Los elementales son seres espirituales que en ocasiones se confunden injustamente con otras entidades. Desafortunadamente, los elementales son atraídos con frecuencia por los campos de energía humana. En su forma original, los elementales no son negativos. Sin embargo, si son invocados en prácticas ocultas negativas, pueden llegar a transformar su propia energía en negativa. Además, en los lugares donde la gente ha cometido actos de violencia extrema, los seres elementales pueden absorber estas energías. Lamentablemente, muchos elementales terminan en los planos astrales inferiores debido a que son corrompidos  por la energía más negativa de los seres humanos. Así que, básicamente, cualquier ritual positivo u oración para liberar a una persona de un elemental también ayudará a este ser espiritual.

Hay varios niveles de apego espiritual que una persona puede experimentar. El primero comienza con la simple presencia del espíritu. Algunas personas aseguran tener la sensación de no estar solos, como si fueran seguidos y vigilados por una presencia invisible. En este nivel también pueden producirse fenómenos paranormales tales como extraños golpes, misteriosas voces y otros sonidos inexplicables. Hay casos donde las personas han informado ver una niebla o nube negra amenazante cerca o por encima de ellos.

En el siguiente nivel, el contagio del espíritu comienza a ser más intenso. En estos casos, las personas pueden sentir cambios de humor irracionales, depresión y sentimientos de ansiedad. En las etapas finales, el espíritu se adhiere a su víctima, causándole pesadillas frecuentes y dolor en las articulaciones, entre otros varios síntomas.

Llegados a este punto, es importante recordar que antes de pensar que alguien ha  sido víctima de una adhesión o contagio espiritual, es necesario descartar cualquier problema médico. Una vez que estemos seguros de que podemos ser víctimas de este fenómeno, lo primero que debemos hacer para la protección es empezar con buena salud. Un cuerpo sano, una mente sana y equilibrada son las bases sólidas de cualquier defensa. La razón principal es que los espíritus negativos tienen una tasa de vibración baja, pero la energía positiva y saludable vibra mucho más alto.

Y cuando un espíritu se ha adherido ya a una persona, es importante que ésta sea tratada por profesionales cualificados, ya que su vida podría estar en peligro. Hay que recordar que la adhesión espiritual no tiene nada que ver con las posesiones demoníacas. Son dos temáticas completamente distintas.

Fuente: eltemplodelaluzinterior.com

Samsara: La Rueda de la Vida

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El Samsara es este mundo lleno de dolor y tristeza tal como lo conocemos. Todos los seres de este mundo están sujetos a la ley del karma. Karma significa acto volitivo, es decir, algo que uno hace, dice o piensa y que de hecho está bajo su control. Todos los actos de este tipo tienen consecuencias morales llamadas vipaka, que significa fruto. En el Budismo tradicional, estas consecuencias pueden ocurrir en esta vida o en una vida futura.

La mayoría de los Budistas creen en el renacimiento. Para muchos, el renacimiento no es diferente de la creencia de los Hinduistas, por ejemplo, en la reencarnación o en la transmigración de las almas (pasar del viejo cuerpo que muere a uno que acaba de nacer o de ser concebido). Con un poco más de precisión, sin embargo, el renacimiento no es más que la transmisión del propio karma. Buda lo comparaba con la llama que pasa de una vela a otra. Así pues, la idea de un alma inmortal, de una personalidad continua, no es de ningún modo una parte del concepto del renacimiento.

El renacimiento y otros conceptos similares no forman parte de la mayoría de las culturas occidentales, así que muchos budistas occidentales y algunos budistas de oriente, toman el renacimiento como una metáfora, más que literalmente. El Budismo nunca ha sido una religión anclada en lo literal, así que esto no es ningún tabú. De hecho, Buda evita a menudo discutir la realidad de una u otra idea metafísica como irrelevante para la práctica del Dharma.

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La imagen que acompaña esta nota es la Rueda de la Vida tibetana, que representa el Samsara. En el centro, hay un gallo cazando a un cerdo que caza a su vez a una serpiente que trata de cazar al gallo, es decir, el deseo, el odio y la ignorancia. Alrededor de ellos hay personas ascendiendo el semicírculo blanco de la vida, junto a otras que descienden el semicírculo negro de la muerte. La mayor parte de la Rueda está dedicada a la representación de seis reinos: el reino de los dioses, el reino de los titanes, el reino de los humanos, el reino de los animales, el reino de las almas en pena y el reino de los demonios, cada reino presidido por su propio boddhisattva. La parte más exterior del círculo la componen los doce pasos del origen dependiente. La Rueda al completo está sujetada por Yama, el Señor de la Muerte.

Dr. C. George Boeree
Shippensburg University

Fuente: compartiendoluzconsol.wordpress.com

Sincronicidad: la ciencia detrás de las casualidades significativas

Algunas claves sobre la sincronicidad o las casualidades significativas

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Todos hemos experimentado coincidencias de hechos a los cuales no les solemos dar más importancia que la de una llamativa curiosidad. Estamos pensando en alguien y, justo en ese momento, recibimos una llamada suya; nos acordamos de una persona que hace mucho tiempo no tenemos en mente y nos la encontramos luego en la calle, o bien suena una canción en la radio que está muy relacionada con algo que sucede en ese justo momento. Algunas personas narran experiencias que nos pueden parecer aún más asombrosas, como soñar con hechos que luego suceden o percibir en la distancia un accidente o la muerte de alguien cercano.

Desde una perspectiva eminentemente racional, estos hechos son una cuestión de azar, casualidades a las que no hay que prestar más importancia de la que tienen. Por su parte, los hechos extraordinarios son considerados invenciones de personas que quieren llamar a la atención o interpretaciones erróneas de hechos objetivos.

Sin embargo, el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung vio, en las casualidades de hechos altamente improbables, la expresión de un fenómeno que merecía ser estudiado con rigurosidad. En este sentido acuñó el término sincronicidad, al que definió como la presentación simultánea de dos hechos que no se encuentran vinculados por una relación de causa y efecto, sino por su significado.

¿En qué consiste la sincronicidad según Jung?

El desarrollo del concepto de sincronicidad surge a partir de la colaboración entre Carl Gustav Jung y Wolfgang Pauli, un premio nobel de física y uno de los padres de la mecánica cuántica. Es por tanto un concepto en el que confluyen planteamientos de la física y la psicología. La colaboración de estos autores se vio plasmada en 1952 con la publicación del libro conjunto Sincronicidad como principio de conexiones acausales. En dicho libro se plantea la sincronicidad como un elemento clave para la comprensión de la relación entre la psique y la materia.

Jung describe tres categorías de sincronicidad: en la primera se presenta la coincidencia entre un contenido mental (pensamiento, sentimiento, un sueño) y un acontecimiento externo (se recibe una llamada de alguien en la que se estaba pensando). La segunda es la coincidencia entre una visión interna y un suceso que sucede lejos de allí (soñar con un accidente o la muerte de una persona que sucede en la realidad). La tercera consiste en tener una imagen de algo que posteriormente acontece en el futuro. Se resalta que las imágenes en las que se basa la sincronicidad no necesariamente se presentan de manera literal sino que pueden manifestarse de manera simbólica.

El pensamiento racional no acoge este tipo de fenómenos, así que a la hora de desarrollar el concepto de sincronicidad, Jung recurre a lo que se suele denominar como pensamiento oriental. Este tipo de pensamiento se encuentra relacionado a lo que usualmente nos referimos cuando hablamos de intuición.

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Pensamiento occidental vs pensamiento oriental

El pensamiento racional, mecanicista y materialista en el que se sustenta la visión de mundo occidental desde la ilustración, y que es la base de nuestras creencias, presupone la linealidad del tiempo y la causalidad de los fenómenos.

Desde este paradigma, la ciencia se cuestiona la causa de los fenómenos con la intención de controlar y predecir acontecimientos. En su metodología es esencial construir modelos y abstracciones basadas en generalidades estadísticas. Los casos aislados, los que se salen de la norma, como es el caso de las sincronicidades, son inaprensibles a partir de una aproximación estadística, por lo tanto no son contemplados por la ciencia, ni por nuestro sistema de creencias construido bajo la misma lógica e influencia.

Sin embargo este no ha sido el modo de pensar predominante en la historia de la humanidad, ni lo es aún hoy en diversos contextos culturales. Jung consideraba que la sincronicidad era un fenómeno coherente con cosmovisiones orientales, como la china de donde emergió el taoísmo o las cosmovisiones de la india milenaria, las cuales poseen una concepción del tiempo y el espacio distinta a la nuestra.

El pensamiento oriental, en el que también es necesario incluir muchas de las cosmovisiones indígenas, considera que todos los elementos del universo se encuentran vinculados formando una unidad. La realidad concreta, es decir, lo que observamos, se considera como una manifestación ilusoria de un principio subyacente. Cada elemento del universo es considerado como un reflejo de algo superior que lo engloba. El universo es visto como un gran organismo en el que cada elemento que lo compone se encuentra intrínsecamente interrelacionado y a la vez es un espejo de este. El individuo es pues considerado como un microcosmos que refleja la dinámica del macrocosmos, del universo entero.

Desde la lógica de un universo visto como una totalidad, compuesta por elementos interdependientes, funcionando bajo el influjo de un principio subyacente, al suceder un acontecimiento el cuestionamiento natural no sería sobre su origen o causa, como lo solemos hacer nosotros, sino acerca de qué otros acontecimientos pueden ocurrir de manera simultánea.

Desde la perspectiva oriental se entiende que cada momento en el universo posee una cualidad particular, con la que resuenan todos los elementos de manera sincrónica. Este tipo de lógica sería el sustento de la astrología o de los oráculos. En el momento del nacimiento de un individuo, los astros se encuentran en determinada posición y simbólicamente hay un registro de ello en cada persona, que se ve condicionada por ello.

De la misma manera, al consultar un oráculo, las cartas tarot, las señales del caparazón de la tortuga etc., no se presentan de manera aleatoria, sino que se corresponden al momento y situación particular de la que emerge el cuestionamiento; y por esta relación se le puede otorgar un significado simbólico a cada uno de estos hechos. En este esquema, la sincronicidad sería ese fenómeno que permitiría entender ese nexo entre el cuestionamiento del consultante y la composición de los elementos del oráculo.

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La dimensión simbólica en la sincronicidad

Jung resalta cómo en el pensamiento oriental se les otorga a los números, además de su función cuantitativa, una dimensión cualitativa y simbólica. Para ejemplificar lo anterior, narra un corto cuento de la tradición china sobre la historia de un reino que tenía que decidirse por entrar o no entrar en guerra. Como no había consenso, el consejo de sabios realizó una votación; el resultado fue 3 votos a favor y 5 en contra. Sin embargo, el rey decidió entrar en guerra porque el 3 era el número de la unanimidad. Los números, al igual que la sincronicidad, son considerados como intermediarios entre el mundo cotidiano y el espiritual.

La concepción de que existe un principio unificador en el universo, una extraña fuerza que es origen y motor de todo, y que brinda armonía y estructura en el caos, ha estado presente en diversas filosofías y cosmovisiones. A este principio unificador se le ha llamado Tao, Logos, Sentido y con características similares es el fundamento de las principales religiones orientales como el Taoísmo, el Budismo, Hinduismo, el Zen. A pesar de que se le ha dado diferentes nombres, todas estas descripciones sostienen que la realidad, es decir, los elementos concretos y observables, así como nuestras abstracciones duales, son la manifestación externa del Uno. La historia del universo y de la humanidad sería un despliegue de los diferentes aspectos de este principio unificador.

Se considera también que los diferentes ciclos y ritmos presentes en la naturaleza son expresión de este principio subyacente. Para el pensamiento oriental el tiempo no transcurre de manera lineal sino circular, la imagen del espiral, como la de la concha del caracol. Así, se ha considerado que el tiempo es como una expresión de los ciclos eternos de nacimiento, muerte y regeneración. Estos ciclos están presentes en la naturaleza, en la historia de los pueblos y en los individuos.

Muchos de los modelos y concepciones del misticismo oriental que han acompañado a la humanidad por miles de años, comenzaron a tener resonancias y paralelismos con las descripciones sobre la composición y dinámica de la materia, brindadas por los físicos precursores de la mecánica cuántica hacia 1920. Jung se percató de aquellos paralelismos y lo vio como una oportunidad para darle solidez argumental a sus observaciones e intuiciones sobre la sincronicidad. Por ello, decidió ahondar en aquellos estudios, intercambiando correspondencia, ideas y hallazgos con varios de los físicos precursores de la mecánica cuántica, entre ellos Albert Einstein y Wolfang Pauli.

Física cuántica, pensamiento oriental y sincronicidad

La mecánica cuántica es aquella rama de la física que se encarga de describir el comportamiento de las partículas subatómicas, es decir, de las partes más pequeñas de las que está compuesto el universo.

Un desconcierto similar al que podemos vivir cuando experimentamos una poderosa sincronicidad, es decir, que se tambalea nuestro punto de vista racional y estructurado, fue lo que vivieron los físicos a principios del siglo pasado, cuando empezaron a descubrir la extraña, o incluso mágica manera, en la que se comporta la materia subatómica.

El mismísimo Albert Einstein, que con su teoría de la relatividad revolucionó la ciencia y fue precursor de la física cuántica, se dedicó los últimos 20 años de su vida a procurar evidenciar las inconsistencias de la teoría cuántica, ya que le parecía increíble que el mundo funcionara de manera tan singular. Los estudios posteriores demostraron que, a nivel subatómico, el mundo se comporta en gran parte de un modo impredecible y paradójico, cuestionando de manera contundente nuestro sentido común.

Experimentalmente se ha verificado que si se afecta a alguna de las partículas la otra se ve alterada de manera sincrónica. Si como al parecer todos los elementos que componen en el universo, incluyéndonos, son consecuencia de una gran explosión de una masa densísima, se puede inferir que a nivel subatómico continuamos manteniendo un vínculo con el universo entero.

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Similitudes con el pensamiento oriental

La relación entre física cuántica y la cosmología oriental es un tema complejo y controvertido.

Es suficientemente conocido que las partículas subatómicas se pueden comportar en ocasiones como ondas y en otras como partículas. Quizás lo más sorprendente para nuestra mentalidad cartesiana son los resultados experimentales en los que se evidencia que un átomo puede estar y no estar en un lugar, o estar en dos lugares a la vez. También, que puede girar en una dirección y a la vez en la contraria. Todo esto recuerda al mundo de misterio de la que nos hablan tanto Jung como los místicos al referirse el principio unificador y sus manifestaciones.

El físico David Bohm postula que en el universo funciona un orden implicado, subyacente al orden desplegado, reproduciendo las diferencias que hace el budismo entre el mundo ilusorio de maya y el principio unificador. Los físicos describen también que una gran parte de la constitución de la materia que observamos está vacía, siendo este uno de los aspectos a los que alude el Tao.

Sincronicidad, fractales y Unus Mundus

De manera espontánea, la naturaleza forma ciertas configuraciones geométricas que se encuentran presentes en la forma de las hojas, los espirales de los caracoles, en las cuevas, en la forma de los huesos, los huracanes. Esta especie de patrones de configuración, conocidos también como fractales, son considerados en ocasiones como manifestación en la materia, de este principio subyacente. Los fractales o las formas geométricas arquetípicas están presentes también en algunas obras de arte y en la arquitectura.

Las configuraciones arquetípicas además de ser consideradas una manifestación de la sincronicidad, es decir de un vínculo entre el mundo físico y psíquico, pueden ser un elemento que incide en el placer estético que generan tanto la naturaleza y el arte. No pocas personas han experimentado que la contemplación de la naturaleza, de una pintura, o una escultura, el escuchar cierta melodía le ha proporcionado algo más que un placer estético, y les ha brindado una súbita comprensión no racional de la interconexión de sí mismos con el resto de elementos del universos.

Este tipo de experiencias pueden considerarse también como una expresión de la sincronicidad, cuando nuestro mundo físico cotidiano se vincula por instantes con una realidad trascendente y misteriosa.

Jung recurre al término Unus Mundus del filósofo griego Heráclito para hacer referencia a este principio unificador que también se encuentra de alguna manera presente en su concepto de inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo se puede entender como aquella “alma del mundo” de la que emergen lo patrones simbólicos presentes en la mitologías de todos los pueblos, y que como los fractales, tienden a configurar, no formas sino modos de actuación típicas. Los llamados arquetipos del inconsciente colectivo. La sincronicidad para Jung pueden ser una manifestación de un arquetipo constelado, un modo en que el alma colectiva incide en nuestra vida, promoviendo alguna vivencia, alguna perspectiva.

Para Jung los fenómenos sincronísticos estaban relacionados con momentos de gran afectividad. Es por esto, afirma, que suelen presentarse en momentos de transición como muertes, enamoramiento, viajes, situaciones en la que estamos en contradicción en nosotros mismos o en una disyuntiva ante una decisión fundamental. También pueden ser catalizados por la afectividad exaltada en una psicoterapia, y en estados alterados de conciencia, generados por elementos naturales o químicos.

Algunas personas suelen ser más proclives a experimentar sincronicidades o a ser conscientes de ellas, pero en ocasiones se presentan en personas escépticas y predominantemente racionales, abriéndoles su perspectiva y sensibilidad a una dimensión simbólica de la vida.

Para Jung, las sincronicidades también podrían formar parte de la vida colectiva, como cuando los científicos sin mantener ningún intercambio de información realizan descubrimientos simultáneamente, siendo el caso más reconocido, la postulación casi en paralelo de la teoría de la evolución por parte Darwin y Wallace.

La sincronicidad y el “poder de la mente”: el hacedor de lluvia

El pensamiento positivo y las visualizaciones (a través de la imaginación) pueden llegar ser eficaces para la consecución de objetivos concretos en algunas personas. Sin embargo, ni la física cuántica ni la sincronicidad son en sí mismos argumentos científicos a favor de lo que se suele describir como “el poder de la mente para crear realidades”, “creer es crear” y cosas por el estilo, que guardan más relación con un pensamiento omnipotente infantil que con la ciencia. El poder de la oración y de las buenas energías, por su parte, todavía permanecen en el respetable terreno de las creencias y la Fe.

La física cuántica ha evidenciado la participación del sujeto en la realidad física observada a nivel micro físico, y una interacción del ámbito físico y psíquico, pero de esto no se desprende que esta incidencia pueda llegar a ser manipulada por parte de los sujetos para obtener manifestaciones en la realidad. En el ámbito de lo micro físico funciona la lógica cuántica, pero en nuestro mundo observable sigue funcionando la física newtoniana y las grandes dimensiones se conducen a través de la lógica de la relatividad de Einstein. Estas lógicas se encuentran relacionadas pero no son extrapolables. La física se encuentra aún en la búsqueda de una teoría unificada que integre y dé cuenta de los diferentes ámbitos.

Por su parte, la sincronicidad, así como el Tao, hace referencia a fenómenos complejos, paradójicos, imposibles de reducir a frases y recetas de manual de crecimiento personal. Se alejan en todo caso de las lógicas del control, dominio, emprendimiento y progreso con el que se suele relacionar las visualizaciones para la consecución de objetivos. La lógica de la sincronicidad es más cercana al dejar suceder, al resonar y fluir con este principio subyacente, y suele expresarse de una mejor manera a través de las imágenes poéticas y literarias.

La siguiente historia de la tradición china era la preferida de Jung para transmitir la esencia de la sincronicidad y el Tao.

El hacedor de lluvia

En cierto pueblo chino no había llovido durante varias semanas, por lo que se buscó a un hacedor de lluvia. Al llegar el anciano se fue directamente a la casa que habían preparado para él y se quedó allí sin realizar ninguna ceremonia hasta que al tercer día llegaron las lluvias. Al preguntársele que como lo había hecho, explicó que al llegar al pueblo, se había dado cuenta de la ausencia de un estado de armonía, de tal manera que los ciclos de la naturaleza no estaban funcionando de manera conveniente.

Como este estado de desarmonía lo había afectado también a él, se recluyó para reestablecer su equilibrio, y cuando este equilibrio se restableció de acuerdo al patrón natural, la lluvia cayó.

Referencias bibliográficas:

Bolen, Jean Shinoda. El Tao de la psicologi´a. Barcelona: Kairo´s, 2005.
Capra, Fritjof El Tao de la fi´sica. Ma´laga: Sirio, 1995.
Franz, Marie-Luise von Sobre adivinacio´n y sincronicidad: la psicologi´a de las casualidades significativas. Barcelona: Paido´s, 1999.
Jung, C. G. La interpretacio´n de la naturaleza y la psique: la sincronicidad como un principio de conexio´n acausal. Barcelona: Edicones Paido´s, 1991.
Peat, F. David. Sincronicidad: puente entre mente y materia. Barcelona: Kairo´s, 1989

 

Fuente: absolum.org

¿Por qué el silencio es tan importante para nuestro cerebro?

Florence Nightingale, una mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó: “El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno.

El silencio contribuye a regenerar el cerebro

“Nada fortifica tanto las almas como el silencio”. – Jacinto Benavente

Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal.

En este sentido, un grupo de investigadores alemanes del Research Center for Regenerative Therapies Dresden han descubierto que el silencio tiene un impacto enorme en el cerebro. Estos científicos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.

Foto: Carlo Scherer
Además, constataron que esas nuevas células eran capaces de diferenciarse e integrarse en el sistema nervioso central para cumplir diferentes funciones. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información

Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes.

Básicamente, esa red funciona reclutando una serie de regiones del cerebro, que son las encargadas de seguir trabajando por debajo del nivel de la conciencia. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas.

reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro.

Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.

“El silencio es el elemento en el que se forman todas las cosas grandes”. – Thomas Carlyle

El silencio es el mejor antídoto contra el estrés

Las ondas del sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído, los cuales transmiten el movimiento a la cóclea, donde esas vibraciones se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El problema radica en que nuestro cuerpo está programado para reaccionar de manera inmediata ante esas señales, incluso en medio de un sueño profundo. Por eso, el ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés.

Por eso, no es extraño que un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell haya descubierto que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol.

Los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. Foto: unsplash.com
Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que:

“tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.”

Por tanto, ahora ya lo sabes: disfruta del silencio. Tu cerebro, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

Fuente: muhimu.es