Budismo: Vivir y Morir con Dignidad por el maestro Chan Sheng Yen

@solitalo

"To have much learning, to be skillful in handicraft, well-trained in discipline, and to be of good speech -- this is the greatest blessing." ~ The Buddha <3 lis

La siguiente charla del maestro Sheng Yen fue traducida oralmente por Ming Yee Wang, transcrita por Eugenie Phan, y editada para su publicación por Ernest Heau.

¿Cómo podemos vivir y morir con dignidad? Esta pregunta puede ser hecha desde las perspectivas de la filosofía, la religión, la ciencia, la psicología y la medicina. No soy un experto en esas disciplinas pero me gustaría hacer algunas observaciones sobre vivir y morir con dignidad basadas en mi entendimiento del Dharma budista.

Transformando Nuestra Percepción de la Vida y la Muerte

Normalmente, las personas no pueden controlar las situaciones de la vida o hacer que las cosas sucedan de acuerdo a sus deseos. Muy a menudo, las personas piensan que no tienen a nadie en quien confiar, ningún lugar para encontrar seguridad, ningún sitio a donde recurrir en la vida. Estos son los sentimientos y situaciones en los que la mayoría de los seres sensibles se encuentran. Sin embargo, es posible cambiar esta percepción a otra que contenga un sentido de belleza y amor y afirmar que la vida tiene significado. En este proceso, uno puede también crecer y madurar. Esta es la actitud típica y apropiada hacia la vida desde el punto de vista budista.

Habiendo dicho esto, yo debería señalar que muchos budistas piensan que la vida es básicamente sufrimiento (una carga a soportar, especialmente en relación con el cuerpo). Lo que no entienden es que el logro de la iluminación, es decir, vivir una vida basada en la sabiduría, sólo es posible si uno tiene una forma humana. Sin un cuerpo con el cual practicar, sería imposible alcanzar la liberación y la budeidad. Hay un dicho budista que reza que una forma humana es muy difícil de obtener, pero al tenerla, es una gran oportunidad para escuchar el Dharma. Por lo tanto, alcanzar la sabiduría comienza con tener una forma humana. En este sentido, los budistas que mantienen una actitud negativa hacia la vida, malinterpretan el Dharma. Con un entendimiento adecuado del Dharma, uno tratará la vida como algo muy, muy valioso.

Desde otra perspectiva, algunos budistas podrían pensar que la mejor manera de alcanzar la budeidad es renaciendo en la Tierra Pura, el Paraíso Occidental del Buda Amitabha. Pero aunque la Tierra Pura sea un reino espiritual de felicidad, uno no podría alcanzar la budeidad si permaneciera allí. Para alcanzar la budeidad, uno debe adquirir una forma humana para poder generar los votos para practicar el camino del bodhisattva. Por esta razón, todo el proceso desde llegar a ser un ser sensible común y corriente hasta seguir el camino del bodhisasttva y finalmente alcanzar la budeidad, se lleva a cabo en el reino humano.

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La Vida y la Muerte No Están Separadas

Si pudiéramos ver que vivir y morir son procesos íntimamente relacionados, podremos aceptar que los dos son inseparables (si nacemos, moriremos: el uno está íntimamente conectado con el otro). En este sentido, el nacer podría no ser considerado como algo tan alegre, pero tampoco tiene por qué ser algo peligroso. Asimismo, la muerte no necesita tampoco ser considerada como algo triste o alegre. Todo depende de nuestra actitud. Si no aprecias la belleza de la vida, entonces vivir podría considerarse como algo lamentable. Algunas personas encuentran la vida alegre, pero si no hay dignidad, ¿qué hay en ella para ser feliz? Si no conoces el verdadero significado de la muerte, entonces será triste y depresiva cuando llegue. Pero una vez que comprendas que vivir y morir son partes innatas del mismo proceso, serás capaz de encontrar dignidad en la vida así como en la muerte.

¿Cómo podemos encontrar dignidad en nuestra vida?

Una manera de contestar a esta pregunta es mirando la vida desde estas tres perspectivas: el significado de la vida, el valor de la vida y el objetivo de la vida. Si puedes experimentar esto, encontrarás dignidad en tu vida. Cuando hablo del significado de la vida, me refiero a la razón por la cual continuamos viviendo. Desde el punto de vista budista, el significado de obtener una vida es tener la oportunidad de pagar nuestras deudas kármicas de nuestras vidas pasadas. El karma dice que las cosas que hacemos son causas que crearán consecuencias. Con esta vida podemos recibir y aceptar el apropiado castigo kármico de nuestras acciones en vidas anteriores. En cualquier vida presente o futura, debemos aceptar una determinada cantidad de castigo del karma pasado. También podemos usar esta vida para cumplir con los votos de práctica que hemos hecho en las vidas pasadas. En una vida previa, si hicimos ciertas promesas y votos, esto también forma parte de nuestro karma. Entonces, en esta vida tenemos una obligación, así como una oportunidad, para cumplir con aquellas promesas previas. De este modo y desde la perspectiva budista, el significado de la vida es recibir el castigo kármico y también cumplir con nuestros votos anteriores.

El valor de tu vida no está determinado por alguien que la examine y emita un juicio sobre ella; sino que se basa sólo en tus intenciones y acciones para con el cumpliendo de tus responsabilidades, y el ofrecerte a ti mismo a los seres sensibles. Es el esfuerzo, dentro de tus límites de tiempo y energía, para ser de utilidad para los demás. Aunque sepan o comprendan tu dedicación o no, el valor de tu vida está simplemente en este esfuerzo por ofrecerte. En la sociedad desempeñamos papeles (para ser una madre aceptas las responsabilidades de la maternidad. Lo mismo para cualquier otro papel que desempeñes). La responsabilidad significa hacer lo mejor que puedas en ese papel sin esperar recompensa alguna. Podemos también ofrecernos para el beneficio del medio ambiente natural. Todas estas actividades pertenecen al reino de beneficiarse a uno mismo y a los demás, en otras palabras, practicar el camino del bodhisattva.

Tener metas significa establecer una dirección a largo plazo para tu vida, incluyendo compartirla con los seres sensibles. Eso significa continuar haciendo votos y cumpliéndolos. Si establecemos estas metas, no sólo para esta vida sino también para las vidas futuras, ya sea nuestra vida larga o corta, viviremos con dignidad.

Como sucede con la valoración, la dignidad que te ha sido conferida por los demás no es necesariamente confiable o genuina. La única dignidad confiable es la que te otorgas a ti mismo por la forma en que conduces tu vida.

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La Vida y la Muerte Son Dos Caras de la Misma Moneda

Es de utilidad el entender la vida y la muerte como dos caras de la misma moneda, como aspectos de un proceso ilimitado en el espacio y en el tiempo. Viéndolo de esta manera, no hay razón para estar tan apegado a la vida o temerle tanto a la muerte. La vida y la muerte son, por un lado, nuestro derecho, y por el otro, nuestra responsabilidad. Mientras estemos vivos, aceptemos la vida y hagamos buen uso de ella; cuando nos llegue la muerte, aceptémosla y démosle la bienvenida. Les he dicho a las personas en su lecho de muerte: “No te limites solo esperar la muerte ni tengas miedo de ella. Mientras tengas un minuto más, un segundo más, usa ese tiempo para practicar”. No deberíamos ser reacios a la vida ni desear la muerte, pero cuando sea la hora de partir, apegarse a la vida no funcionará. Por supuesto, ¡esto es muy difícil de hacer!

Desde muy temprana edad, los niños deberían aprender que así como hay vida hay muerte. Enseñarles a estar conscientes de la muerte es mejor que protegerlos de ella, no asustarlos, sino ayudarles a comprender que para todas las cosas vivas, la muerte finalmente llegará. Sabiendo que la vida y la muerte son partes del mismo proceso, nos ofrece un punto de vista más sano de la vida. Estar mentalmente preparado para la eventual llegada de la muerte es beneficioso para el crecimiento de la sabiduría. Antes de convertirse en un buda iluminado, Siddhartha Gautama fue testigo de primera mano del proceso de la vida: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Ese conocimiento le inspiró a dedicar su vida a encontrar un camino para ayudar a la gente a aliviar su sufrimiento y alcanzar la liberación. De este modo, el camino budista comenzó con el Buda Shakyamuni enfrentándose a las realidades del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Su vida muestra que si apreciamos la vida como una oportunidad para crecer en sabiduría y ofrecernos a los demás, no hay necesidad de temerle a la muerte.

El Origen y el Destino de la Vida

Las religiones y las filosofías tienen puntos de vistas sobre de dónde proviene la vida y a dónde vamos después de la muerte. Algunas personas incluso intentan emplear poderes sobrenaturales para ver las vidas pasadas y futuras. Mientras el querer ver el pasado y el futuro son típicos esfuerzos humanos, los resultados no son tan confiables. Confucio dijo que la vida y la muerte dependen del destino, pero él no estaba tan claro acerca de lo que era el destino. A pesar de que no era un budista, el maestro Laozi dijo que tan pronto como uno nace, las causas de su muerte ya están en movimiento. Él también dijo: “Apenas nacido y entrando en la muerte”. Como filosofía es bastante buena. La idea de que la vida fue creada por Dios y que morimos porque Dios quiere que regresemos a Él es también buena, porque uno puede pensar que alguien está cuidando del proceso. Una de las diferencias radica en que la mayoría de las religiones no creen en las vidas pasadas y futuras. Como budista, sin embargo, pienso que el origen de mi vida se extiende sin límite hasta todas mis vidas previas, y mis vidas futuras continuarán hasta que alcance la budeidad. Ese es el punto de vista budista en relación con el origen y destino de la vida.

Los budistas creen que la vida proviene de un pasado sin comienzo. De esta manera, si sólo miráramos a esta vida, el momento de nuestro nacimiento no es el comienzo del proceso y el momento de nuestra muerte no es el fin del proceso (nuestra vida actual no es más que un segmento de un proceso ilimitado de vida). Usemos la analogía de un turista: Hoy él está en Nueva York; mañana no está en Nueva York porque se ha ido a Washington DC. Al día siguiente desaparece de Washington porque se ha ido a Chicago. De este modo, en cualquier ciudad específica (una vida en nuestra analogía), esta persona aparece por un periódo de tiempo y luego continúa su recorrido. Pero si miras su itinerario completo, todo es un viaje. De esta manera, lo que podría percibirse como el fin de este período de vida significa realmente el comienzo eventual de un diferente período de vida (para mí, para ti, para todo el mundo). Por lo tanto, cuando ves a la vida como parte de un proceso ilimitado y continuo, no hay necesidad de sentirse tan decepcionado en esta vida.

Surgimiento condicionado

El fenómeno de la vida y la muerte puede describirse de una manera más general como el surgimiento y la desaparición de las causas y condiciones. El término budista para este proceso es “surgimiento condicionado”. Este se refiere al hecho de que todo fenómeno está compuesto de efectos debido a la miríada de causas y condiciones cambiantes que actúan conjuntamente. El resultado de las causas y condiciones que surgen y desaparecen son todos los fenómenos que experimentamos, incluyendo nuestras propias vidas. Desde la perspectiva del surgimiento condicionado, podemos hablar de tres tipos de nacimiento y muerte:

El primer tipo de nacimiento y muerte es el surgimiento y la desaparición del momento. En otras palabras, en cada instante del tiempo, hay cambios en nuestros procesos mentales y cambios en nuestros procesos corporales. Normalmente no nos damos cuenta de tales cambios diminutos en nosotros, y por lo tanto no los consideramos como “nacimientos” y “muertes”. En este tipo de surgimiento y desaparición, es sólo el cuerpo físico el que parece constante de un instante al otro. Pero las cédulas del cuerpo también están sufriendo constantemente estos procesos de surgimiento y desaparición (nuestras cédulas nacen y mueren continuamente). De este modo, en la mente así como en el cuerpo, en cada instante hay ocasiones continuas de nacimientos (surgimiento) y muertes (desaparición).

El segundo tipo de nacimiento y muerte es más fácilmente identificable: el nacimiento y la muerte de una vida. En otras palabras, la vida humana surge en el momento de la concepción y perece cuando morimos. No hace falta decir que todas las criaturas vivas experimentan la misma aparición y desaparición de sus vidas, pero ahora mismo estamos hablando en el contexto humano.

El tercer tipo de nacimiento y muerte consiste en nuestras vidas en los tres tiempos de nuestro pasado, presente y futuro. Nuestras vidas previas son incontables; nuestras vidas futuras también serán incontables hasta que alcancemos la budeidad. Cuando miramos nuestra vida de esta manera, no sólo se compone del momento en que nacimos hasta el momento en que morimos, sino que se extiende a los tres tiempos. Esto nos da algo de esperanza y consuelo porque, una vez habiendo obtenido la vida, continuaremos viviendo porque tenemos vidas futuras por venir. De este modo, si uno es infeliz y tiene intenciones de suicidio pensando que la próxima vida será mejor, ¿es esto algo bueno? No, porque cuando uno comete suicidio, está siendo irresponsable para con sus vidas pasadas, sin hacer justicia a su vida presente, y creando perturbaciones kármicas para su vida futura.

Una sola vida puede compararse con la aparición cotidiana del sol, y después con su desaparición en el horizonte por la noche. Después que se pone el sol no puedes verlo, pero todavía está allí y saldrá otra vez por la mañana. No se crea de nuevo cada mañana. Una vida es así. Cuando termina, eventualmente da origen a otra vida, como el sol saliendo nuevamente. Pero esta observación sólo se aplica a la manifestación física de una vida individual, por el hecho de que existe esta pura naturaleza Búdica en cada uno de nosotros que está siempre presente a lo largo de los tres tiempos. Como el sol, el cuerpo físico podría pasar por el proceso de aparición y desaparición, pero eso no tiene nada que ver con nuestra pura naturaleza Búdica, la que está allí incluso cuando no la percibimos.

De esta manera, como seres sensibles experimentamos aparición y desaparición dentro de los tres tiempos del pasado, presente y futuro. Cada vida puede considerarse como un segmento seguido por otro segmento dentro del proceso interminable de aparición y desaparición. Si uno permanece en este nivel, a largo plazo no se beneficiará de tener todas estas vidas preciosas. Para elevar y sublimar la calidad y el significado de la vida en los tres tiempos, tenemos que ir más allá del nacimiento y la muerte segmentado y alcanzar el nacimiento y muerte transformador, es decir, sabiduría. Eso significa practicar el Budadharma.

El nacimiento y muerte transformador se refiere a la maduración del mérito y la virtud en un practicante cuya compasión y sabiduría continúan creciendo vida tras vida. Tal persona puede ser llamada sabio, es decir, un bodhisattva o arhat. Este proceso de transformación continúa a través de los tres tiempos. En este nivel, un sabio aún puede tener un cuerpo físico o podría haber transcendido el cuerpo físico y estar básicamente empleando pura energía espiritual para cultivar el camino. La budeidad es el objetivo final de este proceso de transformación. Es el nivel en el que uno ha transcendido el samsara (el ciclo de nacimiento y muerte) y ha alcanzado el gran nirvana. Tal Buda aún puede aparecer en el tiempo y en el espacio para ayudar a los seres sensibles, como lo hizo el Buda Shakyamuni. Mientras un Buda puede manifestarse en la forma humana y de este modo experimentar la aparición y desaparición, para este Buda no hay apego al nacimiento y muerte ni a ninguna de las aflicciones relacionadas con el nacimiento y la muerte.

¿Hasta que nos convirtamos en sabios o budas, cómo podemos encontrar dignidad en la vida y en la muerte? En primer lugar, deberíamos aceptar completamente esta rara y preciosa vida que ahora tenemos. Entonces, cuando la muerte sea inminente, deberíamos aceptarla, si no con alegría, al menos con ecuanimidad. Así como deberías agradecer la realidad de la vida, también deberías agradecer la realidad de la muerte. No podemos controlar cuando naceremos y la mayoría de las veces no podemos controlar cuando moriremos. Desde la perspectiva de la conciencia budista, la mayoría de las personas viven sin claridad, y cuando la muerte está cercana, sus mentes se nublan aún más. Para estas personas, la vida es confusa e ilusoria. Hay un dicho chino que reza que vivimos y morimos como si estuviéramos en un sueño. En un nivel más elevado están aquellos que aceptan la vida, hacen lo mejor posible con ella y, cuando les llega la muerte, la acogen con coraje y sin apego. En el nivel más elevado está el practicante iluminado que “no puede encontrar ni la vida ni la muerte”, significando que para tal persona no existe tal cosa como vida o muerte.

Hasta que morimos, no podemos saber a cuál de estas categorías pertenecemos, pero mientras que estamos vivos, deberíamos intentar elevar la calidad de nuestra vida y aclarar nuestras mentes. También deberíamos estar agradecidos de que cuando la muerte nos llegue, estaremos liberados de las responsabilidades apegadas a esa vida. Aún mejor, después de que muramos, podremos usar el mérito y la virtud que hemos acumulado para avanzar hacia la vida siguiente, la que debería estar llena de alegría e iluminación.

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Enfrentarse a la Muerte con una Mente Clara

Si pudieras mantener una mente clara cuando se acerque la muerte, entonces podrás aceptarla muy valientemente y con alegría. Cualquier cosa que hayas hecho durante tu vida, sea virtuosa o no, con karma bueno o malo, estate agradecido por haber recibido el regalo de la vida. En el momento de tu muerte, no debería haber resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo. Lo pasado es pasado. Piensa en un futuro hermoso. Por esta razón, el estado mental de una persona moribunda es lo más importante. Algunas personas a punto de morir piensan en las cosas realizadas de las que se arrepienten, y en todo el sufrimiento que han causado. Ese tipo de pensamiento es bueno para una persona viva pero no tan bueno para una persona a punto de morir. Sin embargo, si te acercas a la muerte sin tener resentimiento, ni arrepentimiento, ni enfado, ni orgullo, y simplemente te esfuerzas por aceptar un futuro brillante e iluminado, es muy probable que suceda. Renazcas en los reinos celestiales o en el reino humano, podrás continuar practicando nuevamente, y ese es un futuro brillante e iluminado.

Cuando la condición de una persona a punto de morir es tal que la claridad mental no es posible, o cuando están inconscientes o en coma, los amigos y parientes deberían ayudar a esa persona con gran devoción y concentración, cantando el nombre de Buda, recitando mantras o meditando, en un ambiente tranquilo. A través de tales prácticas, empleamos el poder de la meditación y el poder de la fe para orientar la mente de la persona moribunda apartándola del miedo y hacia la seguridad, avanzando hacia la iluminación. Esto sin duda será muy útil. De este modo, para aquellos que están en su lecho de muerte y no puedan mantener la claridad mental, es importante que los parientes y los amigos ayuden a tal persona con su práctica. Y es sin duda muy útil. Yo mismo he tenido una clara experiencia de esto.

¿Qué Determina Nuestra Vida Futura?

Hay tres factores que determinarán qué tipo de renacimiento tendrás. El primero es el karma (tanto el bueno como el malo que has acumulado en tu vida actual y las pasadas). Cuanto mejor sea tu karma mejor serán tus oportunidades de un buen renacimiento. El segundo son las causas y condiciones que rodean tu vida actual y las pasadas, las que están maduras para tu próximo renacimiento. Podrías tener todos los tipos de karma pero las condiciones específicas pueden estar más cercanas a madurar en este momento. Si es así, serán las condiciones las que determinarán tu próxima vida. El tercer factor es tu estado mental al morir: ¿Qué pensamientos están en tu mente cuando te acercas a la muerte? ¿Aceptas tu muerte con alegría y gratitud? ¿Qué aspiraciones tienes para la vida siguiente? Pensamientos como estos influenciarán el tipo de renacimiento que tendrás. Por ejemplo, si a lo largo de tu vida has hecho votos, cuando te acercas a la muerte podrías repetir esos votos. Sin embargo, si nunca has tenido tales aspiraciones, será difícil tenerlas en tu lecho de muerte. Por lo tanto, los practicantes deberían esforzarse por tener buenas aspiraciones en sus mentes cuando se acerquen a la muerte. Si nuestras vidas futuras sólo dependieran del karma y las condiciones, entonces estaríamos en una situación menos fiable.

Nota del editor

Cuando el Maestro Sheng Yen habla de “votos” en esta charla, está refiriéndose a los votos en el contexto de la práctica budista. Los votos más básicos que los budistas toman son votos para mantener los cinco preceptos básicos: no matar, no robar, no tener una conducta sexual incorrecta, no mentir y no consumir productos intoxicantes. Aparte de estos, los monjes y las monjas deben tomar 250 preceptos más antes de ser ordenados completamente.

También, en la tradición Mahayana, hay Cuatro Grandes Votos del bodhisattva:
Hago el voto de liberar a innumerables seres sensibles;
Hago el voto de eliminar infinitas aflicciones;
Hago el voto de dominar el Dharma por inconmensurable que sea;
Hago el voto de alcanzar la suprema budeidad.

Estos votos del bodhisattva son secuenciales en el sentido de que para su realización, por ejemplo, el voto de ayudar a los demás (“salvar a los seres sensibles”) viene antes del voto de “alcanzar la budeidad”. Por otro lado, son simultáneos en cuanto a que en la medida que uno progresa en el camino, uno realiza todos los votos al mismo tiempo. Hay otros votos que uno puede tomar en el curso de su vida, pero como practicantes budistas en la tradición Mahayana, estos Cuatro Grandes Votos son los más importantes.

Lo más importante es comprender que estos votos hablan de la continua aspiración, intención y motivación; no son necesariamente promesas para cumplir en una sola vida.

Fuente: compartiendoluzconsol.wordpress.com

La sutil pero significativa diferencia que hace que percibamos el mundo como nirvana o que nos mantengamos encadenados al ciclo de sufrimiento del samsara

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El poeta John Milton escribió en su Paraíso Perdido: «La mente es su propio lugar, y puede en sí misma / hacer un cielo del infierno, y un infierno del cielo». La frase sugiere que la realidad de nuestra experiencia está en nuestra conciencia. E incluso las delicias de los mundos superiores y las torturas de los mundos inferiores son autoinfligidas. El paraíso, más que un mundo ulterior, es una facultad de la percepción.

El nirvana y el samsara no son del todo equivalentes al cielo y al infierno, pero de todas maneras la frase de Milton hace sentido dentro de la filosofía budista. El samsara en realidad abarca desde los infiernos a los planos divinos sin forma donde los dioses viven en un trance extático que puede durar eones, pero que, sin embargo, no es el nirvana, no es la extinción del deseo y la liberación propia de la «budeidad». Según el budismo, incluso los dioses están sujetos al karma y al ciclo de muerte y renacimiento. La razón por la que estamos sujetos a esta rueda que por definición conlleva sufrimiento (dioses, humanos, fantasmas hambrientos, animales, etcétera) tiene que ver fundamentalmente con la ignorancia. Ignorancia en gran medida de lo que Milton atisbó en la frase citada: la realidad que experimentamos está determinada por nuestra mente y las condiciones que hemos instalado en nuestra percepción. El Buda lo dijo en el Dhammapada:

Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos.

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Con nuestros pensamientos construimos el mundo.
Habla o actúa con mente impura y los problemas te seguirán como sigue la carreta al buey ensimismado.

En estas pocas líneas se encuentra la esencia del dharma, versos que son hologramas de todo el sutrayana. Una filosofía ética extrapolable a todo tipo de circunstancia, que tiene el gran sello del Buda, quien no sólo es un lúcido moralista, sino un penetrante psicólogo (¡cosas que vienen por descontado cuando se alcanza la omnisciencia!). Partiendo de esta base, que es un conocimiento profundo de la mente, con el que se revela que nuestros pensamientos y las intenciones que los informan son los ladrillos, por así decirlo, del mundo que experimentamos, podemos explicar la diferencia entre el nirvana y el samsara. De una manera muy sencilla, la diferencia entre el nirvana y el samsara es la sabiduría (nirvana) y la ignorancia (samsara) de la naturaleza de nuestra mente, es decir, saber o no saber que son la cualidades de nuestro pensamiento y las consecuencias de los mismos las que determinan la cualidad de nuestra experiencia, esto es, nirvana o samsara.

Todo el plano del samsara, en su infinito girar, surge de la ignorancia, según explica el budismo con la noción de la «originación» dependiente. Es a partir de la ignorancia que se generan los deseos que serán el combustible que mantiene corriendo todo este multiverso samsárico, el cual es descrito por el Buda como poseído por un fuego que todo lo consume. El nirvana es justamente la extinción de este fuego ilusorio que viene de los seis campos sensoriales. ¿Qué es lo que ignoramos que mantiene al mundo ardiendo? En gran medida es desconocer que perseguir los deseos (producidos por las impresiones sensoriales) sólo trae sufrimiento ya que las cosas en este mundo, ondenadas a consumirse por este fuego espectral, son todas impermanentes. «El único placer es acabar con el deseo», dice el Buda en el Dhammapada.

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Otra forma de explicar esta ignorancia que produce el samsara es desde la naturaleza misma de la percepción, investigando la raíz misma desde la cual surgen los objetos que conforman el samsara y que perseguimos fantasmagóricamente o, utilizando una metáfora tradicional, como venados tratando de saciar su sed con el agua de un espejismo y, una más moderna, como galgos en una carrera correteando un conejo de metal. El budismo, particularmente algunas escuelas tibetanas que han analizado minuciosamente la dualidad de la percepción, sostiene que es un error perceptual concebir el mundo como dividido en sujetos que perciben objetos. En realidad (se dice en los textos budistas) no existe más que la vacuidad que es igual a la mente y de la cual todo surge como una aparición mágica, un arco iris, una burbuja, etcétera. El deseo que alimenta el samsara, al buscar aprehender sensaciones y poseer objetos, es el resultado de este estado de percepción dualista que predomina en el mundo que experimentamos comúnmente. Simplemente, si no hubiera objetos que surgieran en nuestro campo de percepción como separados, sólidos y estables, no se echaría andar este proceso de perseguir sensaciones, buscar saciar inútilmente el deseo que producen e identificarnos con un yo individual que, al estar separado de los objetos que desea y los cuales además son efímeros, necesariamente se enfila al sufrimiento. Es esta ignorancia (separar el sujeto del objeto, la mente del cuerpo, el hombre de la naturaleza, etc.) la raíz del sufrimiento que genera la ilusión (de tomar las cosas como reales, sólidas, separadas, etc.) y del mismo karma que se produce cuando la acción es enardecida por la volición o el deseo de la mente, así avivando las llamas del samsara.

El estado de no dualidad perceptual, que reconoce que todas las cosas son la unidad de la vacuidad y la mente (o también del espacio y la luz que se desdobla como todos los fenómenos) es descrito de diversas formas por el budismo tibetano, pero uno de los términos más utilizados, particularmente por el dzogchen, es rigpa, una palabra muy difícil de traducir, pero que tiene esencialmente una connotación de una percepción no dual o

cognosción prístina (primordial, natural, desnuda, intrínseca etcétera). Rigpa es análoga a la palabra sánscrita vidhya, que significa conocimiento o claridad. Se habla entonces en el budismo tibetano de los vidhyadara o los rigdzin, quienes son los que han logrado estabilidad en este estado de conocimiento no dual (es decir, que habitan en rigpa).

El traductor y practicante del dzogchen John Myrdhin Reynolds, en su comentario a su traducción del texto Self Liberation Through Seeing with Naked Awareness, donde el gran maestro Padmasambhava introduce al estado natural de la mente (rigpa), hace una importante anotación que permite recapitular lo que hemos mencionado anteriormente.

¿Qué es la ignorancia? Es no saber cuál es nuestra condición, nuestro Estado Primordial. Al no saber quién realmente somos, al no reconocer nuestra verdadera naturaleza, nos aferramos a las apariencias y las perseguimos, y así caemos atrapados otra vez en el ciclo de la transmigración. La ignorancia sólo engendra ignorancia. Nuestra liberación de este ciclo sin principio del samsara no ocurrirá de manera automática o inconsciente. Dejado a sus propios medios, el samsara no evolucionará a un climático punto Omega, ni culminará en una stasis inmutable o en un paradisíaco reino de Dios. Esto es así debido a que las causas perpetuamente generan nuevas condiciones, las cuales, a su vez, generan nuevas causas, por lo que el proceso prosigue interminablemente. El samsara no es un sistema cerrado finito; las fuentes de su energía son inagotables.

Pero, aunque el samsara no tiene principio ni final en sus propios términos, podemos

hablar de lo opuesto del samsara como el nirvana. Si el samsara significa existencia condicionada (samskrita-dharma), entonces el nirvana significa existencia incondicionada (asamskrita-dharma). Lo que se extingue al entrar a al estado de nirvana son las  mismas condiciones que determinan nuestra existencia limitada y restringida o, para ponerlo en términos más psicológicos, se extinguen las causas kármicas de nuestra particular visión kármica que determinan cómo percibimos la realidad. Si la causa del samsara en general es la ignorancia, entonces el nirvana representa el opuesto: sabiduría o gnosis. En tibetano la traducción de la palabra sánscrita avidhya que signfica ignorancia es ma rig-pa-, y por lo tanto lo opuesto de esto es rig-pa, que no es conocimiento en el sentido de saber esto o aquello, sino en el sentido de «cognosción intrínseca» [intrinsic awareness]. Es la capacidad de la mente de darse cuenta y estar presente. Este es el sentido especial del término en el contexto del dzogchen, mientras que en el tibetano suele tener el significado de «inteligencia» o «ciencia». Es este rigpa, esta cognoscitividad intrínseca, lo cual es el tema de este texto de Guru Padmasambhava.

De lo anterior se deriva entonces que el estado de rigpa, de gnosis intrínseca, necesariamente no produce karma, está libre del deseo y por lo tanto de los compuestos y condiciones que generan las acciones. La única diferencia entre el samsara y el nirvana es este conocimiento de la propia naturaleza que necesariamente también se traduce en una forma de percepción no dual. De aquí que se diga, sin equivocarse, que en realidad samsara es nirvana. El mahasiddha del siglo VIII, Saraha, escribió en su poema tántrico Tesoro de Canciones:

 

Como es Nirvana, es Samsara.

No pienses que existe una distinción.

Sin embargo, no posee una naturaleza singular.

Lo conozco como sumamente puro.

No te sientes en casa, no vayas al bosque,

Reconoce la mente donde sea que te encuentres.

¿Cuando uno habita en la completa y perfecta iluminación,

dónde está el Samsara, donde está el Nirvana?

[…] No divagues en esta cuestión del sí mismo y del otro.

Todo es Buda sin excepción.

 

Siguiendo esta tradición de budismo no dual tenemos que el nirvana no existe en un remoto más allá, como un estado trascendente o como algo que aguarda al final de un duro camino de méritos y logros. El nirvana es la realidad pura, inmediata, sin obstrucciones u oscurecimientos. La diferencia entre el nirvana y el samsara es la de un espejo bien pulido y la de un espejo sucio, o la de ver la Luna en en un lago quieto y diáfano o verla en un charco agitado por el viento y oscurecido por el lodo.

Twitter del autor: @alepholo

El mundo detrás de lo visible: el Plano Astral y los Registros Akásicos

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El mundo espiritual

Gran diversidad de creencias, que seguramente incluyen a prácticamente todas las religiones de la Historia, consideran que el mundo es más de lo que vemos. Que la realidad material a la que estamos atados no es sino un reflejo de nuestras propias limitaciones, las cuales podemos o estamos destinados a romper. Ya sea en forma de la iluminación buscada por el budismo, de la muerte designada por Dios y que lleva a su compañía en el cristianismo o islamismo, o de la comunicación con los antepasados y el viaje a realidades alternas en muchos tipos de chamanismo, siempre la humanidad considera que hay un “más allá” y busca de manera incesante contacto con él.

 

Este mundo espiritual, según algunas creencias de la teosofía y la antroposofía, estaría constituido no poder entidades divinas equivalentes de alguna manera al hombre (como suele representarse a las deidades) sino por información. Información sobre el universo que nos rodea, sobre los entes espirituales que nos componen, sobre todo aquello que necesitamos para alcanzar el verdadero conocimiento.

Se encuentran allí los Registros Akásicos.

Registros Akásicos

Se conoce como Registros Akásicos a un compendio de conocimientos profundos sobre el Universo que incluyen todo lo que ha sido, todo lo que es y todo lo que podría ser. Estos registros se encuentran en un plano no material de existencia conocido como el “Plano Astral” al que en teoría todos los seres humanos tenemos acceso, pero que solo unos poco privilegiados habrían visitado.

Fueron investigaciones del siglo XIX las que llevaron a la  postulación de estos registros como un conocimiento que habrían compartido innumerables culturas ancestrales incluyendo los druidas, los sumerios, los egipcios, los incas y los tibetanos entre muchas otras culturas. De acuerdo con varias fuentes, incluso en la Biblia aparecería registro de esta información en forma del llamado “Libro de la Vida”.

 

Pero, ¿qué son exactamente los Registros Akásicos? ¿Qué los compone?

 

El Plano Astral y la información del Universo

Estamos hechos de información. Incluso en el plano material, nuestro ADN no es más que un compendio de información genética destinada a constituir nuestros cuerpos y nuestra realidad física.

El Plano Astral, constituido en el “éter” (algo así como un vacío en el que algo existe), no es más que los rezagos de cada acción de cada ser espiritual en el mundo, restos que dejan una resonancia que otro ser puede leer… si se ubica en el plano adecuado. Dentro de estas “tablillas indestructibles”, entonces, estaría escrita la historia del mundo.

Pero uno no puede acceder a este conocimiento con fines meramente educativos, no digamos con objetivos maliciosos. Es necesario estar en tranquilidad y buscar allí con el propósito de conocerse: la información del mismo ser, por lo general, será la primera en salir a la superficie.

De acuerdo con quienes han visitado este territorio, es también fundamental llevar de antemano la aceptación: muchos se encuentran con hechos de sus vidas pasadas que resultan duros, y si no están en capacidad de aceptarlos e interiorizarlos de antemano no serán revelados ante ellos.

Acceder a la información propia, según dicen, es relativamente sencillo y no requiere más que una “intuición bien desarrollada”.  La meditación, la capacidad de mantener la mente en blanco, es fundamental, pues solo cuando estamos en paz podemos recibir las tenues señales del universo. Además de estas cosas, las motivaciones para acceder son la llave de la sabiduría: quien ingrese con un motivo que no sea el autoconocimiento y la comprensión no obtendrá nada.

Revisar los registros universales resulta, según parece, más complejo: solo los ya iniciados en sus propias escrituras pueden aprender a hacerlo. En el mismo proceso se encuentra el secreto, que nadie parece querer revelar.

Fuente: elpensante.com

Glándula Pineal: ” El secreto de nuestro tercer ojo es uno de los mayores encubrimientos de la historia humana”

la-glandula-pinealEl tercer ojo está vinculado al conocimiento y el despertar de la conciencia, este símbolo está presente en grandes cantidades en las antiguas culturas del mundo. Muchos de ellos han adaptado su representación y su nombre, pero su significado subyacente se mantuvo intacto.  El tercer ojo está vinculado al conocimiento de uno mismo, la esencia espiritual del ser humano y se utiliza incluso como un emblema de la “start” en estos temas.

El descubrimiento de este símbolo en todos los rincones del planeta parecen demostrar la existencia de una disciplina / sola religión, en el pasado distante, que habría transferido este conocimiento a las diversas culturas del mundo.

La gran pregunta es: ¿Por qué ahora las grandes religiones participan en el encubrimiento de tales doctrinas que ha sido muy publicitadas en el pasado?

Mira el video para aprender más:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=H_kVH4-Qomk&w=560&h=315]

NO HACER NADA

Resultado de imagen de osho dia a diaSi podéis no hacer nada, eso es lo mejor.
Requiere mucho coraje no hacer nada. Hacer no requiere mucho coraje, porque la mente es una hacedora. El ego siempre anhela hacer algo… mundano, espiritual, el ego siempre quiere hacer algo. Si estáis haciendo algo, el ego se siente perfectamente bien, sano, en movimiento, disfruta.
Nada es la cosa más difícil del mundo, y si podéis no hacer nada, eso es lo mejor. La misma idea de que tenemos que hacer algo es básicamente errónea. Tenemos que ser, no que hacer. Lo único que yo le sugiero a la gente es que se ayude a conocer la futilidad de hacer, para que un día, por puro agotamiento, caiga al suelo v diga: «¡Ya es suficiente! No queremos hacer nada». Y entonces comienza el verdadero trabajo.
El trabajo verdadero es ser, porque todo lo que necesitáis ya lo tenéis, y todo lo que podéis ser ya lo sois. Aún no lo sabéis, es verdad. De modo que lo único que necesitáis es hallaros en un espacio tan silencioso que podáis caer hacia vosotros mismos y ver lo que sois.

OSHO

Fuente: osho.com

Primero el Alma se enferma y le sigue el Cuerpo

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Primero el Alma se enferma y le sigue el Cuerpo

Entrevista a Ghislaine Lanctôt sobre medicina y salud

«Es el estado del alma lo que determina la salud mental»
Fecha del artículo 3/3/2007 / Fecha de alta en Natural 2/3/2007

Desde que Ghislaine publicó su primera obra en la que pone en tela de juicio el funcionamiento del sistema médico –por ocuparse de la enfermedad, más que de la salud–, muchas conciencias han quedado inquietas. Para avivar estos temas, la autora, que transmite paz y seguridad, nos ha concedido un poco de su tiempo para compartir con los lectores su filosofía de vida.

Ghislaine Saint-Pierre Lanctôt nació en 1941, su padre y su abuelo eran farmacéuticos y ella empezó la carrera de Medicina para complacerles. «Yo quería ser filósofa. Pero creía que lo de pensar no iba a aportarle nada a la gente. Pensé, voy a hacer algo útil, que beneficie a la población, y como me crié en este ambiente decidí hacer la carrera de Medicina. Al final he dejado todo eso y lo que hago ahora es lo que quería hacer desde el principio».

Guislaine está divorciada y tiene cuatro hijos. «Lo que a mí me abrió los ojos –continúa la escritora– fue mi divorcio. Es lo que me despertó. Cuando los niños se marchaban a casa de su padre tenía tiempo para mí, no sabía lo que era eso, me había olvidado de mí misma. Yo trabajaba pero me ocupaba mucho de la familia, para mí era la prioridad. Entonces, como un fin de semana de cada dos, no tenía a los niños, estaba obligada a ocuparme de mí misma y es así como empecé a evolucionar, a conocer gente y a descubrir cosas, a salir de la prisión de la familia. Después de esto, viví seis años en Estados Unidos. Yo nací en Montreal (Canadá), pero entre 1984 y 1990 estuve en Estados Unidos. Esta experiencia me abrió los ojos sobre lo que es el negocio de la medicina porque es así como lo llaman allí. Aquí en Europa y en Canadá hacen creer que es como trabajar por el bien del enfermo, que es un tema social.

A la vuelta de Estados Unidos, escribí La mafia médica cuya primera edición se publicó en 1994».

El colegio de médicos le puso una demanda, el proceso duró un año y desde entonces la escritora imparte seminarios para que la gente entienda y tome conciencia de que es el estado del alma lo que determina la salud mental. «Cómo mejorar el estado de mi alma para mejorar el estado de mi cuerpo», dice Ghislaine.
Pregunta: Su visión actual de la salud es completamente distinta a cuando era médico ¿En qué momento y por qué dio usted un giro radical a su carrera?
Respuesta: A lo largo de los años empecé a ver cosas que no me parecían sensatas, que no tenían lógica, como por ejemplo, seguir dando medicamentos aunque no funcionaran, aunque no se curara la persona. Yo no entendía, por ejemplo, como en un cáncer se aplicaba la quimioterapia si lo que hace es enfermar aún más a la persona que acaba por morirse de todos modos.
Cuando aparecieron las medicinas suaves pensé que eso era interesante, y yo he ido a encontrarme con personas que practicaban la medicina alternativa y entonces me di cuenta de que lo que hacían era muy interesante, incluso mejor que lo que hacíamos nosotros en la medicina convencional. Esas personas me acogieron, me mostraron lo que hacían, cómo actuaban. Y yo pensé: ¿por qué no nos han enseñado esto a los demás médicos? ¿Cómo puede ser que no lo enseñen en la facultad y que además a estas personas las tachen de charlatanes y de estafadores?
Yo me encontré con ellos y vi que eso no era cierto, no eran charlatanes. Así fue como me empecé a plantear cosas. Cuando acabé la carrera de Medicina yo estaba convencida de que hacia el año 2000 ya no habría más enfermedad en el mundo, tenía una confianza ciega en la medicina que me habían enseñado. Sin embargo, veía que el tiempo pasaba y que la salud de las personas iba empeorando. Me percaté también de que medicamentos que no funcionan se siguen recetando, y que se practicaba una guerra en contra de las medicinas alternativas. Además, yo era flebóloga y había abierto centros de flebología en distintos lugares del país, lo que me llevó a experimentar de cerca el negocio de la medicina tradicional. Y ahí sí que entendí muchas cosas.
P: ¿Qué papel juegan para usted las medicinas alternativas?
R: Las medicinas alternativas producen un bienestar más interesante que el que proporciona la medicina convencional. La medicina convencional corta, quema y envenena. Corta con las operaciones, envenena con la “quicio” y con los rayos. Las medicinas suaves pueden poner orden de forma temporal en el cuerpo, pero como el problema está en el alma, antes o después habrá que afrontar el problema del alma.
Es el alma quien enferma a los demás cuerpos. Por ejemplo: mi trabajo ya no me conviene, tengo náuseas por la mañana cuando pienso que tengo que ir a trabajar, entonces empieza a dolerme la espalda, las rodillas, la tripa… Puedo ir a ver a alguien que practique la medicina suave, va a ayudar a mi cuerpo, puedo tener tratamientos de técnicas energéticas que ayuden a mi cuerpo emocional y mental; pero hasta que no solucione lo que pasa con mi trabajo voy a seguir enfermando porque mi alma me dice «sal de aquí». Es interesante, porque el alma entrega un mensaje cada vez más fuerte y cuando no lo entiendes “te lanza un ladrillo a la cabeza”: un accidente de coche, un divorcio, alguien que muere en la familia, una enfermedad, perder el trabajo… Algo fuerte para que tú reacciones.
P: Desde su punto de vista como «médica del alma» ¿cree que hay alguna solución a este tipo de enfermedades?
R: Nunca es demasiado tarde, la sanación puede ocurrir en cualquier momento.

P: ¿A usted le va bien esta filosofía de vida?
R: A mucha gente le funciona, no sólo a mí. No es el médico el que puede sanarme.
P: Cada vez hay más casos de cáncer cuyos enfermos reciben quimioterapia. ¿No cree que en algunos casos la quimioterapia cura?
R: La quimioterapia es veneno. Normalmente no hace bien a nadie. Hay que saber que hay siempre un conflicto, cualquier enfermedad es psicosomática. Siempre hay un conflicto a raíz de una enfermedad, pero si yo identifico el conflicto y lo soluciono, la enfermedad se va. Así entendí que la medicina esta totalmente controlada por el dinero. Entonces, lo que nosotros hacíamos como médicos era enfermar más a las personas para así generar ganancias para la industria. Entonces, ¿qué es la salud? En la facultad sólo me enseñaron lo que es la enfermedad. Entonces, ¿qué es gozar de buena salud?

Yo llegué a la conclusión de que el cuerpo sólo manifiesta el estado del alma. Y cuando mi cuerpo está enfermo es porque mi alma está enferma. Entonces el cuerpo por sí solo no enferma, es como un espejo que refleja lo que pasa dentro. Para ver mi alma, miro mi cuerpo y veo lo que hay en mi alma. Entonces no sirve de nada tratar sólo el cuerpo. Hay que mirar el alma, ¿qué es lo que no funciona en el alma, cuál es la enfermedad del alma? Es la guerra.
Porque mi alma me dice internamente que haga algo y mi ego me dice que haga lo contrario. Entonces hay una guerra interna. La enfermedad es siempre la manifestación de un conflicto dentro de mí. Hay dos aspectos: el cuerpo y el alma. ¿Qué quiere el alma? El alma quiere la emancipación del Ser y el cuerpo quiere la seguridad del haber, del tener. Cada uno tira por un lado, el estrés significa la guerra interior. Cuando trato el alma, todo el cuerpo se alinea sobre este equilibrio. No quiero decir que no haya que cuidar el cuerpo físico, sino hacer las cosas en el orden correcto. Primero el alma, después el cuerpo mental, después el cuerpo emocional y después el cuerpo físico. Y lo solemos hacer al revés. La medicina convencional se encarga del cuerpo físico, y no trata el resto.
P: ¿No cree que la propia sociedad demanda que el médico se ocupe del cuerpo físico y le dé una medicina para el dolor?
R: La sociedad misma, nosotros somos los que creamos esta mafia a nuestra imagen y semejanza. El problema es que damos prioridad al «tener» sobre el «ser», ése es el desorden, priorizar el cuerpo en vez del alma. Para volver al orden hay que dar prioridad al alma en lugar de otorgársela al cuerpo, eso genera orden, paz y salud.

P: Eso es mucho más complicado que tomarse una pastilla…
R: Cierto, pero ¿qué hace una pastilla? Te da la ilusión de que estarás mejor, pero con el tiempo reaparecen los síntomas.
P: En el caso del paludismo, por ejemplo, alguien sano se enferma por beber agua contaminada, ¿también en este caso insiste en su teoría?
R: Esto es válido para todo. No hay ningún microbio exterior que haga enfermar, soy yo la creadora de mis enfermedades. Y ésta es la verdadera enfermedad del alma, el no saber que soy yo quien la está creando. Como yo pienso que no soy responsable, me imagino creadores exteriores: microbios, tumores, etc. Por ejemplo un simple catarro: hace frío, me cojo un catarro. Y puedes tener un catarro en verano, es un sinsentido, no tiene nada que ver con el frío. Con esta estructura de pensamiento voy generando la guerra hacia los factores exteriores. Y por eso se crearon las vacunas. ¿Qué son las vacunas? Dar la enfermedad de forma más debilitada para que el cuerpo reaccione. Es decir, no tengo la enfermedad pero si algún día la contraigo, sería menos grave porque ya me he puesto la vacuna. Te voy a dar otro ejemplo, tengo miedo de que mi hija sea violada. Entonces le voy a dar un violador debilitado, entonces si un día la violan será menos grave porque habrá tenido un pequeño violador y entonces estará preparada. La vacuna funciona igual. Es algo de locos. Vivir en el desorden lleva a este tipo de locuras. Por ejemplo, la gripe aviar. ¡Es extraordinario! Cerca de donde vivo había una experta muy seria que vino de parte de las autoridades médicas y nos ha dado cifras: en el plazo de nueve años se murieron cerca de 152 personas de gripe aviar en el mundo, solo en Canadá mueren cada año 10.000 personas por errores médicos, no de enfermedad sino de equivocaciones. ¡Yo creo que más bien habría que vacunar a los médicos! No hay epidemia, no hay nada. Entonces se ha creado una pandemia a escala mundial, en la cual se han gastado millones de dólares para tratarla pero no hay nada. Esto está en preparación desde hace muchos años. Llevamos de cinco a siete años oyendo hablar de una pandemia. ¿Cómo se puede anunciar que va a haber una pandemia? Una epidemia surge, ocurre, pero no la puedo prever, es un montaje.
P: Pero la gente tiene miedo…
R: Sí, es una forma de manipulación mental para llevarles a pensar que va a ocurrir una epidemia. Y un día, cuando ocurra, las autoridades dirán que ya lo habían previsto. Es algo que está preparado desde hace mucho tiempo, hay un proceso escondido detrás de esto. Yo no sé exactamente lo que es, puede ser, por ejemplo, ponerle a todo el mundo un chip electrónico porque cuando hay una campaña de vacuna se puede poner cualquier cosa en la jeringuilla. Así que es posible que haya una estrategia que consista en decir que hay una epidemia y que hay que vacunar a todo el mundo y entonces pondrían el microchip. Yo estoy segura de que hay algo detrás, un propósito escondido en decir que hay una epidemia y que hay que tener cuidado. Es una hipótesis. De todos modos sea para lo que sea el propósito es el control sobre la población.
P: ¿Tiene todo esto algo que ver con la trilogía de la mentira de que habla en su libro La mafia médica?
R: Hablo mucho de las vacunas en el libro y lo que yo digo a este respecto en el libro, es lo que desencadenó la ira del colegio médico. Porque las vacunas no se tocan, son sagradas, puedes hablar de cualquier cosa; la industria, los medicamentos… pero cuidado con las vacunas. Porque las vacunas otorgan importantes ganancias a la industria, pero a las personas les puedes transmitir cualquier cosa. La vacuna es un medio para producir genocidios con un blanco específico.
Cuando se quiere distribuir a un pueblo o a una raza, la administran, mira lo que está ocurriendo en África. Ellos lo llaman sida, pero ¿qué significa sida? «Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida». Entonces es el propio sistema inmunitario que se ha debilitado, de modo que cualquier afección es mucho más grave.
P: ¿Quién está detrás de toda esta estrategia?
R: Los que mandan. Hay un gobierno mundial que tiene todos sus ministerios, para la salud es la OMS, pero también están la UNESCO, UNICEF, FAO, FMI, Banco Mundial, etc. Todos los países miembros de la ONU obedecen las órdenes del gobierno mundial.
P: ¿Ve solución para esta situación?
R: Sí, sino mal vamos. La solución que yo propongo en el libro es la soberanía individual. Es tomar conciencia como persona individual de que soy yo la que tiene el verdadero poder. Por ejemplo, los McDonald’s, cuando la gente deja de ir a estos restaurantes. Si yo dejo de comprar y de dar dinero a las multinacionales ya no valen nada, no ganan dinero. Si los enfermos dejan de ir al médico, se derrumba el sistema médico, si dejo de pagar impuestos no hay gobierno. Entonces ¿dónde está el verdadero poder?, en la persona y la palabra SOBERANÍA, significa el poder último, el más alto, que siempre hemos pensado que estaba fuera y está dentro de nosotros.
Si pensamos en el poder más elevado, pensamos en Dios. Y ¿qué es Dios? Es el espíritu que crea todo el universo y esto está dentro de uno, no fuera. La solución viene cuando yo tomo conciencia de quién soy verdaderamente y que voy a comportarme tal y como yo soy, encontraremos la salud perfecta y la inmortalidad, que es más interesante que morir ¿no?
P: Y ¿Cuál es el primer paso que debemos dar?
R: Primero empieza por tomar una decisión, que consiste en dar rienda suelta a mi alma, es mi alma quien manda y no el ego, entonces dejo de pelearme, escucho lo que me dice mi alma. Por ejemplo, mi alma me dice: «deja este trabajo, ya no resuena contigo, deja de hacer eso»; pero el ego me dirá: «No, ¿estás loca?, tienes que pagar el alquiler, sostener la familia, ser buena madre…». Esa es la guerra, entonces dejo de pelear y escucho a mi alma. Y el ego empieza a agitarse y a ponerse inquieto ¿qué va a pasarme? Quiere controlar, es su función. ¿Qué va a ser de mí? Pues no lo sé, soy yo la que va creando qué va a pasarme. ¿Me voy a pelear conmigo misma? No, voy a hacer las paces.
Algo que se puede hacer varias veces al día y que mejora automáticamente cada vez la salud, es decir la verdad. Mentimos todo el tiempo, pero incluso sin darnos cuenta, estamos tan acostumbrados a hacerlo… tenemos mentiras gordas y otras que se llaman «medias verdades», pero la mitad que falta es una mentira. Y hay otra categoría de mentiras que son por omisión. Y esto se llama un secreto. A veces mi hijo viene a verme y me dice: «Mamá, tengo que decirte algo, pero no se lo digas a nadie». Si es un secreto y tú no puedes guardarlo, no me pidas a mí que lo guarde. Si para ti es un secreto y me lo transmites a mí porque pesa mucho sobre tus hombros, yo tampoco lo voy a guardar.
Son cosas del día a día. Si me quedo en la mentira y siempre estoy mintiendo, poco a poco voy destruyendo mi salud. Miento y me miento porque tengo miedo, es el ego el que miente, el alma nunca miente.
Si voy buscando el amor exterior, sufro. Si vivo con amor por mí, enfocado hacia mi interior, no por miedo de lo que la gente pueda pensar de mí, mi salud mejora.
Por ejemplo, toco aquí y siento un bulto en el pecho. Tengo dos posibilidades o me quedo aquí quieta y no hago nada, o me voy corriendo al médico. Si voy al médico me va a decir que tengo un cáncer. En la mente está escrito «Cáncer igual a muerte». Entonces si yo he sentido miedo y he ido al médico, el doctor me ha asustado aún más y me recomienda quimioterapia. A mí eso no me agrada porque la gente que conozco que se la ha hecho se pone verde, siente náuseas, no tiene pelo y tienen un estado muy debilitado y triste. Entonces cada vez tengo más miedo, cada vez estoy más enferma y cada vez me acerco más a la muerte.
Eso ocurre si tomo la opción del médico. En el otro caso mi cuerpo me muestra que hay un conflicto interno, el bulto en este pecho es un regalo que me hago a mí misma, no quiero quitármelo, es mi espejo el que me está indicando algo. Le voy a decir al bulto: ¿qué tienes que decirme?, háblame. Gracias por manifestarte. Te escucho, háblame de mi conflicto. Entonces yo digo a mi alma: te dejo libre. Voy a vivir y sentir el miedo a morir. De esta forma yo puedo sanar definitivamente, no una remisión temporal si no una verdadera sanación.
Por ejemplo, ¿qué es un divorcio? Una ruptura. Algo me dice: «no, no te tienes que divorciar, quédate junto a esa persona» y algo me dice: “no, ya se acabó”. Actualmente hay más divorcios porque la conciencia se eleva y la gente hace más caso a sus sentimientos. El divorcio y dejar un trabajo no son buenas opciones para la seguridad del haber. Hay cada vez más personas que dejan carreras brillantes porque ya no le encuentran sentido a lo que hacen. Es normal porque la conciencia se eleva.
Si no hago caso a mi alma y sigo en ese trabajo me enfermo y cuando voy al médico me manda antidepresivos. ¿Y qué son los antidepresivos? Son drogas que hacen que yo ya no sienta nada. «Mi trabajo bien, seguiré con él». Con ayuda de estas pastillas soy efectivo y puedo seguir pagando la hipoteca.
Algo que causa mucho estrés es el endeudamiento de las familias. Una manera de sanarse es salir de este sistema de endeudamiento porque supone esclavitud. Es la «simplicidad voluntaria», es un movimiento social de gente que lo adopta deliberadamente. Yo no lo recomiendo como movimiento social, pero sí como medida temporal para salir de esta trampa. De forma que, las necesidades materiales dejan de ser la prioridad en mi vida y más bien es el alma lo prioritario. La «simplicidad voluntaria» consiste en reducir las necesidades materiales. Por ejemplo si tengo una casa grande con una hipoteca muy elevada, un cochazo a juego con la casa, hijos que visten de marca, van a una escuela privada, etc. Todo eso cuesta dinero y tengo que seguir trabajando, pero ya no me gusta mi trabajo y ahí estoy preso… y eso es un estrés tremendo. La persona piensa que no tiene salida: «si dejo mi trabajo ya no seré capaz de ofrecer caprichos a mis hijos, perderé a mis amigos “pijos”, mi prestigio, mi mujer, reputación…» No se puede imaginar la vida sin nada de eso, pero es posible. Vendo la casa, vendo el coche, vamos a una casa más pequeña, los niños dejan de ir al colegio privado y se les manda a uno público y así tengo tiempo para mi alma. Eso es realmente la salud, esas cosas de la vida cotidiana son las que hacen que mi salud esté mejor o peor.
P: Usted demostró ser muy valiente cuando escribió el libro “La mafia médica”, que le costó la expulsión del colegio de médicos, supongo que vivió un conflicto importante. ¿Cómo se decidió a dar el paso?
R: Yo sabía que publicando ese libro se acababa para mí la carrera de medicina. Yo me acuerdo de ese momento y me dije: «Si no escribo este libro, me muero». Quizás no hubiera muerto rápidamente, pero sí a nivel del alma. No fue tan difícil, más difícil fue dejar mi papel de «buena madre».
P: ¿A qué se refiere?
R: Mis niños ya no lo son, ya no soy madre. Tuve que dejar de preocuparme por mis hijos. Un pasaje importante fue que mi casa ya no era más su casa. Yo tengo dos hijas y cada una de ellas había dejado en mi casa dos tazas para el desayuno. Hace más de un año llegó una amiga y me ofreció dos tazones, no tenía sitio para ponerlas todas y decidí quitar las tazas de mis hijas. ¡Eso fue tremendo! Era un símbolo del vínculo con mis hijas y se trataba de cortar ese tipo de lazos. Entonces una dijo que “vale” y la otra dijo que “ni hablar” y volvió a colocar la taza en su sitio. Yo le dije: «pues tú haz lo que quieras, pero yo ya he hecho lo que tenía que hacer».
P: El desapego, entonces, ¿tiene que ver con conseguir una buena salud?
R: Sí, cuando estoy apegada a algo es que tengo miedo de perderlo y si tengo muchos apegos no puedo avanzar. Con mi libro “La mafia médica” todo se fue: el título de médica, la profesión… Cada uno tenemos cargas y apegos distintos.

Fuente: balorum.wordpress.com

CUANDO LAS ALMAS SE RECONOCEN

LA RELACIÓN DE LAS ALMAS

Resultado de imagen de reencuentro de almas gemelasEn la vida y al largo de nuestra existencia se dan numerosos procesos evolutivos, unos conscientes y otros inconscientes, todo depende de nuestro estado de consciencia.

Uno de estos procesos es el reencuentro de almas, que en un pasado cercano o lejano ya estuvieron unidas y que de nuevo el Universo necesita que así sea para dar el salto final a éstas o a una de ellas, así como para implantar en la vida las semillas de luz y esperanza para el bien de la humanidad, procedentes éstas de la unión y amor entre ambas almas; no hay otra forma de que esto sea posible.

Se trata de una fuerte conexión de Ser a Ser, de Alma a Alma, de Corazón a Corazón, y la mejor manera de prepararnos para ello es tener consciencia universal, dejarte fluir con confianza, y sobre todo cuando una de las dos almas está más dormida, pues es el confiar en la otra y dejarte guiar por ese Ser especial que ha llegado a tu vida.

Normalmente casi siempre se dan estos casos, en los que una de las dos almas está más dormida y necesita de la otra para terminar de despertar, y así comenzar las dos juntas con su misión universal que les fue otorgada antes de su venida a esta vida, y con la que ambos se comprometieron como seres de luz con cuerpo físico, por el bien de la humanidad.

Estas relaciones álmicas son excelentes, son grandes regalos del universo, son relaciones en las que ambas partes se unifican para formar un solo Ser, aunque eso sí, sin perder libertad, ni individualidad.

Estas relaciones hacen despertar todos nuestros sentidos, nos ayudan a despertar y reconocer nuestras capacidades y cualidades innatas, nos ayudan a ser dueños de nuestra vida y de nuestra verdadera identidad, somos responsables de nuestra felicidad, nos colman de amor y bienaventuranzas; son relaciones muy especiales que aunque al principio cuesten un poco por todo el proceso alquímico interno que se produce entre ambas almas desde el momento que se reencuentran y se unen, y que a veces ninguna de las dos son conscientes de ello, pero que pasado este tiempo alquímico aparece el equilibrio, la armonía, pasión, plenitud, belleza, perfección, la “iluminación”.

Hay veces que estas relaciones no se dan por motivos personales o familiares, ya que nos dejamos arrastrar más por la opinión de los familiares que actúan muchas veces de forma egoísta, y otras veces por nuestra mente y emociones que nos hace dudar, desconfiar ante la belleza y el amor correspondido, nos pone en un estado de comodidad y pasividad, y se va dejando pasar el tiempo, mientras en el otro plano están esperando nuestra actuación para el bien universal.

El universo como siempre respeta la opinión que tomemos y no fuerza situaciones pues se guía por la ley del libre albedrío, y esperará pacientemente durante toda la vida, incluso hasta otra ocasión en que pueda repetirse este reencuentro si en este no se da.

Estas parejas álmicas son unos mágicos espejos en el que uno puede verse en el otro, siendo esta una visión interior de nuestra propia sabiduría, espiritualidad y evolución, y donde podemos ver todas nuestras cualidades-incluso aquellas ocultas y olvidadas por desprecio o desvalorización propia o de terceras personas-, también podemos ver nuestras luces y sombras (si es que se ha adquirido alguna al coger un cuerpo físico) para seguir perfeccionándonos con la ayuda del otro.

Estas parejas pasan por un proceso que lleva su tiempo, debido a la alquimia interior que se desarrolla en ellas, para poder reconocerse ambas almas mutuamente.

El fundamento de estas relaciones es estar presente y consciente para sí mismo y para el otro, por lo que a través de la meditación nos conectamos con lo más profundo de nuestro Ser y del otro, y a su vez con lo más sutil y amoroso del Universo, alimentándonos desde el interior.

En estas parejas cada uno tiene su camino en la vida y cumple su misión, aunque ambos se acompañen en el recorrido ya que el objetivo es el mismo, y uno complementa al otro, pero cada uno actuando desde sí.

Ambos se encuentran conectados con la esencia y magia de la vida, ambos están inmersos en la plenitud y el bienestar, ambos están llenos de amor y respeto, y ambos participan de un mismo objetivo, que es el que ha sido trazado por el Universo para ellos de forma especial y que nadie más puede cumplirlo, tan sólo esta pareja unida en amor.

En ambos tras la fusión alquímica, comienza un gran despertar interior, una magnífica evolución personal, despierta todo el potencial de sabiduría guardado en el interior, se desarrolla la creatividad porque así es la vida, hay compromiso entre ambos, y entre ambos con la vida, la espiritualidad, con la existencia de todo y todos, incluso de los planos superiores.

Son estas relaciones en las que reina la intimidad, sinceridad, verdad, complicidad, transparencia, respeto, y comunicación, siendo ésta muy importante ya que el alma va a nutrirse de la comunicación que haya entre ambas partes, incluso de la comunicación silenciosa de la mirada o de un abrazo.

Estas comunicaciones son para ayudarnos a seguir mejorando y evolucionando, por lo que también hay que expresar con consciencia aquellos aspectos negativos a trabajar para que con la ayuda de la otra parte y de la alquimia divina sea todo ello transformado en el opuesto de forma positiva, es decir, expresar los propios temores, dudas, miedos, traumas, dolor, necesidades, deseos, pensamientos, fantasías, etc.

Este hecho de “desnudarse” desde el corazón hará sacar del interior residuos que puede que lleven mucho tiempo ahí y que ya es hora de eliminar, hará también derribar barreras negativas impuestas por nosotros mismos como mecanismo de defensa ante el ataque e incomprensión de los demás, y en definitiva todo esto nos ayudará a conectar con nuestra propia autenticidad.

Además de la alquimia de las almas, también hay una alquimia de la propia relación, ya que en dicha integración-fusión de ambas personas, nace una co-evolución, y esta desarrolla la semilla de la “iluminación” que germinará el matrimonio sagrado en el que la pareja seguirá con plena consciencia su camino de conocimiento, exploración, transformación y descubrimiento del otro, un vínculo éste que se renueva constantemente, ya que de él sin hacer nada más, esta pareja está ayudando a la humanidad, a través de toda esa luz-energía-información que se expande en forma de ondas por el espacio, y que llega a todo y a todos, en cualquier parte del Universo.

Estas parejas álmicas están basadas en la amistad, amor, pasión, admiración, sencillez, sinceridad, verdad y vínculo por el bien común.

Pero también la sensualidad y erotismo forma parte de estas parejas, ya que el placer refuerza estos vínculos de pareja, en cada beso, abrazo…

En toda relación, ya sea álmica o no lo sea, debe de haber una valoración recíproca, comunicación, mucha comunicación.

El dar con una relación álmica es un gran regalo, se dan cualidades positivas y reina la felicidad.

Fuente: instantesdelpresente.com

LAS PRIMERAS 7 DIMENSIONES DE LA OCTAVA VIBRACIONAL

Las dimensiones son los diferentes estados de conciencia, estados de la existencia que experimentamos durante el camino hacia el Ser Único. Son los pasos evolutivos que el Ser decidió experimentar para regresar a la Fuente Divina.
Todos los niveles dimensionales se encuentran en el aquí y el ahora. La diferencia es la longitud de su onda (frecuencia). Las dimensiones son frecuencias, dentro de la cual vibramos. Son algo parecido a las ondas de radio, son sus frecuencias.
 
Existen 7 dimensiones preceptúales, que van a la octava dimensional, donde se encuentra la Tierra en estos momentos.
Igualmente, existen otras dimensiones, que corresponden a otras octavas vibratorias, que se encuentran actualmente fuera de nuestra comprensión humana.
Cada dimensión está regida por un conjunto de leyes y principios específicos, para funcionar en sintonía con la frecuencia de esa vibración.
Cambiar de dimensión significa expandir nuestra conciencia (expandir nuestra forma de percibir la realidad).
Ahora nos encontramos pasando a una realidad más energética. Se parece más al mundo de los sueños y la imaginación.
Los seres humanos trascendidos, pueden permanecer en varios estados o niveles de conciencia, en forma simultánea, pues todos somos seres multidimensionales. Ellos lo saben conscientemente, y lo utilizan, con una labor de servicio, para ayudar a trascender a otros seres.
 

 

LAS 7 DIMENSIONES
 
1. PRIMERA DIMENSIÓN: MICROCOSMOS MONÁDICO

Se sabe por ley de correspondencia (“como es arriba es abajo”) que cada unidad fractal es el reflejo de un todo. Cada dimensión es un espejo de la dimensión superior. El microcosmos refleja el macrocosmos y viceversa.
En la primera dimensión se encuentran pequeñísimas e imperceptibles unidades substanciales energéticas llamadas mónadas, éstas son como átomos pero de carácter metafísico que contienen dentro la información codificada de todo el cosmos.
Vibran a una frecuencia muy sutil, y a través de éstas, la conciencia universal (Dios) crea los distintos mundos.
A nivel material, ésta dimensión es descrita como un campo cuántico que transforma la energía en materia; esta dimensión es la matriz de la existencia, por lo que está conectada con la séptima dimensión de forma cíclica.
 
La Primera Dimensión es la encargada de transformar la energía en materia. Es la frecuencia básica de los átomos y las moléculas, por lo tanto, es la energía del microcosmos. Es la frecuencia vibratoria de activación del ADN.
Maneja un nivel de conciencia elemental, puntual, sabe cómo dirigirse de un punto a otro.
Los minerales y el agua vibran en esta frecuencia. Los minerales son el aspecto cristalino de la misma, y el agua el aspecto líquido de la misma.
Se encuentra también en los fluidos y las corrientes eléctricas del cuerpo humano. Activa el código genético e impulsa energéticamente el sistema celular.
 
Si tomáramos, como metáfora, al ser humano para describir las dimensiones, podríamos decir que la primera dimensión la experimentamos en la etapa pre-fetal; donde somos un conjunto de potencialidades, con un programa de división celular y mantenimiento de funciones.

Todas las dimensiones funcionan a todas las escalas, y las de esta octava, son las mismas en todo el universo.

 

2. SEGUNDA DIMENSIÓN: MUNDO ELEMENTAL

Esta frecuencia vibratoria, corresponde al mundo básico de la fuerza biológica que impulsa la vida, los seres unicelulares, las plantas, los insectos y algunos animales hacen parte de este estado de conciencia bilineal.
Nuestras células son un micro-reflejo de nosotros mismos, por lo que poseen su propia conciencia pero inconsciente de sí misma, sincronizada con el ritmo de la segunda dimensión, ellas funcionan en conjunto pero de modo predeterminado, ayudando a que se desarrolle la biología interna.
Del mismo modo, muchos animales actúan por “instinto” aunque posean lo que podríamos denominar una infraconsciencia, una mente que hasta ahora está empezando a madurar.
En esta dimensión la conciencia es grupal, es decir, que varios seres tienen la misma conciencia que los dirige, de modo automático, para que evolucionen como un conjunto. Las bandadas de aves que migran, por ejemplo, trabajan simultáneamente al unísono como si fueran todas ellas una sola mente. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con los enjambres de abejas, las colonias de hormigas e incluso las células y otras entidades microscópicas similares, trabajan como si fueran uno.
 
La Segunda Dimensión es la frecuencia donde existen la mayoría de los animales y las plantas. Es también física e impulsa la identidad biológica. Es la vibración que mantiene la unión entre las especies. Lo que se ha llamado el inconsciente colectivo de las especies. Es la forma en cómo se reconocen los animales de una misma especie, para cumplir con sus funciones reproductoras.
No posee diferenciación individual, ni auto-reconocimiento.
En este nivel de conciencia, no hay referencia temporal/espacial. La conciencia es lineal y bidimensional.
A nivel geométrico, se corresponde con las formas planas como el círculo, el cuadrado, etc.
 
Es la responsable de la variedad biológica y de todas las energías que se encargan de propiciarla; como las fuerzas elementales de la naturaleza.
Podemos tomar como ejemplo, las bandadas de pájaros, que actúan coordinadamente como un todo. También los bancos de peces. Ambos han sido objeto de estudio, y se ha comprobado que actúan como un cuerpo consciente, donde cada uno de los miembros, mantiene una distancia matemática entre ellos, y solamente rompen la formación cuando son atacados.
Dentro de este campo vibracional de segunda dimensión se encuentran además las fuerzas energéticas que rigen los cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter), prácticamente éste es el mundo que rige el curso de la naturaleza y la evolución estableciendo las bases fundamentales de la tercera dimensión.
 
Siguiendo la metáfora del ser humano, la segunda dimensión se podría comparar con la etapa fetal. Flotamos siendo uno con el entorno, en un estado de no ego, y sin referencia temporal/espacial.
 

 

3. TERCERA DIMENSIÓN: MATRIX. EL MUNDO FÍSICO

Cuando una conciencia ha desarrollado una percepción acerca de sí misma, entonces ocurre una individualización del ser, creando una personalidad o “ego”.
En ese momento el individuo pasa al tercer estado de conciencia que corresponde a la frecuencia vibratoria del mundo material.
La tercera dimensión es el mundo en el que habitamos los seres humanos, es la más fundamental debido a que casi todo el aprendizaje sobre la existencia lo adquirimos aquí a través de nuestras experiencias personales.
De hecho, el mundo físico podría considerarse el primer nivel existencial (en varias corrientes esotéricas se le denomina la primera dimensión), pues además de ser el más denso energéticamente por cantidad de vibración condensada en materia, es la morada del ser auto-consciente, aquél que posee una identidad y una percepción acerca del mundo que lo rodea.
 
Realmente, el camino evolutivo/espiritual comienza aquí, en este plano; cada alma es puesta a prueba en un largo camino que llamamos “vida”. Durante este trayecto, la conciencia desempeña un papel determinado en un juego virtual.
La tercera dimensión es un universo holográfico, tal como lo describe la teoría de los físicos Gerard ‘t Hofft y Leonard Suskind.
Los científicos David Bohm y Karl Pibran también postularon la idea de que nuestro universo funciona como un holograma basado en descubrimientos de la mecánica cuántica.
Dentro de esta realidad virtual, nos enfrentamos a una serie de retos, obstáculos para ayudar a despertar la conciencia y recordar quiénes somos y de dónde venimos.
 
Si bien la vida parece ser a veces demasiado dura y cruel, ten en cuenta que el sufrimiento es de cierto modo necesario para que el ser humano desarrolle su fuerza interior y valore lo realmente importante en la vida.
 
Las experiencias amargas que tenemos son parte de nuestro proceso evolutivo, todo va de acuerdo al plan del creador, así que, no todo es tan malo como parece. Después de todo, la tercera dimensión que tantos problemas nos acarrea, no es más que un espejismo, lo que debemos hacer es aprender a ver más allá de esa ilusión.
 
La Tercera Dimensión es la frecuencia donde existimos los seres humanos. También es física, y el tipo de conciencia es volumétrica y tridimensional.
A nivel geométrico, se perciben formas como la esfera, el cubo y los sólidos platónicos.
Hay una percepción lineal del tiempo y el espacio, con la capacidad de recordar el pasado, y proyectar el futuro, estando en el presente.
Se basa en la polaridad y la ilusión de separación, en el desarrollo de la identidad individual, y la pérdida del sentido grupal.
Ésta es la frecuencia donde nos hacemos conscientes de nosotros mismos, desarrollamos el ego y creemos que estamos separados del Todo. Es en esta dimensión donde nos percibimos más separados del Todo, que en ninguna otra, por lo tanto, es aquí donde al Ser Único se le presentan más retos de integración y crecimiento.
En el ser humano, comienza a partir del segundo año de vida, cuando el niño empieza a diferenciarse del entorno como individuo, a expresar sus deseos, a formar su ego.
Es una etapa de aprendizaje muy importante, donde comienza la fragmentación.
En tercera dimensión experimentamos un proceso de división del Ser. Es parte del trabajo de evolución, el recoger y juntar todas las partes.
 

 

El Apocalipsis Cuántico y El Universo Holográfico
 

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Los Secretos de la Matrix. Realidad ilusoria:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=x6yaZ6WKmbI?feature=player_embedded]


 
4. CUARTA DIMENSIÓN: PLANO ASTRAL
 
Cuando una persona fallece, su conciencia se traslada a la cuarta dimensión, cruzando “una luz que se encuentra al final de un túnel”. Este umbral ha sido descrito por millones de personas que han sufrido encuentros cercanos con la muerte.
El “más allá”, como muchos lo conocen, corresponde a un mundo paralelo denominado “plano astral”.
Dicho plano se encuentra dividido en dos zonas principales:
– El “bajo astral”. Es donde habitan los seres de muy baja vibración: las entidades oscuras, los demonios, espíritus malignos, etc. También llamado inframundo o infierno por la cultura popular.
– El “alto astral”. Es donde habitan los seres de vibración elevada; como las almas despiertas, los elementales o espíritus de la naturaleza (duendes, hadas, gnomos, salamandras, ninfas, etc.), los guardianes guía (espíritus benevolentes que ayudan en la evolución espiritual), y en algunos casos hasta ángeles y extraterrestres.
 
Para la gente que es escéptica, todo esto le parecerá increíble, pero de hecho hay una forma de comprobar la existencia de todo lo anterior escrito.
El plano astral es de fácil acceso puesto que limita seguidamente con nuestra dimensión 3D. Para los que deseen conocerlo, solo deben estudiar una práctica llamada “desdoblamiento astral”.
 
Dentro de esta 4D también se halla el llamado “mundo onírico” o de los sueños.
La mayoría de las veces que sueñas (más de un 80%) estás en realidad visitando el plano astral. Cuando nuestro cuerpo se queda dormido, el alma realiza un desdoblamiento involuntario, saliéndose del cuerpo y viajando al plano astral (la cuarta dimensión), pues es una frecuencia vibratoria donde la conciencia navega libre de cadenas.
Aquí también se encuentra la memoria de la matrix – conocida como los “registros akáshicos – donde se guardan el pasado, presente y futuro del cosmos. Accediendo a esta memoria podemos navegar por la mente del holográfico y conocer los profundos misterios de las esferas metafísicas.
 

 

La Cuarta Dimensión es un pasaje a la quinta dimensión. Es la frecuencia en la que comenzamos a tener conciencia de que no sólo somos un cuerpo físico, y comenzamos a percibir más allá de los sentidos físicos. Los llamados “deja vú” y la sincronicidad, comienzan a hacerse repetitivos y generalizados. Nos damos cuenta de que a muchas personas les ocurre lo mismo. Empezamos a percibir muchos cambios, tanto dentro como fuera de nosotros. Existe una inclinación a “saber”, a tener conocimientos sobre lo espiritual, más que lo religioso, a buscar más información para saber diferenciarlos.

Se siente un llamado, de nuestro Ser Interior, a la necesidad de estar con nosotros mismos. El auto-análisis y el auto-descubrimiento están presentes en este pasaje de la cuarta dimensión.
También nos damos cuenta del cambio que se está produciendo fuera de nosotros; vemos que el clima cambia constantemente, ya no permanece en estaciones, como antes, las horas del día se hacen más cortas, el tiempo ya no nos alcanza para hacer las cosas que hacíamos antes.

En esta dimensión, percibimos el tiempo en décadas cíclicas o en forma de espiral.
Existe un campo cuántico donde se presentan simultáneamente todas las posibilidades y alternativas.
Es la frecuencia de la sincronicidad absoluta, la empatía y la telepatía. Es la última dimensión donde experimentamos con el cuerpo físico, compuesto de carbono 14, como vehículo de aprendizaje.
En esta frecuencia, percibimos la multidimensionalidad, y nos damos cuenta de nuestra responsabilidad, al hacernos conscientes que cada una de nuestras acciones, afecta al Todo.
 
A nivel humano, tenemos la necesidad de compartir con grupos, revisar nuestras relaciones, buscar sanación y crecimiento con terapias. También es la causa del desmoronamiento de estructuras físicas, económicas y políticas, establecidas desde hace mucho tiempo y que ya no se corresponden con esta nueva vibración. Y cada vez vamos a ver y experimentar más cambios en todos los niveles de aquello que no se corresponda con la nueva energía.
El cambio dimensional es a todas las escalas, no sólo lo estamos experimentando los seres humanos, sino también la Madre Tierra y a una escala mayor, toda la galaxia.
El cambio dimensional no sucede de un día para otro, sino por capas paulatinas de conciencia.
Aceptar la conciencia de la cuarta dimensión, es lo que se llama el salto cuántico, y es el paso más difícil del cambio dimensional, ya que éste implica un profundo cambio de creencias.
 

 

5. QUINTA DIMENSIÓN: LA ETERNIDAD
 

La Quinta Dimensión es el portal hacia la Conciencia Crística. La Conciencia Crística es aquella conciencia colectiva que se reconoce a sí misma como unidad.
Es la frecuencia de la sabiduría y es totalmente pura energía. Es donde se encuentran los Maestros Ascendidos y los espíritus guías.

En 5D experimentamos el fundirnos con el grupo de espíritus ascendidos, a cual pertenecemos vibracionalmente, y al Ser Superior o Multidimensional.
Es la dimensión donde recordamos quiénes somos, y despertamos nuestra sabiduría interna.
Es en esta dimensión donde se experimenta la conciencia grupal que forma un solo Ser de mayores dimensiones. Es una frecuencia energética, no física. El tiempo es un continuo, solo existe el eterno ahora.
Muchos de los seres que están en 5D, al contactarse con su sabiduría, escogen ser los guías espirituales de los que estamos en la dimensión física, como parte de su servicio en el proceso de evolución.
Muchos de los seres canalizadores, hoy en día, están en 5D.
Como es una dimensión de luz, percibimos holográficamente y en formas lumínicas de una gran intensidad.
Aquí el mundo ilusorio de la materia desaparece para concebir una frecuencia vibracional que es pura energía.
Dentro de este mundo, la conciencia individual se fusiona con los diferentes grupos de almas que poseen el mismo nivel vibratorio, formando un solo espíritu.
En la quinta dimensión, también se encuentran los seres de luz que guían a los hombres en su desarrollo espiritual (aquellos denominados ángeles).
Es un mundo donde se cultivan las verdaderas almas libres navegando en un océano infinito que está más allá del tiempo y el espacio. Por eso se le llama la eternidad.
 
La diferencia entre Quinta y Sexta Dimensión, así como entre Sexta y Séptima, no es tan evidente como la de Tercera y Cuarta. A partir de la Quinta, las dimensiones se encuentran solapadas, o fundidas, y sus fronteras son difusas. Esto es debido a que estamos hablando de energía, no de materia.
 

 

6. SEXTA DIMENSIÓN: LA MATRIZ SAGRADA
 
La Sexta Dimensión es la que se llama Crística o Búdica, porque es aquí donde se llega al estado de remembranza total. Donde se toma responsabilidad por el Todo y se es el Todo.
Es conocida, por los místicos, como la verdadera realidad, los budistas le llaman “nirvana” y los cristianos “el cielo”.
Es un estado de conciencia compasiva, el estado de Iluminación.
Es el regreso a Casa, al Ser Único.
En 6D, el proceso de evolución del Ser y el Todo, se experimentan como Uno. Es el lugar de la conciencia ilimitada y unificada. Esta conciencia se manifiesta como individual y colectiva, simultáneamente.

La 6D es la creadora de las matrices morfogénicas que se manifiestan en otras dimensiones, como tercera, segunda y primera.

Estas matrices son las formas geométricas y las redes que llamamos Geometría Sagrada. Son los patrones geométricos de luz, creadores de vida y responsables de su materialización. Aquí es donde se materializan de inmediato los pensamientos. Aquí no existe maldad, por eso los pensamientos siempre son positivos. Se materializan solo energías positivas.
Aquí yace la conciencia iluminada y la matriz numerológica en forma de sabiduría, como si se tratara de una gran biblioteca, que está ubicada a un paso de Dios.
 

 

7. SÉPTIMA DIMENSIÓN: LA MORADA DE DIOS
 
La Séptima Dimensión es la frecuencia de la integración total. Ya no quedan partes dispersas. La conciencia se experimenta multidimensionalmente, es decir, se tiene conocimiento de las partes que alguna vez estuvieron desmembradas en el pasado, con una nueva perspectiva de integración.
Aquí se encuentran los Seres que están en la energía del Amor, y son puro amor.
Es una dimensión energética donde el cuerpo espiritual se sobrepone al cuerpo físico. Es la dimensión de conciencias de luz pura, en donde, la muerte, como la hemos experimentado a través de todas las desencarnaciones que hemos tenido, deja de existir, pues la función que cumplía, ya no será más.
La fuente divina de toda la existencia cósmica. Aunque algunos aseguran que tal vez existan 8, 9, 10, 11 y hasta 13 dimensiones, se sabe que en hay un punto de frecuencia vibracional donde la conciencia deja de percibir los diferentes mundos como separados, para integrarse con el “Uno” o lo que llaman los hinduistas el “Brahma” o “Atman”, el alma, la mente y el cuerpo del cosmos.
 
En el último estado de conciencia mora el Espíritu Supremo que creó el absoluto. Aquellas almas puras que han podido contemplar algunos destellos de esta inexplicable dimensión, afirman que se trata de la Morada de Dios.
 
“Las realidades de otras dimensiones y de otros niveles no estan fuera del alcanze del ser humano; al contrario están dentro de él, son parte de su vida, pues todo lo que existe es conciencia”
 

 

 

Fuentes:
Anny Coloma